24 julio, 2021

FRAGANTES SON LOS AMANECERES EN EL JARDIN DEL TOREO DE AGUASCALIENTES.

ARRASTRE LENTO… Es oportuno aclarar que los toreros no llegan del cielo como el rocío. Los toreros nacen en los jardines de la tierra; por eso se dice que cada barrio, pueblo, ciudad y nación tienen los toreros producidos por la calidad de sus siembras y por la nobleza de sus jardines. En consecuencia, Aguascalientes, tierra buena y noble, no puede sino producir en sus jardines toreros de la misma contextura.

ARRASTRE LENTO… Es oportuno aclarar que los toreros no llegan del cielo como el rocío. Los toreros nacen en los jardines de la tierra; por eso se dice que cada barrio, pueblo, ciudad y nación tienen los toreros producidos por la calidad de sus siembras y por la nobleza de sus jardines. En consecuencia, Aguascalientes, tierra buena y noble, no puede sino producir en sus jardines toreros de la misma contextura.
Hoy veo la Fiesta con mirada de jardinero. Veo que los jardines del toreo han sido siempre escuelas formadoras y motivadoras de toreros. Y veo que han sido universidades de heroísmo que han enseñado al mundo la no rematada alegría de vivir y morir por un ideal. Con la mirada de jardinero veo que el jardín de Aguascalientes es de los pocos en el que los valores que fundan la trascendencia torera no se diluyen en las preocupaciones terrenales que han absorbido la espiritualidad y misticismo de la siembra torera.
Hoy veo la Fiesta con mirada de jardinero. Y me gusta el jardín de Aguascalientes. En él se está experimentando la siembra en la que no sean los propios toreros su más acabada objeción. Penosamente como plaga se han multiplicado los toreros que, atentando contra el espíritu original del toreo, al humanizar la Fiesta tan sólo demuestran que aman demasiado el bienestar, la vida fácil, el espectáculo frívolo, picante, pero vacío.
Hoy veo la Fiesta con mirada de jardinero. Por eso me basta un solo rosal –un solo torero- para vengar con el entusiasmo de un día los agravios de la improductividad de muchos años. Por eso, porque veo la Fiesta con mirada de jardinero, me complace contemplar el florido ramillete de prospectos a figuras que ha dado el jardín de Aguascalientes. Y es por eso, porque hoy veo la Fiesta con mirada de jardinero, veo que lo que se sembró en el espíritu de Mario Aguilar puede convertirse en un esplendoroso rosal. Su comparecencia de mañana en la plaza México es esperada con el interés que el jardinero espera el fruto del cultivo esmerado con amoroso afán y ahínco.
De ahí que, sumados al ramillete de aromáticas flores los nombres de otros tantos diestros con un rico potencial -Adame, Macías, Mora, Barba, Saldívar, Delgadillo, Montes- sean respetadas y reconocidas las condiciones terrenales del jardín de Aguascalientes. Lo dicen los visitantes: es encantador el perfume que se respira en sus fragantes amaneceres.
Y dicen muchas cosas del jardín del toreo de Aguascalientes. Dicen que el recio aroma que se respiraba todavía en los años sesenta era un desprendimiento místico de la cabalgata que hacían grandes caballeros con sombrero de ala ancha, luciendo botonadura de oro y plata -don Celestino Rangel “El Tato”, por ejemplo-. Y dicen que en ese mismo jardín las damas de la época lucían finas, esbeltas, con su tez blanca y su artificioso y esmerado peinado, sus anchos y deliciosos escotes.
Porque hoy veo la Fiesta con mirada de jardinero, con gusto miro que cada vez se ven más lejos los jardines que a lo lejos completan nuestra sensación de cosas opacas, inexpresivas, sin realidad, sin porvenir y sin pasado.

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