16 septiembre, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Era impensable siquiera el conectar con algún punto referencial, no lo había; eran todos los años del toreo mexicano, iniciando a contarlos del momento de la primera corrida en América, que fue por su puesto en un sitio específico de la gran Tenochtitlán, ciudad sometida hacía poco tiempo. Pasando por la época de oro, posteriormente la de plata y llegando a la de la puerta de la decadencia, que quizás fue al abrir la tapa a los noventas.

Era impensable siquiera el conectar con algún punto referencial, no lo había; eran todos los años del toreo mexicano, iniciando a contarlos del momento de la primera corrida en América, que fue por su puesto en un sitio específico de la gran Tenochtitlán, ciudad sometida hacía poco tiempo. Pasando por la época de oro, posteriormente la de plata y llegando a la de la puerta de la decadencia, que quizás fue al abrir la tapa a los noventas. Sí, la tauromaquia sudamericana era muy inferior a la mexicana. México estaba tasado como el segundo país más importante taurinamente hablando. Primero estaba España, por su puesto, como lo sigue estando, y hoy a mayor distancia.
México constituía el mejor y más brillante espejo de la extensión y herencia de Iberia y sus tradiciones en las lejanas tierras domadas. De esto se han escrito cantidades solo medibles en litros de tinta y toneladas de papel.
Sin embargo hoy navega sin amarras, para que llegue a quien quiera pararla, una pregunta: ¿Continúa México siendo el segundo país taurino más importante del globo terráqueo?.
Históricamente lo será siempre; tiene más años de tradición taurina y por ley de tiempo jamás será alcanzado por ninguno de los hermanos países de la parte baja de la placa continental americana. Pero en este instante dejaré dentro del cartucho el perfil ese; daré puerta libre al otro plano de la fiesta, el de la organización donde se entretejen criterios, modos, estrategia y un completo de virtudes de empresas, ganaderos y matadores, básicamente.
Lo bueno de algo, lo que sea, no radica en lo mucho si no en lo sustancioso, en la calidad.
Hace años que México, sin darse cuenta, dejó desvanecer el rango que ostentaba y sustentaba. Las causas nadie las sabe claramente. Las opiniones de los aficionados dejan escapar oraciones en las que se oyen intereses políticos, empresarios ingratos, monopolios voraces, ganaderos mojigatos y serviles, falta de figuras reales, escasa calidad general del espectáculo, ociosidad en las combinaciones, reiteración de carteles, falta de cobertura, compadrazgos insulsos, periodistas comprados a precio de marranos flacos, cascada de cobas, mansedumbre en los encierros y lo que el amable lector agregue, ya que falta un cerro de vicios.
El auxilio bibliográfico será, para tratar de analizar comparativamente la fiesta mexicana con la sudamericana, un recurso infalible. Si México contaba con la feria más importante de América, ha sido superada en calidad por, creo, varias de “abajo” como la de Cali, Lima, Caracas y… las que una el apreciado lector.
En tanto que en los seriales, exceptuando alguno, de esta patria sale el toro apócrifo, en las arenas mencionadas sueltan al TORO, sin mayores adornos o artificios, si no con los que otorga la buena crianza y la edad plena, de adulto.
Si alguien cuestionara en el aspecto comercial, diré que ninguna feria nuestra puede presumir que celebra catorce corridas en diez días consecutivos y que dos semanas antes de que inicie el serial están vendidos todos los abonos, como la de Cali, Colombia, y además contando el coso con el respetable aforo de 17, 000 asientos. Si algún despistado localista, como con los muchos que me he entroncado, dijera que esas ventas se dan porque son abonados y los obligan a mercar todos los billetes de entrada, le contestaría con un par de respuestas: ¡Que ineptas empresas las nuestras por no usar el mismo sistema de venta! Y ¡que imbéciles los aficionados sudamericanos por estar pagando por un producto que no llenan sus aspiraciones y exigencias como consumidores!.
Cuando esta planilla de crítica aparezca en el impreso y en la ventana cibernética, habrá pasado ya una corrida de títulos insuperables en el coso longevo de Acho, en Lima, Perú; ahí partieron plaza el valenciano Enrique Ponce, el granadino David Fandila, “El Fandi” y el también ibérico Miguel Ángel Perera, quienes enfrentaron a seis genuinos toros de La Ahumada. Sí, allá en Lima Ponce enfrenta al TORO. Se trató de la corrida en que se puso en disputa el Escapulario.
En Lima la empresa ejerce con la ética reclamada, su papel de organismo que ofrece negocios derechos y no le cumple sus pretensiones o caprichos de señorita en período. ¿El resultado del festejo? Al firmar la presente hoja aún no lo sabía.
El cartel fue el eje de los comentarios de los aficionados durante toda la semana. De ello se desgranaron reflexiones de tomar en cuenta en las que como central parte se dejaba sentir la preocupación a cerca del nivel de nuestra fiesta.
Semejante tercia hasta en España podría ser difícil de poder ver, ya no se diga en México, claro, con las debidos respetos a la regla conocida y salida de un sindicato que “protege” los derechos de los nacionales. Las comparaciones no son odiosas… son necesarias.
Y que quede como clara idea que esta plumilla se está refiriendo no a las cantidades, si no a las intensidades, a la savia, a la calidad y rango.
Al fin, luego de opiniones, expresiones, análisis, sesiones en las que se compartieron conclusiones, se llegó a una: Primero España, luego Francia, posteriormente… ¿Perú, quizás Venezuela o Colombia? Y a México… ¿Dónde lo encasillamos?.

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