24 julio, 2021

ARRASTRE LENTO… ¿CUÁL FUE EL NACIMIENTO TORERO DE NUESTRO LINDO AGUASCALIENTES?.

¿Qué tanto es tantito?.
¿Qué tanto es hablar tantito de la historia no sólo de Aguascalientes en su aniversario, sino del perfil torero con el que seguramente nació?.
Por lo pronto resulta difícil distanciar a la ciudad del entorno al cual pertenece: México.

¿Qué tanto es tantito?.
¿Qué tanto es hablar tantito de la historia no sólo de Aguascalientes en su aniversario, sino del perfil torero con el que seguramente nació?.
Por lo pronto resulta difícil distanciar a la ciudad del entorno al cual pertenece: México. Aguascalientes como tal acusa los efectos del país. Y hablar del país es un tanto tantito de algo que parece surrealista. ¿Qué es México?.
Una caleidoscópica mixtura de ingredientes colonizados y colonizadores, un país que se manifiesta como un dolorido conglomerado que viaja en un proceso histórico que, además de inacabable, oscila entre los extremos; hoy por la opulencia, mañana por la desesperanza. ¿En ese país, cómo será los toreros?.
Un país cuyo territorio está saturado de templos y confesionarios, de brujos y curanderos, de burdeles y cantinas, de leyendas y misterios, de mercados y panteones, abigarrado de puros fregones. Es tan típico que resguarda en la alcancía de sus piñatas las tradiciones, y es el mariachi el que canta, en marejadas de relajo, su sentimiento al ritmo del pulque y el tequila. ¿En ese país, cómo serán los toreos?.
Un país desde sus raíces dividido, explotado, tímido por naturaleza, temeroso de verse en la cúspide, dependiente, disfuncional, adúltero, insuficiente en su propio abastecimiento, corrupto, fanático, fácil e ingenioso para la trampa, negligente. Y en él opera el maniático sistema del ¡hay se va! ¿En ese país, cómo serán los toreros?.
Una de las características de los mexicanos es darse en generosa entrega al ritual caótico de sus temores, de su fe, y sobre todo, al celebrado festín de sus manifestaciones tumultuarias que, en su carácter de ceremonias, ritos y solemnidades, ponen en la pandereta de la alegría el alma misma. Bao ese tenor el país, y no se diga Aguascalientes, pone su alma en la fiesta de toros. Y la pone llena de ilusión, de esperanza, de entusiasmo, y sueña que sueña, -¿qué tanto es tantito?- y sueña cantando, que su destino está en el regazo de su madre la Guadalupana. Y aunque su alma y sus tripas sientan hambre no satisfecha, dejará su trabajo – y hasta empeñar a su vieja- para ir a ver a los toreros con fidelidad admirativa, casi de adoración, finalmente por el gusto de gustar a la barriga siempre le cabrá otro traguito de tequila. ¿Qué tanto es tantito?.
Perdonará el lector mi descaro, pero le confieso cuánto me divierte pensar en el México taurino siendo un país como somos.
Lo cierto es que algo ha sucedido que los amantes del toreo, un espectáculo que es legitimado por la plástica, el colorido, y primordialmente por el peligro sorteado en rimo y movimiento, no pueden dejar de experimentar un soporífero vacío viendo tarde a tarde el monótono cuadro del aburrimiento. El mexicano aficionado a los toros está aburrido del aburrimiento. ¿Qué tanto es tantito?.
Lo mejor de todo es que aún hay aficionados que no han renunciado al asombro de la estupefacción dramática y plástica del instante artístico del toreo.
21 DE OCTUBRE DEL 2010.

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