28 julio, 2021

ARRASTRE LENTO… ¿EL AFICIONADO DE AGUASCALIENTES LO ES POR CONVICCION O LO ES POR OPORTUNISMO SOCIAL?.

19 de octubre del 2010… Antiguamente se decía que el verdadero aficionado iba a todas, dando a entender que la complementariedad de los así reconocidos y llamados –aficionados- era el toreo y no el nombre de los osados ejecutores.

19 de octubre del 2010… Antiguamente se decía que el verdadero aficionado iba a todas, dando a entender que la complementariedad de los así reconocidos y llamados –aficionados- era el toreo y no el nombre de los osados ejecutores.
Doy por cierto que el que se dice aficionado no lo es si no obra en consecuencia de su pretendida inclinación: el incendio llamas quiere, y en ellas se extasía consumiéndose a sí mismo. El mar busca las aguas para ser a plenitud. La noche busca la oscuridad pues sin ella las estrellas no podría hablar de su magnificencia. ¿Por qué entonces el llamado así mismo aficionado, y de lo cual mucho se enorgullece, no se extasía en el fruto de su verdadera inclinación y acude tan poco a las plazas?.
En Aguascalientes, tendido casi un millón de habitantes en el municipio, el promedio de asistencia –no necesariamente de aficionados- en las novilladas oscila entre los 700 y los 900 espectadores. ¿De cuántos aficionados estamos entonces hablando?.
También doy por cierto que el autoproclamado aficionado en Aguascalientes ha establecido una relación ingeniosa y oportunista con la Fiesta haciendo que la palabra aficionado adquiera una connotación por demás ambigua y difusa. El aficionado de café, o de cantina, o de peluquería o de esquina, si no va a la plaza cuando hay funciones no está en condiciones de que se le reconozca como tal: en todo caso es una verdadera mentira de aficionado.
Pero hay otras mentiras verdaderas: la de los aventureros que fingen la verdadera vocación. Y es que me queda claro que el llamado de la vocación no obedece a un momento pasajero de emoción sentimental y sustitutiva. La vocación no se puede borrar del alma, pero si se puede fingir, como cuando los no llamados gozan con la impostura del disfraz (vestido de luces) con el que se visten para la fotografía que presumirá en los muros de la fantasía.
¿Existe la vocación de aficionados?.
Puede parecer increíble, pero toma visos de verdad la afirmación de los corredores de hipótesis y teorías cuando afirman que, aunque se diga lo contrario, Aguascalientes no cuenta con una afición voluminosa, aunque pudiera contar con una afición docta y significativa.
La experiencia me ha enseñado que la verdadera vocación de torero y de aficionado parte de una vivencia espiritual que asocia los hechos con un fuerte peso de conciencia, con un hondo sentido del honor, con un prevalente sentimiento del compromiso contraído libremente, con la alegría de la responsabilidad, y con la independencia de la lealtad. La experiencia me ha enseñado que la impostura en el toreo es fácilmente detectable. Los mentirosos no cuentan con la suficiente decisión para afrontar la realidad del mundo en el que se mueven.
Los espectros de las pesadillas del miedo, el que por incontrolable revienta a los toreros fingidores es el ácido que disuelve las imágenes de los impostores. Los aficionados también se espantan ante su propia mentira: mirándose agigantado adora a la imagen que lo aplastará ¡por mentiroso!.
¿Sabe cómo distinguir a un aficionado de vocación del que no lo es? Muy sencillo: el no aficionado está hecho de la materia solemne del mito, en tanto que el verdadero aficionado por su naturalidad, autenticidad y sencillez está hecho de espíritu. El primero tiene que aprender a ser aire; el segundo vive en la libertad de sus sueños.

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