18 junio, 2021

SOLO RECUERDOS Y MÁS RECUERDOS.

BIEN QUE me acuerdo de esas tardes que en el ruedo de la entonces Monumental plaza México, hoy muy devaluado, veíamos torear a dos hermanos en mano a mano, y acompañados por su señor padre, los tres vestidos de luces, este ultimo aunque de iba de plata, pero fácil les pegaba un repaso en elegancia y personalidad.

BIEN QUE me acuerdo de esas tardes que en el ruedo de la entonces Monumental plaza México, hoy muy devaluado, veíamos torear a dos hermanos en mano a mano, y acompañados por su señor padre, los tres vestidos de luces, este ultimo aunque de iba de plata, pero fácil les pegaba un repaso en elegancia y personalidad. Claro que sí, hablo de los hermanos Rodríguez Vela, Emilio y Rafael y su progenitor don Emilio, el mejor puntillero en la historia del toreo universal y orgullosamente mexicano.
ERAN REALES fraternales peleas de “toma y daca”, si se me permite llamarlo así, guerras sin cuartel, si uno pegaba tres chicuelinas el otro instrumentaba cuatro, si Emilio obtenía un apéndice, Rafael quería y buscaba a como diera lugar dos, desde luego que las entradas eran cercanas al lleno.
Y NO era solo esa pareja, había más. Mauro Liceaga y Martín Bolaños también alborotaban la gallera que hacia las mismas entradas, máxime que se les atravesaba de ves en cuando Joel Téllez, “El Silverio”, y eran tardes que el aficionado literalmente abandonaba el coso toreando.
COMO OLVIDAR, sin cronología, a otros novilleros como Javier Maceira, a Abel Flores, “El Papelero”, a Gabino Aguilar, a “Chano” Ramos, a Jorge Rosas, “El Tacuba”, a Antonio Duarte, “El Nayarit”, a Juan Francisco, “El Curro”, Murguía, a Alfonso Ramírez, Claserito”, y posteriormente a su hermano “El Capitán”, de quien se dice ha estructurado la mejor faena en su estatus de novillero, a Efrén Adame, “El Cordobés Mexicano”. Cada uno en su tiempo captó la atención de miles de aficionados, era ese enorme coso surtidor de prospectos a otras plazas que cada ocho días daba novilladas, Guadalajara, Monterrey, Nuevo Laredo, Piedras Negras, Acapulco, Matamoros, Tampico, Ciudad Juárez, Nogales y varias otras que desde luego se animaban a organizarlas ya que al televisar las de la capital del país, se conocían las capacidades de esos entonces muchachos llenos de afición. EL HUECO de espacio y atención que dejaron los novilleros antes mencionados no fue muy largo, aparecieron posteriormente Valente Arellano, Mejía y Ernesto Belmont que también llenaban los cosos, existió con ellos un D´Artagnan al que siento firmemente le cerraron el paso, fue Luís Fernando Sánchez pero eso fue lo de menos, él por su lado “logró logros” que solo lo pararon los problemas fuera de los ruedos y su nombre sin embargo quedó muy en alto.
COMO COSA curiosa. Cierta tarde en la cual la entrada era como las de esos años, de media plaza para arriba, a eso de la lidia del quinto novillo, notamos que casi en estampida se comenzaba a salir el público. Se nos hizo rara esa actitud a los que lo presenciábamos a la distancia, no nos lo explicábamos pero no tardamos en enterarnos, abandonaba la gradería súper escultural Elsa Aguirre y todos querían verla de cerca, con un taco de ojo se conformaban.
CERO COMPARACIONES con lo actual, solo recuerdos de mi juventud, solo eso. Simples añoranzas de esos días en que uno sueña despierto, que todo lo vemos color de rosa y que la luna es un enorme y sabroso queso, si acaso extrañamos esos días de inocencia, la misma que se nos quita el caminar, los tantos pasos que nos ha permitido la vida y nos hace abrir los ojos para darnos cuenta de que…. despierto no se realizan las fantasías como quisiéramos, que la luna no es derivado lácteo y el color de rosa visual se nos cambia seguido por un gris muy triste, muy opaco. Como quiera que sea esto platicado nos dio bases y principios para iniciarnos en este gusto de ver toros. Contradiciendo solo las leyes de la gravedad… ¡Ojos que te vieron ir…!.
LOS VIEJOS siempre extrañaremos nuestra niñez y juventud, se vale, somos de carne y hueso, somos simples humanos y la muestra de ello es que olvidamos muchos nombres de aquellos años, el calendario no pasa nada más porque si, los días dejan huellas buenas y malas, a nosotros nos regaló únicamente situaciones positivas… Nos Vemos.

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