23 octubre, 2021

EL NUEVO MUNDO Y LOS TOROS, A PROPÓSITO DEL INICIO DEL BICENTENARIO… 1ª PARTE.

En circo abierto, a la espaciosa arena
libre, muchos millares de personas
la rodean, estrechamente unidas,
bien antes de que suene el primer toque
del sonoro clarín. No hallará sitio
quien se demore. Deambula el hidalgo,
y mujerío de mortal mirada,
propicio a restañar la misma herida
que infirió.

En circo abierto, a la espaciosa arena
libre, muchos millares de personas
la rodean, estrechamente unidas,
bien antes de que suene el primer toque
del sonoro clarín. No hallará sitio
quien se demore. Deambula el hidalgo,
y mujerío de mortal mirada,
propicio a restañar la misma herida
que infirió. Y que nadie se lamente:
no seais tan lunáticos poetas
a los que el desdén frío los condena
a morir, por amor acribillados.
Lord Byron.
En circo abierto, a espaciosa arena… fragmento.
Joaquín Chávez Pérez A doscientos años del mítico “Grito de Dolores” seguimos creyendo que muchos de los participantes de aquél inicio de la guerra novohispana fueron extraordinarios hombres que dieron su vida por la Independencia de México sobre el yugo que padecía el país por parte de los españoles, quienes, como es sabido, habían tenido el poderío de estas tierras americanas por casi trescientos años, aun cuando en los últimos dos eran los franceses quienes dominaban la península ibérica.
Las historias que más bien parecen leyendas que nos han venido contando desde hace más de cien años, cuando Porfirio Díaz comienza a festejar su cumpleaños, el 15 de septiembre, con un fastuoso atracón aristocrático y algo de circo para el pueblo, creció y se fue creyendo al grado de que las mil mentiras repetidas parecían ser verdad, sin embargo en este último año so pretexto del bicentenario una cantidad importante de historiadores y productores de cine y televisión han desmitificado muchas hojas impresas en los libros de texto gratuito que tuvimos por décadas en el país.
Se crearon por todo el territorio nacional comisiones especiales para los festejos del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución, se mandaron hacer relojes y antorchas inservibles, además de ser objetos poco vistosos, costaron un dineral que hubiera valido más la pena haberlos invertido en un proyecto de generación de empleo o mejor aun en el devastado campo mexicano.
Desde la llegada de los españoles al Nuevo Mundo comenzaron a inculcar “sus” tradiciones cívicas, religiosas, políticas, festivas, mundanas y paganas, así como a intentar desaparecer, en la medida de lo posible lo que recordara a las anteriores formas de vida social, que sin duda se aportó, pero también se abusó, así lo señala la historia, o por lo menos algunas de las historias plasmadas en diversos estudios.
De acuerdo a la página web creada por el Gobierno Federal para la conmemoración de estos temas, bicentenario.com.mx, en su página 814 se dan la oportunidad de hablar sobre algunas de las actividades festivas que se comenzaron a realizar con la conquista, se habla de las fiestas cívicas obligatorias, que eran aquellas que tenía relación con la vida de la familia real de España: jura de nuevos monarcas, bautizos, cumpleaños, nacimientos, santos y bodas.
Luego nos relatan de aquellas que daban cuenta de las relaciones políticas de la monarquía con otras naciones: conmemoración de las victorias conseguidas por las armas reales y la celebración de alianzas. También hacen mención de las protocolarias como la llegada de un nuevo virrey, así como su cumpleaños o santo. Y quizás la más importante era la que conmemoraba la caída de Tenochtitlán en 1521: la fiesta de San Hipólito, conocida como el paseo del pendón, en donde nace la primera corrida o alanceamiento de toros bravos en la Nueva España, de lo cual abundaremos más adelante.
En cuanto a las festividades religiosas oficiales se detalla que la fiesta de la Candelaria, la Semana Santa, el día Corpus Christi, la Asunción de Nuestra Señora, la de Santa Rosa de Lima, la de Nuestra Señora de los Remedios, la de Nuestra Señora de Guadalupe y la de San Pedro y San Pablo eran las que no se podían dejar pasar por ningún motivo.
De los siglos XVI al XIX, mientras estuvo la dominación e la corona española hubo dos espectáculos que estuvieron presentes en todas las actividades festivas de los habitantes, nos referimos a los toros y al teatro.
No había celebración en la cual no se llevaran a cabo corridas de toros; era común que los cosos se levantaran y desmontaran tantas veces fuera necesario, y no fue sino hasta 1815 cuando se construyó una plaza permanente, la de San Pablo. Pero también existieron otras actividades de gran relevancia y agrado de los novohispanos, tal es el caso del juego de la pelota vasca, cuya cancha principal era la de San Camilo y en los encuentros se podía apostar, asimismo los gallos tenían su buena afición.
En un artículo encontrado en fortunecity.es, el cual está titulado como “El Toro en el Mundo” se habla de que los bovinos fueron introducidos en América por los españoles, mas como fuente de abastecimiento que como instrumento como instrumento para el juego de la lidia. El ganado proliferó tato que muchas huyeron a la selva y se hicieron salvajes.
José de la Tixera dejó constancia de la crianza de ganado bravo en nuestro país, en 1802 este tratadista taurino escribió: “En los reinos de México, Lima y otros de la América española se crían toros de bastante alzada y bravos, aunque para las varas, banderillas y estoques, de muy inferior valentía que los nuestros de la Península”… “La principal causa física de semejante variedad consiste en la diferencia notable que hay entre aquellos y estos climas, y en lo menos sustancioso de los pastos de allí. Por consiguiente, no son los toros americanos tan ligeros resueltos y prontos”.

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