24 julio, 2021

ÉPICO TRIUNFO DE EL PANA Y FAENÓN DE IGNACIO GARIBAY.

Tlaxcala, México, lunes primero de noviembre del 2010. Primera corrida de feria de la Plaza de toros Jorge, “El Ranchero”, Aguilar. Toros: seis de Fernando de la Mora, desiguales de presentación y juego.

Tlaxcala, México, lunes primero de noviembre del 2010. Primera corrida de feria de la Plaza de toros Jorge, “El Ranchero”, Aguilar. Toros: seis de Fernando de la Mora, desiguales de presentación y juego. Destacó el quinto por su nobleza y alegría; se le dio arrastre lento y hubo petición de indulto.
Toreros: Rodolfo Rodríguez “El Pana”, mató a su primero de dos pinchazos: ovación en los medios. Al cuarto de la tarde lo liquidó de una muy buena estocada, el toro le persiguió propinándole una maroma espantosa y un par de cornadas en el glúteo izquierdo. Le fueron concedidas las dos orejas y dio tres clamorosas vueltas al ruedo. Ignacio Garibay, media en buen sitio y una oreja del segundo. Al quinto lo pinchó hasta en tres ocasiones y perdió los máximos trofeos: vuelta al ruedo.
Octavio García “El Payo”, despachó de cuatro pinchazos al tercero: ovación en el tercio. Al que cerró plaza le asestó un bajonazo: silencio. Esta tarde de toros fue inolvidable. Hubo de todo, drama, arte, entrega y animales que se dejaron torear. El Pana escribió otro capítulo colosal en el libro de su leyenda. Al que abrió plaza lo recibió a porta gayola, ¡pegándole una fabulosa gaonera de rodillas! El toro, llamado “Maletilla”, era más bien débil y El Pana sólo pudo instrumentar muletazos aislados, pero de gran empaque.
Con el segundo de su lote, de nombre “Juncal”, estuvo en plan grande pegando largos derechazos y rematando su trasteo con sanjuaneras. Lo mejor fue un trincherazo de los suyos, que puso al cónclave a rugir de emoción.
Se perfiló con verdad y dejó tres cuartos de tizona en muy buen sitio. Pero el astado le persiguió por todo el ruedo, y cuando le alcanzó le hizo volar como cuatro metros para arriba. El Brujo de Apizaco cayó de fea manera y ya en la arena el morlaco le pegó la cornada. Todos temíamos lo peor, mas el gran Pana es un torero total, y sin mirarse la ropa paseó las dos orejas de su enemigo en apoteóticas vueltas al ruedo. Pese a que toda su gente en el callejón le instaba a que pasase a la enfermería, Rodolfo Rodríguez se dedicó a ver el resto del festejo fumándose un habano y acodado tan tranquilo en el burladero de matadores. Genio y figura…
Ignacio Garibay estuvo en plan de torero caro con sus dos toros. Al segundo de Fernando de la Mora lo toreó a la verónica con extrema elegancia, después de haberle pegado un afarolado a porta gayola. Con la muleta se lució en tandas de mucha exposición y temple, sobre todo por el pitón derecho. Mató de media lagartijera y cortó una oreja.
Lo mejor de la corrida en cuanto a ligazón y belleza vendría en el quinto. Ignacio quitó por chicuelinas de arte puro y remató los lances con una media larga de cartel. La faena muleteril fue inolvidable y perfecta. Garibay se gustó en pases de todas las marcas: ayudados rodilla en tierra, trincherazos, trincherillas, naturales, derechazos, vitolinas, pases de pecho, dosantinas, cambios de mano por delante y por detrás, el pase de las flores, etc. La gente estaba al borde del paroxismo, arrojando sombreros al ruedo y gritando: ¡Torero, torero! Le aseguro que muy pocas veces he visto tanto temple y tanta torería. Fue una tristeza ver como Garibay pinchaba hasta en tres ocasiones, pero hizo muy bien en desoír a los que pedían el indulto.
El Payo no se iba a dejar ganar la pelea y nos deleitó con un toreo de gran quietud y empaque. En el tercero de la tarde estuvo artista tanto con la muleta como con el capotillo. La faena fue especial por muchos motivos, sobre todo por el sello que le imprimió a cada muletazo, sentado en los riñones y corriendo la mano con mucha suavidad. Lástima que no anda muy fino con el acero.
Al último toro, mismo que le brindó al Pana, no le pudo sacar más que algunos pases aislados, pues el cornúpeta estaba muy lastimado de los remos y además manseó.
En resumen, esta primera corrida de la Feria de Todos los Santos pasará a la historia por la actitud y las buenas maneras de El Payo, por la genialidad y el corazón torero de El Pana, y por el faenón excelso de Ignacio Garibay.

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