21 junio, 2021

EDITORIAL DE ANTONIO GIROL… DELIRIO DE UN ABSURDO.

Si la medida de la paciencia se midiera entre los aficionados a los toros, especialmente los que nos tragamos una a una, y sin agua, todas las tardes de San Isidro, ésta sería del tamaño del universo, o sea, infinita.

Si la medida de la paciencia se midiera entre los aficionados a los toros, especialmente los que nos tragamos una a una, y sin agua, todas las tardes de San Isidro, ésta sería del tamaño del universo, o sea, infinita.
Paciencia que iría cosida inexorablemente con el mismo hilo que el de la ilusión. De lo contrario no se entiende que, petardo tras petardo, estemos deseando que el reloj nuevamente marque las siete de la tarde, para plantarnos delante del televisor con el ilusorio deseo de ver una tarde triunfal, a sabiendas de lo improbable de ese sueño.
Y es que nada más ver lo que sale por chiqueros, esa gigantesca mole de carne con dos bieldos, ya te da una idea de por dónde van a ir los tiros. Por la sencilla razón de que ese animal tan fuera de tipo, es improbable que pueda desplazarse con ritmo y cadencia en las telas, y encima colocar la cara y meterla con profusión de querer coger los engaños por abajo.
Es cierto que hay veces en que sí se da ese hecho, yo diría que casi milagroso. Al fin y al cabo por las venas de esos mastodontes no deja de correr sangre de raza brava, a pesar del intento de aniquilación de unos y otros.
De esta feria de San Isidro que hoy echaba el punto y seguido, a la espera de continuar en el renglón de ese remedo llamada del Aniversario, pueden contarse con los dedos de una mano, y quizás algunos sueltos de la otra, los toros que han embestido y han valido para enjaretar una faena. En casi todos los casos se han topado con las manos inexpertas de unos lidiadores que acuden a Madrid ayunos de contratos, lo cual ha imposibilitado aún más el éxito.
Se da la circunstancia que este escaso número de astados coinciden casi en un único encaste, si descontamos los de Núñez del Cuvillo que merecen capítulo aparte por la amplitud de cabezas, y no me estoy refiriendo a la arboladura de sus cuernos, que tienen don Joaquín y su hijo Álvaro en ‘El Grullo’. Ese encaste es el de Atanasio, que ha tenido en los toros de El Puerto de San Lorenzo y Los Bayones ejemplares que conjugaron nobleza, buen juego y presentación óptima para pasar el fielato de la plaza. A ellos habría que sumar los ejemplares de Dolores Aguirre y Cuadri, cuyas sangres conforman encastes propios. Por tanto, un puñado de reses que sí admiten la vara de medir establecida en la capital del reino…del absurdo.
¿Qué ha ocurrido con el resto de vacadas que han acudido a los corrales de Las Ventas? Pues lo previsible. Un fracaso. Existen varios motivos para catalogar de semejante guisa a lo ocurrido. Pero el principal hay que buscarlo en esa disparatada sin razón que se ha apoderado de una plaza secuestrada por un puñado de hooligans que, al ritmo de palmas de tango y pañuelo verde en ristre tienen presa a una afición, a la que incluso zahieren si algún contestatario les intenta parar unos pies cada día más grandes y hediondos.
Es lo que tiene aquello que dijese Juan Belmonte de su banderillero Joaquín Miranda, cuando le preguntaron acerca del puesto de gobernador que tenía este último en Huelva, o sea, degenerar. Porque está bien que en los setenta, cuando Madrid iba camino de convertirse en una plaza menor, hubiese un grupo de aficionados que luchasen por mantener el estatus y la seriedad de primera plaza del mundo, pero de ahí a convertirse en una plaza chabacana, más propia de un campo de fútbol de primera regional, dista un abismo. O lo que es lo mismo, que ese celo setentero se les ha ido de las manos.
Hoy, en la plaza de Madrid reina el desgobierno creado por un puñado de talibanes incapaces de comprender, que en el toro de lidia se dan diferentes clases de sangres. Lo cual estriba en la diferenciación entre un toro de Atanasio, de un toro de “santacoloma”, por ejemplo. Y a la fuerza este último no puede alcanzar el andamiaje y el peso que el primero. Con el consiguiente resultado que cuando lidian ganaderías sacadas por completo de tipo, el resultado sea un completo desastre.
No puede ser de otra manera, ya que muchos de esos criadores de reses bravas han tenido que dejar, independientemente de la nota que tuviesen en la alquimia del tentadero, las vacas más grandes y destartaladas para cubrirlas con el toro más grandullón, alto y fuera de tipo de su ganadería, con objeto de poder entresacar seis o siete toros que pasen el corte de la Villa. De lo contrario tendrán que olvidarse de lidiar en el ruedo de Las Ventas, como le ocurre a muchos ganaderos, léase los hijos de don Bernardino Píriz, que se niegan a pasar por esa mascarada.
Ese resultado desastroso del que les hablo se pudo apreciar perfectamente en la penúltima de feria. Anunciaban en el cartel una de Adolfo. Puro encaste Albaserrada. Los equipos rechazaron más de media corrida porque no daba el peso. ¿Acaso hubiesen dado el peso Baratero o Velador, aquellos dos magníficos astados premiados con la vuelta al ruedo y el indulto, respectivamente en la arena madrileña? El de hoy día, ya les digo que no. Pero, ¿y el juego que dieron aquellos dos toros?, ¿y la de aficionados que crearon con sus embestidas? ¿Es que eso no cuenta? ¿No tiene valor? ¿Acaso es más importante la romana que la raza? Parece que para unos cuantos iluminados así es.
El ganadero de Galapagar, con buen criterio, decidió llevarse sus toros, los aprobados y los ¡suspensos! para ‘Los Alíjares’, su finca cacereña.
Y ahí empieza la locura. ¿Qué ganaderías quedan en el campo bravo de encaste similar que puedan sustituir a la de Adolfo? La de su tío Victorino. Pero éste ya ha dicho que este año no tiene toros para Madrid. Con lo cual es imposible ir hasta Portezuelo a comprar una corrida de urgencias. Queda José Escolar. Y surge otro problema, el ganadero tiene todos sus toros de saca vendidos para otras plazas.
Ante esta tesitura, la empresa opta por traer una de… ¡El Marqués de Domecq!. Algo así como ir a comer paella al mejor restaurante de Valencia y que en su lugar te sirvan un marmitaco. El cambio de ganadería pone en solfa a los del tendido de los desatinos. ¡Normal! Y aquí vuelve a ocurrir lo escrito más arriba, el ganadero trae seis toros que si no fuese por el hierro que llevan impreso a fuego, nadie diría que son suyos.
Viendo la que se armó en la plaza desde el minuto en que el tío del cartelón anunció el nombre de la primera res, su peso, año de nacimiento y nombre de la vacada, una única pregunta me martilleaba el cerebro como si de un martillo pilón se tratase, ¿Qué queréis panda de tarados? Si sois vosotros, con vuestra cortedad mental, con vuestra intransigencia, con vuestra ceguera y vuestro analfabetismo secular los que estáis fomentando esta deriva. Vosotros, que como el perro del hortelano ni coméis ni dejáis comer. Vosotros, que si os traen seis toros de El Marqués fuera de tipo protestáis porque son de Domecq y os habían prometido el cuento del torismo. Vosotros, que si por chiqueros hubiesen salido seis toros del mismo hierro pero con su morfología original, sin el aditamento del gigantismo absurdo, hubieseis protestado de igual modo. Vosotros, que si en lugar del dislate que cometieron los Choperitas yendo hasta Jerez de la Frontera a por estos mulos con cuernos, hubiesen ido hasta Alcalá de los Gazules u Hornachuelos por una de Ana Romero o La Quinta, la hubieseis protestado por chica. Sois vosotros los principales culpables de la locura que cada día tenemos que soportar el resto de aficionados, muchos de los cuales sólo queremos ver, dentro de la rectitud y el respeto que merece el toro, animales que embistan independientemente del peso o los centímetros.
Llegados a este punto sólo queda un camino, si queremos salvar esta fiesta, si queremos reconducir esta deriva que no lleva más camino que acabar con la paciencia de más de uno…y de dos, y facilitar que nazcan nuevos aficionados, la única vereda posible es la de la refundación de los cánones de la fiesta, sobre todo en Madrid. Seriedad sí, pero mezclada con cordura. El toro que admita romana y centímetros, tráigamelo usted. El que tenga otra conformación y esté dentro de su tipo, o lo que es lo mismo en su trapío, ¡que venga, por Dios que venga!. Pero que lo haga tal cual es. Y si no les gustan a los de los sombreros pajeros que se aguanten o se queden en sus casas. Eso, u optar por hacer una feria única y exclusivamente para ellos, donde se mezclen toros de su gusto con búfalos y ciervos.

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