18 septiembre, 2021

LOS CINCO CALIFAS CORDOBESES… HOY RAFAEL MOLINA SÁNCHEZ, “LAGARTIJO”.

Éstos son los cinco Califas del toreo, el honor máximo al que pueden aspirar los toreros nacidos en Córdoba: Este califato no tiene normas ni reglamento, pues fue un calificativo creado por el escritor Mariano de Cavia, con el seudónimo “Sobaquillo”, que dio el nombre de Califa del Toreo a Rafael Molina “Lagartijo”.

Éstos son los cinco Califas del toreo, el honor máximo al que pueden aspirar los toreros nacidos en Córdoba: Este califato no tiene normas ni reglamento, pues fue un calificativo creado por el escritor Mariano de Cavia, con el seudónimo “Sobaquillo”, que dio el nombre de Califa del Toreo a Rafael Molina “Lagartijo”.
“LAGARTIJO”, Rafael Molina Sánchez, “1er CALIFA”. Nació en la calle de los Molinos, 10 en el Barrio del Matadero de Córdoba el 27-11-1841. Su padre era un modesto banderillero llamado Manuel Molina de la Vega “Niño de Dios”. Su madre fue María Sánchez Serrano, de la familia de los “Poleo”, una de las sagas taurinas mas fecundas de Córdoba. Uno de sus tíos maternos era el encargado de los toriles de la plaza de toros de Córdoba. El torero Rafael Molina “Lagartijo Chico” era sobrino suyo.
Desde pequeño conoció el mundo de los toros, habiendo crónicas que indican que ya a la edad de 9 años, el 8 de septiembre de 1851, lidiaba dos becerros en su ciudad natal. Comenzó como banderillero, donde le pusieron el mote de “Lagartijo”, por su estatura y su carácter vivaz. En el año 1862, forma parte de la cuadrilla de los Hermanos Carmona. Hasta el año 1865 se dedica a matar toros como sobresaliente, teniendo como matador a Antonio Carmona, “El Gordito”.
Su formación se nutrió en la de los toreros fundacionales como Cúchares.
Tomó la alternativa el 29 de septiembre de 1865 en Úbeda, siendo el padrino de este evento “El Gordito”, con toros de la Viuda de Ontiveros y confirmando poco después el 15 de octubre de 1865 en Madrid con la presencia de Cayetano Sanz con el toro “Barrigón” de Dª Gala Ortiz.
A partir del año 1875, su toreo se vuelve más artístico, llegando a la cima del toreo, por sus conocimientos de la lidia y su perfección en la suerte final. Esto le llevó a ser conocido en Córdoba como el “Gran Califa”, título honorífico que en la actualidad comparte con otros cuatro matadores cordobeses bajo el nombre de “Califas del Toreo”.
En este período se le adjudican feroces batallas con gran talento artístico, como cuando el 5-10-1879 se enfrentó a un bravísimo y enorme ejemplar de Joaquín del Val llamado “Murciélago”, una batalla feroz que terminó en vítores para ambos. Tras petición mayoritaria, fue indultado regalándoselo a Antonio Miura, para semental y se comenta que este toro posteriormente marcará la ganadería Miura para siempre. Los “coloraos ojo de perdiz” de Miura que se lidian desde entonces, proceden de este toro llamado “Murciélago”. La empresa constructora de coches deportivos Lamborghini rinde homenaje a este toro dándole el nombre a uno de sus modelos.
Durante los siguientes años es el gran torero de la época, aunque comenzando su declive en la mitad de los años 1880, llegando a anunciar su retirada del mundo de los toros el año 1892. Tras la retirada de “Frascuelo” en 1890, mantuvo gran rivalidad con otro cordobés: Rafael Guerra “Guerrita”.
Se casó con Rafaela Romero Renedo de quien no tuvo hijos y de la que enviudó relativamente joven en 1882, viviendo el resto de su vida junto a alguna hermana y sobrinos en su casa de la calle Osario 10. Su carrera fue tan larga como intensa. Estuvo 28 años en la profesión, precedidas de otras 14 de aprendizaje como becerrista, banderillero y medio espada.
Mató 4687 toros en las 1632 corridas que toreó, entre las que 404 tuvieron lugar en Madrid, primero en la plaza de la Puerta de Alcalá y luego a partir de 1875 en la de la Carretera de Aragón. Compitió con Manuel Domínguez y mantuvo una inicial competencia con Antonio Carmona, “Gordito”, del que primero fue banderillero, aunque mayor influencia recibió de Manuel Carmona, hermano de “El Gordo”, cuando actuó a sus órdenes. El hecho de que los grandes le dejaran solo no le significó comodidad, pues los colosos lo fueron hasta el final. Pero la decadencia de “Gordito” y Domínguez, así como la muerte de “Cúchares”, el año 69, y la grave cornada que provocó la amputación de “El Tato” le dejaron prácticamente en solitario, sin que la magistral elegancia del ya veterano Cayetano Sanz le significara una guerra. Sí debió de causarle impresión la templada elegancia del madrileño, pues en el tronco del torero majestuoso, Cayetano fue pionero, siendo “Lagartijo”, en este sentido, su continuador, así como del palo de Rafael nacerían después el sevillano Antonio Fuentes, el mexicano Rodolfo Gaona y, posteriormente el rondeño “Niño de la Palma”. Pero es Rafael Molina, verdadero fundador de la escuela cordobesa. Había absorbido el rigor en la lidia de los chiclaneros y se había empapado del arte largo de “Cúchares”, de tan inmensos registros, y de la descomunal capacidad banderillera de “El Gordito”.
Su competencia con “Frascuelo”, durísima, heroica, se puede decir que quemó su motor y su alma, aunque se retirara después que el granadino. Los aficionados españoles estaban divididos entre “lagartijistas” y “frascuelistas”. Se dice que en aquellos tiempos él y Frascuelo cobraban 5.000 pesetas por corrida. Su influjo fue grande en “Guerrita”, que fue banderillero suyo y su último rival, y en los “Gallo”.
En su carrera tuvo tres etapas claramente diferenciadas: Los primeros 10 años: era un torero valiente, poderoso y estoqueador notable.
Los siguientes 10 años: era un torero completo, perfecto lidiador, rayando lo sublime.
Los últimos 10 años: era hábil pero inseguro, estaba ya en decadencia. Tenía que haberse retirado antes.
Corto pero artístico estoqueador, no mataba a recibir y sus volapiés eran al encuentro; lo de la media lagartijera vino después, en sus años de decadencia, fue ya un muletero importante, también corto, como corresponde a una época en que el centro de la lidia se cifraba aún en el primer tercio y, finalmente, era un larguísimo, templado y quieto capeador.
Era un diestro de elegantísima figura y fue el primero que le dio al toreo una nueva dimensión con su planteamiento estético, basado en la economía de movimientos, la conjunción con el toro y el mando sobre la embestida. Era elegante, toreaba con arte y gusto, estilo armónico, gentil, cordial y tenía mucho porte. Eran famosas sus medias estocadas bautizadas como “medias lagartijeras”.
Se retiró en Madrid el 1-6-1893. Su vida, una vez retirado, y tenía lugar entre la hermosa casa, la ciudad y sus fincas. Una se llamaba “Rabanales”, otra “El Aguilarejo” y la mas preciada era “Córdoba la Vieja”, cercana a la ciudad, donde el cazaba y en la que tenía parte de su ganadería. Con frecuencia visitaba el café “La Perla” en la calle Gondomar, donde departía con sus amigos. Estuvo poco tiempo retirado, ya que el 1 de agosto de 1900 muere.
Es necesario constatar que Rafael Molina Sánchez, no fue sólo un torero ejemplar, figura cumbre del siglo XIX, sino que también como hombre fue generoso, con elevados sentimientos humanitarios que le llevaron a remediar muchas necesidades, pues su corazón estaba abierto para todos aquellos que se acercaban a pedirle una ayuda. De carácter simpático y campechano, pues todo el mundo pretendía conseguir su amistad, a pesar de su rudeza heredada del ambiente en que vivió en la niñez.
Anécdotas:
* Decía: “Que viene el toro, te quitas tú. ¿Qué no te quitas tú?… pues te quita el toro”.
* Cuando su suegro le reclamó la herencia de su hija, con la que había estado casado, dijo: “¡Lo que no méntra a mi en la cabeza es que cuando yo me jugaba la vía ante el toro, mientras ese señor se fumaba un puro en el tendío, fuéramos los dos a medias en la ganancia!”.
* Lagartijo era gran aficionado a la pelea de gallos y un picador suyo tenía un gallo del que no quería desprenderse, entonces en una corrida su subalterno tuvo una caída y Lagartijo le dijo: “O me vendes el gallo o no te hago el quite”.
* Discutían en una ocasión un grupo de aficionados acerca de quien era mejor, si “Lagartijo” o si “Frascuelo”, que eran por aquellos entonces los que mandaban. Entonces le preguntaron a “Lagartijo”: – Rafael, ¿quieres decirnos quien es mejor torero, tú o Salvador?. El Califa no lo pensó mucho y contestó: – “Los dos semos iguales. ¿Solo que a mi me icen er maestro!”.
Charlaba en una ocasión “Lagartijo” acerca de los hombres célebres que había dado Córdoba a la historia. Un amigo de los que formaban la tertulia, le dijo: – “Desengáñate. Rafael, Córdoba no ha dado mas que un par de hombres célebres: tú y Gonzalo de Córdoba”. A lo que repuso, convencido el gran califa:- “¡No estamos de acuerdo, que semos tres! ¿Porque donde te dejas al Gran Capitán?”.
Vale aclarar que a Gonzalo de Córdoba… se le llamaba como “El Gran Capitán”.
Mañana “GUERRITA”, Rafael Guerra Bejarano, “II CALIFA”.

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