24 julio, 2021

ARRASTRE LENTO… PUDIERA SER LA HISTORIA DE LAS PLAZAS DE TOROS.

Segunda parte… Hoy las plazas de toros son edificios colosales en cuanto a su dimensión física, algunas de ellas apegadas al buen gusto arquitectónico y funcional. Por su jerarquía se les concede el galardón de “monumental”. La arquitectura taurina en México cuenta con muy buenos ejemplos de ellas.

Segunda parte… Hoy las plazas de toros son edificios colosales en cuanto a su dimensión física, algunas de ellas apegadas al buen gusto arquitectónico y funcional. Por su jerarquía se les concede el galardón de “monumental”. La arquitectura taurina en México cuenta con muy buenos ejemplos de ellas.
Tal vez sea imprecisa, amén de limitada, la historia de las plazas de toros que quiero contar. Empero quede claro reconocer que actualmente hay plazas que por su categoría y abolengo se han convertido en emblema simbólico de una cultura respetada y admirada. Actuar en dichos cosos como profesional es un sueño, una ilusión, un gran lujo, de gala, para quienes quieren escalar el noble ascenso de la dignidad torera.
Torear en Las Ventas de Madrid, en la Real Maestranza de Sevilla, Barcelona, Bilbao, Pamplona, en la Ronda, es una obligación sin la cual la trayectoria de los soñadores queda inconclusa. En México la cúspide virtual es torear en la México, Guadalajara, Aguascalientes, Monterrey.
En Sur América el referente máximo es la Plaza del Perú -Acho-. En Portugal en Lisboa. Mención aparte merecen las de Francia, escenarios de primer nivel que fueron construidos con y para otros fines distanciados de la Fiesta –Circos romanos-.
¿De que se habla cuando se refieren a una plaza Monumental? Son edificios que por su carácter público se destaca su presencia de grandes dimensiones, sobresaliendo de ellas, al margen de su individualidad estilística, su belleza arquitectónica y su funcionalidad en las operaciones de servicio. En lo significante hacen referencia a una excelencia tácita pues el rango simbólico que las enorgullece así lo amerita.
¿Cuáles serían las plazas bonitas de México: La de Querétaro, la de Morelia, la de Guadalajara, las dos de Aguascalientes, la moderna de Torreón. Y hay otras plazas con sabor y buen gusto: Tlaxcala, Texcoco, Zacatecas, Orizaba, Pachuca. Y hay más…
Como referente histórico vale la pena destacar que, según se dice, en Cañadas de Obregón está –lo que queda de ella con carácter prístino- la plaza más antigua de América.
¿Se podrá decir que una plaza es Monumental si en el ejercicio de su funcionalidad se traicionan los valores simbólicos y categóricos del toreo? La dignidad espectacular, emanada de la investidura de solemnidad indiscutible, debe corresponder a la que le dan al recinto la jerarquía de catedral.
En esas plazas no debería permitirse faltarle al respeto a la tradición ni a la doctrina: no debería suceder que en ellas se lidien toros indignos: ahí no se justificarían los desplantes de un histrionismo cirquero y pachangón de ciertos toreros. Ahí, en una plaza Monumental, debiera estar la majeza, la majestuosidad, la grandeza, y la categoría.
Luego haremos referencia de los nombres de las plazas mexicanas: le puede interesar, tanto como descubrir porqué a la plaza que se inaugura el sábado en San Luís Potosí le pusieron un nombre tan desligando de la nomenclatura romántica y tradicional.
El Domo: que poco calor taurino sugiere.

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