18 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

El sábado por la tarde, hora española, el ruedo venteño se convirtió en un espejo nítido, sin trampas ni falsas imágenes; en quedó reflejada la actualidad taurina de nuestra patria. Evidentemente el rango de ella es de mediocridad.

El sábado por la tarde, hora española, el ruedo venteño se convirtió en un espejo nítido, sin trampas ni falsas imágenes; en quedó reflejada la actualidad taurina de nuestra patria. Evidentemente el rango de ella es de mediocridad. No fue culpa de la falta de valor, de los deseos, las ganas la mentalización, ya que lamentablemente la esperanza y la fe se ven siempre maltratadas y superadas por las realidades.
Se ha dicho, aunque por pocos realistas a los que nos tasan de amargados, que hoy la fiesta brava mexicana no cuenta con un matador de toros de verdadera capacidad internacional.
Las Ventas de Madrid es la catedral taurina del mundo, a sus encementados va gente exigente, que no dispensa ni el pecadillo más pequeño; se trata de la guillotina y la coladera para el resto de la campaña europea. Así como reclama da. Habría que preguntarle al maestro César Rincón los conceptos aquí vertidos en papel. El no convencer a ese público significa fracasar; no queda el asunto en la simpleza que se encierra con oraciones de adulones “periodistas” como: “No tuvo suerte”, “Le salieron toros a contra estilo” o “No se acopló a las embestidas de sus toros”. No, las diligencias erráticas en Madrid repercuten en el planeta entero. Es el valle del edén o las lavas del infierno. Es algo drástico lo que da o quita según lo que sucede en su nimbo.
Las opiniones vertidas en diversas puertas cibernéticas de parte de la mayoría de los aficionados españoles le auguran poco tiempo de estancia en suelos de ese viejo mundo. No solo con deseos y valor se gana en el toreo. Se necesita una lista larga de virtudes que además deben de saberse combinar para sobre ello decodificar las tardes de importancia.
¿Dónde están los que pregonaron que Arturo era la nueva figura del toreo mexicano?.
¿Qué pensarían los aficionados españoles de la fiesta mexicana cuando acabó la corrida?.
Pero… lo más importante ¿Qué pensamos nosotros mismos de nuestro espectáculo taurino?.
A alguien que sinceramente se le aprecia se le hablará con la verdad, así ésta sea dura, rasposa o hiriente; otra desgracia entones tiene Arturo: está rodeado de enemigos, esos que por ganar algún favor insulso de su parte, le han inflamado con adulaciones huecas, traidoras y malsanas. Seguro que no era el mejor momento para que el “Cejas” viajara a España, menos aún iniciando la campaña en manera viceversa. Nunca se puede construir un edificio empezando por el último piso, tampoco se logrará excavar un pozo dando inicio del fondo a la superficie. No es correcto ni lógico emprender la empresa de hacerse valer en España yendo a las plazas de importancia y exigencias severas primero y acabar después en los cosos de segunda. Por lo menos en Arturo no ha funcionado.
A más, este año los aficionados de Las Ventas han estado más escépticos que en ferias anteriores. ¿Por qué?, es algo que pocos lo saben, seguramente existen razones sociológicas, psicológicas y tal vez hasta económicas, sin embargo lo palpable es que para cortar orejas, en su mayoría, los toreros han batallado más que en versiones pasadas. Se trata de Madrid.
Muchos aficionados en Aguascalientes seguimos la transmisión televisiva de la corrida del sábado, segunda y última tarde que fue para el querido paisano. Opiniones de críticos españoles han siso coincidentes con lo que en título personal juzgamos de la actuación de “Arturo” ante su primer toro, un animal noble, escaso de raza pero maleable, apto como para realizar el buen toreo, con estética y fondo, pero ese jamás llegó. Macías, por ese vicio mexicano que no ha podido superar, comenzó a minimizar la distancia y remató por eso ahogando al toro. La distancia correcta y el temple grande se le olvidaron antes de la parte media del trasteo y con él no pasó nada importante. Mientras en el ruedo se veía como pase a pase se diluía la esperanza de una faena trascendente, en los tendidos se escuchaban advertencias como ¡Aquí se viene a torear ¿e?!.
Su segundo fue un toro complejo, el más del buen encierro, y en otra versión se vio a Arturo, ahora hasta desconcertado, costándole un trabajo gigantesco el resolver con solvencia el mal comportamiento del burel. Menos con ese cierraplaza sucedió el milagro.
Ese es el drama de la fiesta mexicana actual. La fórmula para que triunfe realmente casi nadie la sabe, pero para fracasar sí que la vemos clara.
Los empresarios pueden seguir haciendo que giren las temporadas y las ferias alrededor de los nombres de los toreritos caprichosos como señoritas, y no en torno al TORO.
Los “periodistas” pueden continuar escribiendo que México tiene al mejor toro del mundo.
El campo bravo azteca puede seguir alimentando a “Teofilitos”, “Bernalditos”, “Fernanditos” y otros más.
Podemos cambiar, por supuesto, pero deberemos empezar porque a los redondeles primero que nada salga EL TORO. Luego deberemos esperar no se cuantos años para ver resultados.

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