27 noviembre, 2021

FERIA DE MÁLAGA DE 2010: BAJO EL IMPERIO DE UN AUSENTE.

Málaga vivirá un nuevo año su gran feria de agosto, que como es clásico tendrá en la plaza de La Malagueta uno de sus puntos de encuentro fundamentales.

Málaga vivirá un nuevo año su gran feria de agosto, que como es clásico tendrá en la plaza de La Malagueta uno de sus puntos de encuentro fundamentales. La Fiesta de los toros es consustancial con nuestro pueblo, España vive el toreo con plenitud, Málaga lo hace con un estilo propio y personal, derivado de la idiosincrasia de su público y de la plaza, que a orillas del Mediterráneo tiene un color y un sonido único. La Malagueta, la Fiesta en Málaga, tiene una personalidad especial.
José Tomás, la ausencia clave.
Sigue la empresa de Fernando Puche al frente de la empresa. Y sigue con sus dos toreros ayudantes en riguroso turno a la hora de confeccionar los carteles. Su balance, hasta ahora, ha tenido una lacra principal: el toro. En ferias pasadas, y desde que en 2007 reapareció, la empresa malagueña jugó la baza de José Tomás como máximo atractivo para el abono. Las circunstancias conocidas impiden que el torero de Galapagar esté anunciado en la cartelería de 2010. El descenso del número de abonados es la consecuencia inmediata, poco agradable para los gerentes y para el propio ciclo taurino. Sin José Tomás es una feria diferente. La empresa ha confeccionado unos carteles desiguales. El conjunto presenta muchos flecos sueltos.
El toro, como siempre.
Se celebrarán nueve corridas de toros, un festejo de rejones y una novillada en este ciclo. Se ha acortado nuevamente la duración de la Feria con buen criterio, aunque se insiste en una corrida nocturna, que es un tipo de festejo que no gusta ni a los aficionados ni a los toreros. Huelga recordar que el toro será clave, como siempre. Es la asignatura pendiente de esta empresa, que desde que la plaza subió a primera categoría no ha encontrado el tipo de astado que debe presentarse en La Malagueta. La empresa debe comprar buenas corridas y la categoría del coso debe ser defendida por la autoridad.
No hay sorpresas en materia ganadera. Es más, de entrada hay motivos para la desconfianza. Se vuelve a insistir en ganaderías de encaste Domecq, algunas de ellas de nombre prestigioso pero de presente lamentable. Así, la presencia de Juan Pedro Domecq, Zalduendo y Jandilla provocan algunas dudas, acrecentadas por la composición de los carteles y los taurinos que intentarán manejar los hilos en los preliminares. Hasta ahora, el año de estas tres divisas no es muy brillante. Lo de Juan Pedro anda bajo mínimos. Zalduendo no ha podido lidiar seis toros en El Puerto, bajo la coacción intensa del apoderado de Cayetano, dueto que se repite en Málaga el martes 17 de agosto.
Más Domecq son la base de Gerardo Ortega, Montealto, Torrealta y Santiago Domecq. Es de procedencia de Murube lo de San Pelayo y San Mateo, propiedad de la familia de Capea, y la presencia curiosa de Rivera de Campocerrado, que también es Domecq, aunque tienen toros de Atanasio. En rejones, Murube como siempre. El panorama no es optimista, aunque debe ser el toro en la plaza quien deje este comentario en mal lugar. Faltan divisas de las llamadas toristas; no se puede decir sin sonrojo que la corrida dura es la de Montealto, y la Feria en materia ganadera no es para tirar cohetes. Se lidiará una novillada de La Plata, que también tiene encaste Domecq.
Los toreros de la Feria.
Seis matadores de toros están contratados para dos tardes. La empresa no ha tenido buen tino. Si hay tres espadas con máximo tirón entre los aficionados en este momento son El Juli, Morante de la Puebla y Manzanares. Esos vienen a una sola tarde y otros muchos duplican sin causa justificada. No es fácil explicar que El Fandi, Castella, Rivera Paquirri, el mismo Ponce o Cayetano hagan doblete y los mencionados sólo actúen en un festejo. Sólo el caso de Miguel Ángel Perera parece justificado por la buena temporada que está realizando.
Es agradable ver a Julio Aparicio, Oliva Soto, Daniel Luque, Talavante, Curro Díaz, Uceda Leal y Salvador Vega. No se entiende qué pintan Manolo Sánchez, César Jiménez o El Cordobés en la feria malagueña.
Podrían haber tenido un hueco José Luís Moreno, Salvador Cortés, El Cid o algún joven como Sergio Aguilar, lo mismo que Mari Paz Vega, que si no torea en su tierra no la pondrán en ninguna parte.
En resumen, una feria basada en cuatro carteles fuertes, los de los días 16, 17, 18 y 21, pero con demasiados huecos mal rellenados de cara al aficionado, porque otra cosa es que estén pensados con la vista puesta en no perder mucho dinero.
Los rejoneadores y los novilleros.
Están los que son, pero no se enfrentan sobre el ruedo. No se puede entender que Hermoso de Mendoza aparezca en un cartel con dos lidiadores a pie en un cartel que, por sistema, no es ni carne ni pescado. Y el culpable es el navarro que no quiere abrir carteles. Dejando a un lado su indiscutible categoría, ya es hora de que Pablo actúe en primer lugar. La gente quiere verlo con Ventura y el joven Leonardo, que es el cartel redondo en materia rejoneadora.
Hay que aplaudir que el ciclo comience con una novillada. También es motivo de alegría la presencia de dos jóvenes malagueños como Jiménez Fortes y la promesa de Adolfo Ramos. Completa el madrileño López Simón, que ya conoce el triunfo en La Malagueta.
Sobre la autoridad y otros detalles.
De nuevo se alternarán dos equipos en el palco. El año pasado cumplieron con discreción, sobre todo el debutante Ildefonso Del Olmo. Deben tener suerte, pero la afición les exige el mayor rigor y seriedad en los corrales y en palco. Se les piden criterios uniformes y exigentes. La condición de plaza de primera debe ser un factor determinante en sus decisiones. No es de recibo que muchos días no se pueda sortear a las doce de la mañana. La autoridad debe obligar a cambiar esta imagen tan repetida en Málaga de los sorteos de milagro a las cuatro de la tarde.
Los trofeos de Málaga deben ser de primera, por tanto los presidentes tienen en sus manos esa posibilidad de darle credibilidad al coso y a los triunfos que se logren en la Feria.
Todo debe ser de primera: el toro, la empresa, la autoridad, la música, los alguacilillos y el público. El llamado respetable debe acudir a la plaza para emocionarse, algo distinto a la diversión, concepto acuñado por algunos críticos insolventes para justificar los desmadres y las tropelías.
Esa condición de plaza de primera es un sello de distinción, pero que debe ganarse día a día para ser de la máxima categoría. Al final, será el toro quien marque el éxito o el fracaso de un ciclo que, pese a los problemas comentados, promete jornadas de la mejor tauromaquia.

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