20 septiembre, 2021

SEXTA NOVILLADA DE LA TEMPORADA DE LA PLAZA DE TOROS ANTONIO VELÁZQUEZ DE ARROYO.

Sábado 21 de agosto del 2010… Gran encierro y dos triunfos de distintos quilates. Novillos: Cuatro de De Haro, bien presentados, bravos en conjunto y además nobles, salvo el último, que pedía el carné. El primero, el segundo y el tercero fueron aplaudidos con fuerza en el arrastre, y al que cerró plaza se le concedió la vuelta al ruedo. Anotaremos también que al que abrió plaza la gente le ovacionó por la estampa desde su salida.

Sábado 21 de agosto del 2010… Gran encierro y dos triunfos de distintos quilates. Novillos: Cuatro de De Haro, bien presentados, bravos en conjunto y además nobles, salvo el último, que pedía el carné. El primero, el segundo y el tercero fueron aplaudidos con fuerza en el arrastre, y al que cerró plaza se le concedió la vuelta al ruedo. Anotaremos también que al que abrió plaza la gente le ovacionó por la estampa desde su salida.
Novilleros: David Carrasco, dos pinchazos y silencio.
Manolo Roldán, metisaca, y al tercio.
Xavier Gallardo, entera baja. Oreja.
Óscar Amador, dos pinchazos y estoconazo tras aviso. Fue premiado con dos vueltas al ruedo.
El aficionado, esa rara avis que se da cita en los tendidos de Arroyo sábado a sábado, es muy benevolente, pero sabe aquilatar la labor de los jóvenes espadas. Hoy por la tarde, el regocijo fue producto de un encierro serio, con clase y bravura, en la más pura línea de los cárdenos claros de De Haro, que provienen de la legendaria ganadería de La Laguna. Hablamos de novillos con fuerza, recorrido, casta, y ganas de irse sin las orejas.
Al peruano David Carrasco le tocó el primero de la ganadería tlaxcalteca, un animal imponente, paliabierto y colaborador. Inició el peruano con una media larga cambiada de hinojos a porta gayola, de audacia tremenda; misma que nos hizo abrigar grandes esperanzas. Pero la cosa se desinfló rápidamente tanto con el capote como con la muleta. David no se decidió, anduvo rapidillo y dando el paso atrás. La estatura no le ayuda para matar, pero como el de De Haro ya claudicaba por el castigo en varas (cuatro puyazos bien puestos), tuvo Carrasco la fortuna de que el astado doblara después de dos pinchazos mediocres, y aquí paz y después gloria.
Manolo Roldán volvía a esta plaza sustituyendo a Juan Pedro Moreno, el novillero poblano. Sorteó a un cornúpeto noble y sin malas ideas. No obstante, el muchacho de Hidalgo se embarulló de continuo, gritando, echando la pata buena muy atrás, dejando mucha luz al novillo y demostrando un gran nerviosismo. Que quede claro que nos hizo acreedores a un momento originalísimo en los anales de la torería, pues al perfilarse para matar, se oyó la voz del mozo gritando ‘¡La espada!’. Y es que el niño no había tenido la precaución de cambiar el estoque simulado de Manolete por la tizona de verdad. En fin…
Justo es decir que lo mejor de la lidia de este segundo torillo de De Haro estuvo a cargo de Diego Martínez, quien bregó como los grandes y además se desmonteró después de parear con torería y clase al morito. Salió al ruedo el tercero, el mejor de todos, un bicho noble, bravo y alegre, repetidor y genial. El otro novillero hidalguense del cartel, Xavier Gallardo, estuvo arrojado y aguantó lo suyo. Está verde, pero conecta y se ve torero. Algunos naturales sin rematar atrás de la cadera tuvieron eco en el tendido. Mató de entera caidísima, pero efectiva, ni modo que no. La gente, que es de dulce en la Antonio Velázquez, le premió con una oreja por su aguante y su quietud.
Lo verdaderamente memorable vendría en el último. Este novillo no se parecía a los otros ni en nobleza ni en tipo; era un bicho que exigía poder y temple.
Óscar Amador, el novillero de Muñoz, Tlaxcala, tiene la onza de oro. La gente lo entendió así desde el tremendísimo quite por una especie de imposible y gaoneras de quitar el resuello. Inició la faena de muleta con pases por la espalda muy firme, rematando con uno de pecho clásico a más no poder. Con la muletilla muy bien cogida pegó derechazos mandando y aguantando en un palmo, sin dar jamás el pasito atrás.
Al natural logró pases meritorísimos llevando al toro embarcado y largo, largo. Resultó cogido sin consecuencias por no enmendar y preparó la suerte suprema con joselillinas ceñidísimas. Lástima que pinchó al primer envite. Borró el yerro con lasernistas en la faja, pero un segundo pinchazo le privó del trofeo. Para colmo de males, el puntillero Emilio Ríos, habitualmente un cañón con el cachete, le levantó al de De Haro después de una estocada hasta la bola. No importó eso nada, la gente, que sabe a veces reconocer sin ambages lo que ha visto, premió a Óscar con dos clamorosas vueltas al minúsculo anillo de los señores Arroyo.
Apunto para usted, que sabe leer entre líneas, que, después del festejo, al felicitar el que esto escribe al coleta tlaxcalteca, Amador me dijo que no le dolía el cuerpo por el tantarantán, sino que le dolía la moral por no haber cortado las dos orejas con el estoque. Eso me trajo a la memoria lo que decía sobre el pundonor don Alfonso Ordóñez, quien después de cortar un apéndice auricular en La Maestranza, en sus épocas novilleriles, se quedó llorando en su habitación por no haber cortado los dos, en vez de vanagloriarse y salir a festejar, como muchos otros, por menos.

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