24 julio, 2021

ARRASTRE LENTO… CUANDO EL ARTE Y LA POESIA TORERA SON UNA MISMA COSA.

Coger al vuelo la inspiración, y darle cuerpo en versos, es poesía. Coger al vuelo la inspiración y darle cuerpo en el toreo, es arte. Cuando se entrelazan por la fuerza de la naturaleza es difícil diferenciar una de otro.

Coger al vuelo la inspiración, y darle cuerpo en versos, es poesía. Coger al vuelo la inspiración y darle cuerpo en el toreo, es arte. Cuando se entrelazan por la fuerza de la naturaleza es difícil diferenciar una de otro.
La poesía es la revelación de la esencia más íntima; el arte se descubre como la manera en la que la experiencia poética se convierte en objeto. El arte es maniobra; la poesía elevación. ¡Claro que el arte eleva!.
¿El toreo es poesía?. ¿El toreo es arte?.
Coger al vuelo la inspiración y darle cuerpo en hechos estéticos es poesía torera. Coger al vuelo la inspiración y darle cuerpo en lances y suertes maniobradas es arte. El arte exige inteligencia, y la poesía sentimiento. Eso me sabe a confusión pues no siempre una esta en el otro. Al no darse la conjunción, se inhabilita al romance que es el cuerpo de la torería.
La probable confusión de ideas surge cuando me doy cuenta que ni todo el poeta es artista, ni todo el artista es poeta: me queda claro que el poeta vive en el trasiego de la intimidad de las cosas, y que el artista es el privilegiado que las descubre.
También me queda claro que el toreo moderno se aferra al imperio de arte, y que se supedita a la perfección del entendimiento y a la elegancia pulcra del trazo. El toreo sin el arte carece de alas para volar en la imaginación y en la fantasía. Tal vez por eso el toreo primitivo, carente aún de la inspiración y de la regla, impactaba por la brutalidad del riesgo y seducía por el shock traumático de la bestialidad dramática.
Por fortuna el toreo evolucionó hasta alcanzar perfiles plásticos y estéticos genialmente deslumbrantes. Por eso cuando el toreo invadió la esfera celestial del arte causó asombro, y produjo la sensación de elevación. ¡Claro que el arte eleva!.
Hoy ciertamente el toreo no se entiende sin el riego, pero tampoco satisface sin la belleza. Y resulta burdo y tosco si se realiza sin inteligencia ni habilidad: la pericia y el talento de los toreros modernos son elementos indispensables sobre los cuales podrían adjuntarse la gracia, el salero, la hondura, el sentimiento, ¡y la personalidad!.
Así las cosas, me queda claro que cuando faltan los complementos- gracia, salero, hondura, clase, sentimiento, personalidad- se podría renunciar a la idealización del todo aspirando tan sólo a logro un parcial, pero cuando faltan las bases –inteligencia, habilidad, pericia, y valor, no se puede construir nada.
Así las cosas, me queda claro que la poesía y el arte torero sin ser una misma cosa, tampoco pueden distanciarse. Sin arte y poesía – asombro y revelación- sin sentimiento y pasión simplemente no hay romance.
¿Qué sería el toreo sin pasión, sin romance, sin sentimiento? ¿Qué sería sin el peligro? ¿Y qué sería sin belleza? Seguramente se le consideraría como una manifestación inconclusa, incluso frívola, exótica y hasta petulante.

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