SOMBRAS PREÑADAS DE REVELACIONES: ¿POR QUÉ NO FUE LA GENTE A LA CORRIDA DE LAS CALAVERAS?.

Arrastre Lento… Abstraído en un mundo de ideas, lleno de sombras preñadas de revelaciones, el fecundo silencio en medio del revuelo de las alas de las interrogaciones, finalmente me pregunté ¿por qué, si Aguascalientes es renombrado por la calidad y cantidad de aficionados, fue tan mala la entrada el sábado pasado en la Monumental? Curiosamente ¡nadie responde!.
Si fuera carpintero me gustaría saber por qué hay maderas que no agarran el barniz. Pero como soy aficionado a los toros quise entender por qué hay aficionados tan habladores, como esos que le exigen a la empresa que dé dos corridas en la festividad de las llamadas Calaveras, y además que, entre otros caprichos, ponga a figuras al lado de toreros locales. Quise entender por qué esos habladores, exigentes en la cafetería y el bar, y hasta en los medios, no fueron a la plaza el sábado pasado. ¿Eso es tener afición? ¡Nadie responde!.
¿No les gustó el cartel?. ¿Les pareció –pobres toreros de Aguascalientes- poca cosa?. La única respuesta que tengo es un mundo sin palabras: ¡nadie responde!. Escucho el silencio –por la fecha- de los panteones. Y mire que la mudez de los cementerios habla con tal vehemencia que a muchos su futura estancia, amén de ensordecerlos con ardor, los hace estremecer con pavor. ¡Nadie responde!.
¿Por qué no fue la gente a la plaza? Admiro las palabras que me divierten, y respeto las palabras que me enseñan: pero lamentablemente no hay palabras que me saquen de dudas. ¡Nadie responde!.
Fue en esos estrechos círculos de reflexión donde un tormentoso desconcierto quería hablarme, y decirme que la afición de Aguascalientes, si bien tiene un sesgo cultural interesante por lo diverso de su bagaje, es numéricamente raquítica. Lo desconcertante es, visto con un tufo de morbo, la actitud de esos remilgosos aficionados que, ufanos de su presumida condición, no van a los festejos contradiciendo la esencia de los verdaderos aficionados que, por su misma condición, van a todos.
Lo cual quiere decir que en Aguascalientes hay una notable complacencia para mentir y engañarse: se engañan los que creen que aquí radica la afición más genuina de todo México. Eso no obsta para reconocer que en efecto en Aguascalientes hay verdaderos aficionados cultos, entendidos, románticos, comprometidos con su vocación de aficionados. ¡Pero son tan pocos! Los quise contar con mis falanges, pero la ver que me sobraban, preferí contarlos como se cuentan las golondrinas en invierno.
No me quedó más que hacer lo que con tanta dulzura hacía mi abuelita: con resignación atar cabos y zurcir retazos en la colcha de las ideas. ¿Por qué nadie me responde? ¿Por qué no fue la gente a la plaza en la cantidad que se especulaba debió haber asistido?.
¿Hay o no hay afición en Aguascalientes?.
¿Por qué nadie responde?.

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