20 septiembre, 2021

ARRASTRE LENTO… ENHORABUENA A AGUASCALIENTES POR SUS PRIMEROS 435 AÑOS DE VIDA TORERA.

22 DE OCTUBRE DEL 2010… Por los textos de autores documentados nos damos cuenta que, aunque todavía crujían los carrizos contra las lanzas, y salían chispas del roce violento de las espadas contra las piedras talladas, y la pólvora tiránica espantaba a los flecheros

22 DE OCTUBRE DEL 2010… Por los textos de autores documentados nos damos cuenta que, aunque todavía crujían los carrizos contra las lanzas, y salían chispas del roce violento de las espadas contra las piedras talladas, y la pólvora tiránica espantaba a los flecheros, adormecidas las querellas ya convivían bajo el mismo cielo el caballo español con el guajolote mexica; ya coqueteaban el chotis con el monoritmo de la percusión indígena; y con la frente en alto, llegaban hasta el señorial aposento palaciego aquellos que con sus humildes guaraches llenos de la tierra prieta del surco del maíz para hablar con su majestad el Virrey, cuando nació Aguascalientes.
Mi ciudad, regada por las celestes cataratas invertidas, vino al mundo enviada por el mensajero divino que, cual paloma, dejó caer una pluma en el regazo de la región colapsada por las tribus nómadas, aún consideradas salvajes, que asolaban el extenso valle.
Y tan pronto vio la primera luz, Aguascalientes lució el emblemático signo de los toreros para lidiar con la facinerosa jauría de los perros bravos identificados, y temidos, como Chichimecas. Había que salvar al viajero que, cargado de metales preciosos, era fácil presa de la indomable bestialidad de los aborígenes. Hace 435 años que Aguascalientes tiene vida como salvavidas.
Y me llena de contento saber que la nobleza de Aguascalientes le viene de cuna pues la singularidad de la comarca se expresa desde su origen: nació para cuidar, para prestar auxilio, para dar asilo y hospitalidad, y, considerando la riqueza de sus manantiales, para dar de beber al sediento. ¡Qué va, Aguascalientes nació con las virtudes de un torero que se da, y olvida recibir!.
Así las cosas, resulta un hecho insólito que dos culturas, la de los invasores, y la de los indígenas –más la que pudo gestarse en el milagro biológico que de esa relación- se hayan hermanado finalmente en el espíritu del toreo. Una, que canta por soleares sus penas y alegrías, y la otra, venida al mundo entre los dejados requiebros de la misteriosa voz de los valles asoleados de nuestra planicie, a coro de colleras le dan vida al espectáculo que tiene tintes regios en Aguascalientes.
Si bien hoy, en el aniversario de la fundación de la ciudad, hay motivos para celebrarlo, no puedo desactivar los torpedos de la curiosidad y preguntarme: ¿cuándo, dónde –aquí en la región-, porqué motivos, con qué ganado, y quiénes serían los toreadores, se realizó el primer evento taurino como tal?. Se los dejo de tarea.
Finalmente Aguascalientes es un palacio de la tauromaquia: y lo es porque, siendo tan modesta y sencilla –la ciudad y sus habitantes-, habla el mismo idioma que los reyes del toreo; lo es porque se expresa en la misma contextura que los faraones del llamado “arte de Cúchares”; y lo es porque comparte el mismo espíritu que las cortes palaciegas, esas que deslumbraban por su despilfarro, y enceguecían ante la brillantísima luminosidad del arte torero; y lo es porque alimenta el mismo ideal que los poderosos de la Fiesta.
Por tanto, olvidados los resentimientos, y aplaudidos los beneficios, que mejor ocasión que, en su cumpleaños, gritar hoy a los cuatro vientos: ¡VIVA AGUASCALIENTES!.

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