1 agosto, 2021

SALDÍVAR SE DISFRUTA EN SU ALTERNATIVA Y CORTA DOS OREJAS AL DE REGALO EN GUADALAJARA.

La presencia del toro bravo llegó hasta el final en la corrida en donde Arturo Saldívar se convirtió en matador de toros y es que el de Santa María de Xalpa, de regalo, le permitió al toricantano cortar dos merecidas orejas tras esgrimir una faena de polendas

La presencia del toro bravo llegó hasta el final en la corrida en donde Arturo Saldívar se convirtió en matador de toros y es que el de Santa María de Xalpa, de regalo, le permitió al toricantano cortar dos merecidas orejas tras esgrimir una faena de polendas, desde las chicuelinas con capa hasta las dosantinas con que finalizó su trasteo, llevó al burel por ambos lados y si es cierto no se hizo del todo de él, también es verdad que arrimó el alma para finiquitar con estoconazo y así aparecer en las filas de los matadores mexicanos como una verdadera promesa de la tauromaquia de este siglo.
En la lidia ordinaria Saldívar ya había manifestado que quería y la inquebrantable voluntad que lo llevó a estar cotizado como novillero en la península ibérica se presentó en Guadalajara para entregarse a un público que lo sintió suyo y es que su origen jalisciense le dio la prontitud en la entrega de los aficionados, con el toro de la alternativa saludo en el tercio; mientras que en el de cierre de plaza extrajo muletazos de gran valía, con cabeza y entusiasmo desbordante que le sirvieron para recibir palmas.
En tanto el primer espada, Eulalio López “El Zotoluco” intentó agradar en todo momento, pero la gente se metió fuerte con él, gritos de… “pura punta”, “más cerquita”, “ya aburres” y otras más incomodaron al torero, pero no a sus ganas de triunfo y aunque buscó, poco encontró con los de Los Encinos; con su primero salió al tercio con división de opiniones, mientras que en el segundo de su lote no pasó nada al final.
El galo Sebastián Castella mostró que se puede torear suave y cadencioso, amén de que le tocó el más potable del encierro, la capa parecía de seda en las verónicas y de espuma en las chicuelinas, con la muleta, tras el brindis público, se sublimó y con un arte desbordante toreó por ambos lados con largueza y temple, dejó una estocada caída que a la postre fue premiada con un apéndice que el francés guardó en su chaleco como muestra de respeto a la afición; en el quinto de la tarde no logró redondear su aparición, el marrajo no ofrecía más que suspenso, pero Sebastián sí dio un poco de el arte que atesora y por ello recibió las palmas desde el tendido.

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