16 septiembre, 2021

LA HORA DE LA VERDAD… CUANTA RAZÓN TENIA MI PADRE.

Cuanta razón tenia mi padre cuando decía que el toreo contemporáneo paulatinamente iba dejando en el olvido que estaban dejando de lado la rica variedad del toreo, tanto de capa como de muleta, quizá por falta de conocimientos, quizá por la comodidad, quizá por los nuevos gustos de una afición que al desconocer esa riqueza, disfrutaban de faenas a base del consabido derechazo y natural, y contados adornos y remates.

Cuanta razón tenia mi padre cuando decía que el toreo contemporáneo paulatinamente iba dejando en el olvido que estaban dejando de lado la rica variedad del toreo, tanto de capa como de muleta, quizá por falta de conocimientos, quizá por la comodidad, quizá por los nuevos gustos de una afición que al desconocer esa riqueza, disfrutaban de faenas a base del consabido derechazo y natural, y contados adornos y remates.
Decía, que a él vio triunfar con clamor a varios toreros, y daba de ejemplo a un Armillita, a un Belmonte, y en sus últimos tiempos, cuando ya no asistía a las plazas por razones de su edad, a un Procuna, cortar orejas sin haber dado un solo muletazo en redondo. Todo lo consiguieron con faenas muy variadas, con toreo por alto, por bajo, por la cara, faenas de dominio, de poder, y en otros casos, con toreros muy variados, con faenas pletoritas de bellos pases de adorno por delante, con mucha gracia e inteligencia, con duende, como aquel Pepe Luís Vázquez, español, o el Lobo Portugués, Manolo Dos Santos.
Y bien, esto viene a colación, por la actuación inspiradísima, agitanada, de extremeño Alejandro Talavante, que sin perder su esencia de quietud y valor, dejo brotar de su interior los duendes que le dictaron la ejecución de una serie de pases impregnados de un sello muy gitano, gitano como los grandes, tal pareciera que toreara a ritmo del golpe del martinete matizado con ripios, con cante grande de fragua, el gemido de una guitarra flamenca, salpicando de romero y canela, como esas arruzinas que ni su mismo autor dudaría en ceder parte de su inmortalidad obtenida por ese torerisimo remate.
Mas ha sido una faena frenética de toreria, de inspiración, de gitanería, y a contra sentido, un tanto sin orden, sin planteamiento, solo leyendo y escuchando lo que su varonil espíritu le indico. Pocos, muy pocos derechazos, lo mismo que naturales, para que, si no hacían falta, en un nuevo concepto de toreria que hizo al público tan sensible como cambiante de la plaza México, rendir tributo a un torero tan agitanado he inspirado como los mejores.
Se pueden obtener triunfos sin los consabidos derechazos y naturales, pero cuando hay en el ruedo un torero con solvencia y toreria, como el domingo Alejandro Talavante.
Cuanta razón tenía mi padre… Y amigos, esto es todo por ahora… Buena Suerte.

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