24 julio, 2021

ARRASTRE LENTO… TOREROS QUE NACEN PARA SER MAS QUE UNA SIMPLE ESTADITICA.

¡Lección de vida!.
Caso curioso: fui a visitar a un amigo que le incomoda lo que a otros les concede autoridad: la edad. Puesto que sus 78 años son motivo de burla para su ego, me referiré a él sin decir su nombre. Lo que importa es la lección y no el maestro.

¡Lección de vida!.
Caso curioso: fui a visitar a un amigo que le incomoda lo que a otros les concede autoridad: la edad. Puesto que sus 78 años son motivo de burla para su ego, me referiré a él sin decir su nombre. Lo que importa es la lección y no el maestro.
Lo encontré como de costumbre; en su pequeña habitación con olor a melancolía, abigarrada por una infinidad de recuerdos. Al verme, también como de costumbre, sirvió dos tazas de café endulzado con piloncillo. Como odia que se le tenga reverencia por viejo, reduje las fórmulas de cortesía a un simple ¡quibo!.
Fue una pincelada breve, brillante, reveladora, la que, luego de escuchar la voz serena del afable veterano que retrata en su ajado rostro el inexorable deterioro que obsequia el tiempo, dibujó en mi imaginación el perfil de la tranquilidad. A él los recuerdos le hablan al oído, y le gritan al corazón, aunque sin alterarlo.
Después de un razonable silencio mi amigo, aficionado de toda la vida, se rehizo en la palabra para afirmar sin titubeos. “Si algún día encuentras lo antiguo en el toreo sabrás que lo viejo adquiere valor solamente cuando tiene un interés novedoso. He vivido muy de cerca del ambiente que cubría la alternativa de muchos toreros; y los que llegaron a ser importantes la tomaron con una expectación muy similar a la que antecedió a la de Juan Pablo Sánchez, y a la que se vive hoy con la de Arturo Saldívar.
Lo que se vive en torno a ellos si bien no es nuevo, sí resulta novedoso”. Apoltronado en su añoso sillón musitaba. “Los recuerdos muertos no significan nada; el recuerdo viejo, si no es tocado por la sube brisa de la novedad, jamás podrá perdurar por encima de toda las repeticiones del toreo”.
Sus pausas ahondaban dulcemente el sentido de la reflexión. “Lo que están haciendo estos muchachos de Aguascalientes –Arturo Macías. Arturo Saldívar y Juan Pablo Sánchez, apuntó- son novedades de largo alcance: pueden durar en la memoria el tiempo que los aficionados quieran. Los chamacos nacieron para ser mucho más que una estadística, estadística por cierto nunca vista puesto que… (Silencio)… ¡cuántos toreros de alternativa hay ahora en Aguascalientes”!.
Con el cansino compás de su agotada voz insistió en advertir que aunque en el toreo ya nada es nuevo, y que si alguna novedad se presenta, esa pudiera ser la agradable sorpresa de hacer nuevo lo viejo. Y entre roncos garraspeos de tos biliosa añoró el gesto sublime de los toreros de ayer. “Juan Pablo Sánchez me recuerda, dijo, lo que leí de Balderas, y Saldívar le da un aire solemne como heredado de El Viti, y de Mondeño”.
Ni hablar, acaso como una lección de vida aprendida, no puedo dejar de pasar por alto la oportunidad de reverenciar a los aficionados viejos que en sus íntimas evocaciones destilan dulces chorros de melancolía y nostalgia, aficionados que como mi decrépito amigo, agudo y simpático, místico y poético, pueden influir con el cincel de su palabra profundamente enamorada de la verdad del romance torero a forjar diestros joven tan brillantes como los que hoy tiene Aguascalientes, muy en especial Juan Pablo Sánchez, y Arturo Saldívar.

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