31 julio, 2021

¡LA ULTIMA Y NOS VAMOS COMPADRE!.

ARRASTRE LENTO… Por el gusto que me da saludarlo personalmente acostumbro reunirme con mi compadre. Me cae bien su estilo, sobre todo cuando habla de toros. Ayer, contrariado porque su hija, la que no se aparta de la computadora, encontró a su príncipe azul en la red electrónica, circunstancia que no marchita su relación de afecto con ella, prefirió conversar en mudo diálogo con los espíritus que emanan de esas bebidas que alegran el corazón. Fue cuando me reuní con él.

ARRASTRE LENTO… Por el gusto que me da saludarlo personalmente acostumbro reunirme con mi compadre. Me cae bien su estilo, sobre todo cuando habla de toros. Ayer, contrariado porque su hija, la que no se aparta de la computadora, encontró a su príncipe azul en la red electrónica, circunstancia que no marchita su relación de afecto con ella, prefirió conversar en mudo diálogo con los espíritus que emanan de esas bebidas que alegran el corazón. Fue cuando me reuní con él.
“Sabe compadre, me dijo, no me gusta platicar con los aficionados novicios pues por su inexperiencia no logran entender que en ocasiones el carnicero de hoy es la carne de mañana. A esos nuevos aficionados no les pasa por la mente que la carrera de un torero tiene tantas variantes que puede amanecer figurando como cola de león, y terminar el día como cabeza de ratón”.
¡Salud compadre!. Mesero, que vengan las otras.
“Sabe compadre, me dijo, no me gusta platicar con aficionados novicios pues por su inexperiencia no logran entender que el toreo es una actividad que al realizarse en un escenario, el ruedo, y que se ejecuta ante un público que paga por ver, es propio argumentar que se trata de una manifestación escénica. Ello implica, siguió diciendo con animación mi compadre, que el actor, en este caso el torero, deba contar con una gama de recursos para que le sea posible lograr el objetivo de ser entendido por los espectadores. Para eso necesita de una técnica”.
¡Salud compadre!. Las otras ya veían en camino.
“Sabe compadre, me dijo, tampoco me gustan los novilleros que creen que es el estilo el que le da el éxito a los grandes toreros. No entienden que los grandes diestros han convertido a la técnica en el instrumento que les facilita el acceso a los propósitos escénicos del ejercicio del toreo”. Su animación no me dejaba duda que estaba hablando en serio. ¡Salud compadre!, y deje me la acabo pues…
“Pues,… usted lo sabe compadre, me dijo. Arturo Macías con todo su crisma y valor, pero sin técnica, nomás no podrá llegar a ningún lado. Usted sabe compadre que Mario Aguilar, José Adame, Arturo Saldívar, y cualquiera que tenga buenas maneras y mejores hechuras, pero sino tiene técnica, nomás nadita de nada”.
¡”Salud compadre”!.
“Por eso no me gusta platicar con gente novicia que no entiende que todos los toreros para salir airosos del ruedo requieren de una técnica fundamental”.
¡La última y no vamos!, dijo mi compadre consciente de que era una vil mentira eso de la última.
“Y si la técnica exterior es de vital importancia, concluyó mi compadre, entendida ésta como la facultad para darle a cada astado la lidia correspondiente en términos de eficiencia y lucimiento, hay una técnica interior que, siendo de competencia exclusiva del diestro, es el cimiento de toda obra de la tauromaquia.
Intuí que, cuando mi compadre hablaba de la técnica interior, se refería al dominio de las emociones e ideas de los toreros, amplísimo vector psicológico por el cual se puede desviar una inmensa cantidad de energía que, al no capitalizarse, se desvanece y desperdicia.

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