14 junio, 2021

MUCHOS TOREROS VIERON TRUNCADA SU CARRERA A CAUSA DE LA GUERRA CIVIL, OTROS ABANDONARON LOS RUEDOS POR LA POLITICA.

Cuando estalló la guerra civil Rafael Gómez El Gallo se encontraba en Madrid y anduvo por la ciudad cerca de mes y medio sin darse cuenta del conflicto que acababa de estallar en su país. Su sobrino José Ignacio Sánchez Mejías contaba años después de la muerte de El Gallo, que su tío Rafael se enteró de la guerra de España seis semanas después de que esta comenzase.

Cuando estalló la guerra civil Rafael Gómez El Gallo se encontraba en Madrid y anduvo por la ciudad cerca de mes y medio sin darse cuenta del conflicto que acababa de estallar en su país. Su sobrino José Ignacio Sánchez Mejías contaba años después de la muerte de El Gallo, que su tío Rafael se enteró de la guerra de España seis semanas después de que esta comenzase. El 18 de julio le sorprendió en la pensión de la Carrera de San Jerónimo donde siempre se hospedaba, regentada por Serrano su mozo de estoques, que conociéndolo no le dijo nada de la guerra y le comentó al principio que había en Madrid una huelga con manifestaciones obreras, que incluso había tiros por las calles, razón por la cual El Gallo decidió meterse en la cama (su máxima afición) de donde tan sólo se levantó algún tiempo después en vista de que persistía el paro revolucionario. Su falta de voluntad no tenía medida, y así, a la espera de que se arreglaran los conflictos, aguantó recogido y acostado en su modesta casa de huéspedes los últimos calores del verano. El 30 de agosto los miembros de su cuadrilla fueron a por él a la pensión para que actuara en Las Ventas en un Festival Benéfico para las Milicias de la República. Al bajar a la calle y pisar la acera le dijo a uno de sus banderilleros: “Oye niño, ¿qu’es lo que pasa hoy aquí que hay tanto sordao en la calle?”…
No se había enterado de nada de lo que estaba ocurriendo en España.
En Madrid pasó el trienio del conflicto lejos de Sevilla y de su familia (sus hermanas y sus sobrinos), por suerte nadie se metió con él porque era respetado y querido en ambos bandos. Toreó tres veces en estos tres años dentro de la zona republicana, y a la postre serían sus últimas actuaciones vestido de luces. Durante su largo cautiverio en la capital vivió condenado a la soledad, paliada sólo en ocasiones por la amistad de los “Caracoles” (padre e hijo) que iban a menudo a visitarlo. En abril de 1939 pudo regresar por fin a Sevilla, donde tras ser recibido con los brazos abiertos, pudo rehacer su vida, pero ya lejos de los ruedos.
JUANITA CRUZ.
Distinta suerte corrió la madrileña Juanita Cruz que se encontraba en la cima de su carrera en España, a punto de tomar la alternativa como matadora de toros. Al comenzar la Guerra Civil y ante tantos problemas políticos Juanita se marcha a Venezuela buscando aires mas tranquilos. Allí siguió cosechando grandes y numerosos triunfos. Pasó a Colombia y Perú. Le llovían los contratos. Era tal su éxito que cobraba el 30 % de la entrada bruta en taquillas. Fíjense que nivel profesional y consideración tenía que el 13 de marzo de 1938 el empresario de la Plaza de Caracas pretendía formar cartel con un mano a mano entre Domingo Ortega y Juanita Cruz. Domingo Ortega se tomó la oferta a broma y el empresario le dijo: “Pues siento mucho que no quieras torear con ella, pero a mí la que me interesa que toree es Juanita Cruz más que tú”. Aquel día Juanita cortó 3 orejas y se convirtió en un auténtico ídolo de la afición hispanoamericana.
De ahí pasó a conquistar México, donde iba a encontrar los mismos prejuicios y zancadillas que había encontrado años antes en España, pero venció todos estos inconvenientes llegándosele a llamar con los sobrenombres de: “El Veneno de Pardiñas”, “La Reina del Toreo” y “Juanita Terremoto”. Tomó la alternativa en la Plaza de Fresnillo en Zacatecas, el Domingo de Resurrección, un 17 de marzo de 1940, de la mano del torero mexicano Heriberto García, con ganado de Cerro Viejo. Aquel histórico día cortó cuatro orejas a sus enemigos.
En 1940 intentó volver a España, apenas acabada la guerra, pero ya pesaba aquí la prohibición del toreo para las mujeres, y no sólo eso, sino que se estableció una censura en todos los medios de comunicación para que no se hablara ni comentara nada que se refiriera a los éxitos de Juanita Cruz en América. Al parecer el sindicato de los toreros de España corrió la voz de que Juanita era “roja”, con lo que le echaron una losa de mármol sobre su nombre en su país para siempre. Por tanto Juanita se quedó en América hasta 1946, aunque antes estuvo en Francia una temporada donde toreó sus últimas corridas. El 9 de diciembre de 1948 se casó con su apoderado Rafael García Antón en Madrid. En la década de los 60 volvió a su Madrid natal y nunca faltó a ninguna de las corridas de la feria de San Isidro, donde junto a su marido tenían sus abonos. Murió durante la Feria de San Isidro de 1981, el 18 de mayo. Su tumba, en el cementerio de La Almudena, es un mausoleo dedicado a ella obra del escultor Luis Sanguino y se ve a Juanita a tamaño natural brindando con la mano derecha y la muleta a la izquierda. En el pedestal lleva la siguiente inscripción: “A pesar del daño que me hicieron en mi patria… los responsables de la mediocridad del toreo de 1940 a 1950, brindo por España”.
JOAQUIN MIRANDA.
Un caso distinto fue el del novillero sevillano Joaquín Miranda que entre los años 1938 a 1944, desempeñó el cargo de Gobernador Civil en la provincia de Huelva. Joaquín Miranda González, no llegó a matador de toros por mediocre y fue conocido en su profesión como subalterna y peón de confianza de varios espadas punteros en esos años. Miranda era sevillano nacido en Triana en 1894. Tras varios años como novillero pasó a ser banderillero de “Maera”, “Algabeño” y Marcial Lalanda. Abandonó los toros al casarse y tener que ocuparse de los negocios de construcción de su suegro, hombre rico y hacendado. Se afilió a Falange Española y organiza la central Nacional-Sindicalista de Sevilla. Estaba en la cárcel por motivos políticos cuando el Alzamiento militar del 18 de julio. El general Queipo de Llano tras tomar Sevilla, lo sacó de la cárcel para que se ocupara de las Milicias de la Falange en Andalucía occidental. El antiguo novillero llegó a alcanzar un gran predicamento político en estos años en la zona nacional, tanto que hasta el mismísimo Franco le mandó llamar a Salamanca en marzo de 1937 para intervenir en la Unificación, nombrándolo Consejero Nacional, antecesor de Raimundo Fernández Cuesta como Secretario General del Movimiento. En 1930 le nombran Gobernador Civil de la provincia de Huelva.
MELCHOR RODRIGUEZ O EL “ANGEL ROJO”.
Melchor Rodríguez fue un torero sevillano nacido en Triana que, aunque la buscó, no tuvo mucha suerte como torero. Su infancia fue difícil porque su familia no tenia posibles. Quedó huérfano de padre siendo aun un niño, al morir aquel en un accidente en los muelles del Guadalquivir. Su madre, costurera y cigarrera, tuvo que ocuparse sola, a partir de entonces, de sacar adelante a Melchor y a sus dos hermanos. Melchor Rodríguez estudió en la escuela del asilo hasta la edad de trece años. A partir de entonces, acuciada su familia por una pobreza extrema, comenzó a trabajar como calderero en un taller de Sevilla. Ya en su adolescencia intentó labrarse camino en el mundo del toreo y abandonó su casa para recorrer diversas ferias y capeas con mejor o peor suerte. José Mª Cossío en su enciclopedia “Los Toros”, hace una referencia a Melchor Rodríguez, por haber combinado el toreo con la política. Melchor toreó en Sanlúcar de Barrameda en 1913 y posteriormente en plazas cada vez más importantes hasta llegar a la de Madrid. Allí sufrió una grave cogida en Agosto de 1918, retirándose en 1920 tras algunas corridas en Viso, Salamanca y Sevilla. Finalizada su aventura taurina Melchor se trasladó a Madrid, donde comenzó a trabajar como chapista en 1921. Pronto se sintió atraído por los movimientos de lucha obrera de la capital, y se afilió a la Agrupación Anarquista de la Región Centro inmediatamente después de su fundación. Poco después fue nombrado presidente del Sindicato de Carroceros, de corte anarquista, y pasó a militar en las filas de la CNT. Allí comenzó su lucha en favor de los derechos de los reclusos, incluso de aquellos de ideología contraria a la suya, lo que le costó la prisión en innumerables ocasiones durante la monarquía y la República.
Al estallar la Guerra Civil en 1936 las organizaciones anarquistas cooperaron con el gobierno. El 10 de noviembre, Melchor Rodríguez fue nombrado delegado especial de prisiones de Madrid. Desde este puesto parece ser que intentó detener las sacas de presos de las cárceles de Madrid (traslados de grupos de reclusos que eran posteriormente fusilados en Paracuellos de Jarama y otros lugares cercanos a la capital), aunque ante las distintas presiones e interferencias surgidas para que éstas prosiguiesen dimitió el día 14. Retomó su puesto el día 4 de diciembre tras las protestas del Cuerpo Diplomático y del presidente del Tribunal Supremo, Mariano Gómez. Sin embargo esta vez lo hizo con poderes plenipotenciarios como Delegado General de Prisiones, otorgados por el entonces ministro de Justicia del Gobierno republicano, el anarquista García Oliver. Solo entonces consiguió Melchor Rodríguez detener las matanzas de Paracuellos del Jarama y la situación de terror que los presos vivían en las cárceles. Se enfrentó enconadamente en varias ocasiones con algunos dirigentes comunistas que pretendían seguir con ello, unos enfrentamientos en los que corrió un gran riesgo su vida, según testimonios de numerosos testigos presénciales.
Una de las primeras medidas tomadas por Melchor Rodríguez como delegado de prisiones fue la implantación de una norma según la cual quedaba prohibida sin su autorización personal la salida de presos de las cárceles entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana. Esta orden supuso en buena medida el fin de los “paseos” nocturnos de prisioneros. La expresión era un eufemismo de la época para denominar a los numerosos asesinatos de reclusos que habían sido puestos en libertad poco tiempo antes, lo que solía suceder durante las horas de la noche. Una de las actuaciones más destacadas de Melchor Rodríguez tuvo lugar durante unos disturbios, después de que el Ejército de Franco bombardease el campo de aviación de Alcalá de Henares en diciembre de 1936. Una concentración de protesta, en la que participaban milicianos armados, llegó a la prisión de Alcalá, entrando los cabecillas hasta el despacho del director, donde exigieron la apertura de celdas para linchar a varios presos. Rodríguez acudió a la prisión y se enfrentó a la turba, dando incluso la orden de proporcionar armas a los reclusos en caso de que los asaltantes persistiesen en su empeño. En esta y otras intervenciones similares como en la Cárcel Modelo de Madrid, consiguió impedir personalmente vejaciones o ejecuciones arbitrarias de reclusos, que habían sido práctica común hasta su llegada al cargo. Así salvó in extremis la vida de muchas personas, algunas de las cuales dieron después testimonio de la humanidad de Rodríguez García. Por ejemplo los militares Agustín Muñoz Grandes, Valentín Gallarza y Serrano Suñer, que luego formaría parte de los gobiernos de Franco. También ayudó al médico Mariano Gómez Ulla, a los hermanos Rafael, Cayetano, Ramón y Daniel Luca de Tena, al futbolista Ricardo Zamora y al falangista Rafael Sánchez Mazas entre otros. Todas estas acciones, verdaderamente dignas del espíritu anarquista de los ideales que preconizaba, le valieron para ser conocido por las gentes de la derecha como “El ángel rojo”. A él, se atribuye también la famosa máxima: “Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas”.
Al acabar la guerra civil Melchor Rodríguez fue detenido, juzgado y condenado a la pena de seis años y un día de prisión por sus actividades anarquistas y su actuación en la administración republicana. Contó con testimonios favorables de personalidades de la derecha, particularmente el general Muñoz Grandes que recordaron cómo había defendido la vida de sus rivales políticos, y fue puesto en libertad al cabo de un año y medio. Durante el franquismo, continúo con el activismo y propaganda de los ideales ácratas, participando activamente en la CNT clandestina.
A su muerte en 1972 acudieron al sepelio muchas personas de ideologías enfrentadas; anarquistas y falangistas entre otros. Actualmente, en la madrileña localidad de Alcalá de Henares, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (Ministerio del Interior) inauguró el día 7 de Julio de 2009, un Centro de Inserción Social con su nombre en honor a su persona y como reconocimiento a su labor en favor de la inserción y resocialización de los internos.
(Continua mañana).

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