26 octubre, 2021

OCTAVA NOVILLADA DE LA TEMPORADA DE LA PLAZA DE TOROS ANTONIO VELÁZQUEZ.

Sábado 4 de septiembre del 2010. César Morales, un picador de oro puro. Novillos: Cuatro de Huichapan, de excelente presencia y buen trapío. Su comportamiento fue desigual. Problemático el primero; el segundo muerto después de una vara; el tercero se dejó, y el cuarto bastante más.

Sábado 4 de septiembre del 2010. César Morales, un picador de oro puro. Novillos: Cuatro de Huichapan, de excelente presencia y buen trapío. Su comportamiento fue desigual. Problemático el primero; el segundo muerto después de una vara; el tercero se dejó, y el cuarto bastante más. El público le tributó palmas incomprensibles al primero; ovacionó de salida al segundo; aplaudió en el arrastre al tercero, y también al cuarto le pegó una ovación cuando se lo llevaban los percherones.
Novilleros: César Ibelles, mató a su enemigo de cerca de diez pinchazos y un bajonazo artero: silencio.
Tomás Cerqueira, múltiples pinchazos (más de cuatro) y el toro dobló: aplausos en el tercio.
Juan Francisco Almeida, casi media bajita y dos descabellos: aviso y silencio.
Adrián Padilla, profusión de metisacas y pinchazos para escuchar un aviso: silencio.
Quedémonos con el primer tercio del tercer novillo. El de Huichapan, bonito, grande y bien armado rehusó arrancarse al caballo en dos ocasiones, pese a la buena monta del picador. César Morales, un verdadero varilarguero, le presentó nuevamente al equino y enceló al cornúpeta lanzándole toreramente el castoreño. El de negro se arrancó rabioso y empujó fuerte, luciendo en el lance caballero y animal. César se adornó más arrancándole la moña suavemente al morito, cuando éste ya estaba perfectamente picado. La ovación fue de gente grande y recordaremos el pundonor y la gallardía de un señor picador de toros durante mucho tiempo.
¿Y luego, y antes?, preguntará usted. Pues nada o muy poco. Los novillos tuvieron presencia y a veces lidia decente, pero hubo varios factores que descompusieron el desempeño de cada uno de los cuadrúpedos y también de los bípedos.
En primer lugar, César Ibelles sorteó a un bicho que se quedó y se defendía a tornillazos. Mal hizo el novillero capitalino en sacar siempre la muleta arriba, en tocar con brusquedad y en dudar una vez y otra también. En su descargo diremos que le de Huichapan exigía un poder que no está al alcance de cualquiera. Con la toledana acusó el defecto de llevar la muleta muerta a la hora buena, y de pinchar sin soltar una y otra vez. El bajonazo para quitarse de en medio al astado fue un tanto deplorable.
El francés Tomás Cerqueira, volvió a estar templado y elegante, combinando todo eso con un arrimón muy aplaudido por los neófitos. No obstante, a su novillo lo mataron en el caballo y el utrero de don Adolfo Lugo Verduzco sólo quería morir tranquilo. Me surge la duda, ¿cómo es posible que con un solo puyazo limpio y sin abusar, el toro sangre de continuo y deje charcos del rojo líquido por doquier?, ¿qué aquí nadie mide las puyas, se sigue picando en Arroyo con “la leona”? Total, Cerqueira sigue quedando, por una u otra razón, a deber. De cómo el de Béziers ejecuta la suerte suprema, más vale ni hablar.
Al ecuatoriano Almeida le tocó un novillo muy potable, el que fue excelentemente picado por César Morales. Estuvo bien con el capotillo, ejecutando una media larga de rodillas, verónicas y una media. Quitó por chicuelinas antiguas, las que algunos peninsulares rejegos llaman navarras.
Encomiablemente inició su trasteo al natural, pero por ahí el bicho no tenía un pase, pues salía con la cabeza alta y se andaba enterando. Cambiose la muleta a la diestra y pegó tandas sensacionales al derechazo. Por razones que sólo Juan Francisco conoce, volvió a porfiar por el pitón izquierdo y eso fue como un balde de agua fría para el complaciente público de Arroyo. La media hizo doblar al toro, pero el puntillero lo levantó y la cosa perdió color totalmente.
Faltaba la parte más complicada, la más inexplicable y triste del festejo. Afortunadamente, ya teníamos en la espuerta el soberbio puyazo de César Morales.
Padilla, a quien la empresa repetía por enésima ocasión en la temporada, se encargó de demostrarnos que hace tiempo llegó a su nivel de incompetencia.
Voy, para no aburrir más, sólo con las notas de mi cuadernillo:
-Gritos.
-Fatal, el toro se deja, como siempre, más que sus hermanos.
-Desencajado, perdiendo los papeles. Desarmes, bailando tarantelas.
-Aúlla al entrar a matar y no tiene idea de cómo.
-A ver si no le repiten el sábado entrante.

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