24 julio, 2021

EL INOCENTE JUEGO DE TIRARLE PIEDRAS A LA LUNA.

ARRASTRE LENTO… Claro que interesa la corrida de hoy, quinta de la temporada, en la México. Por fortuna la podremos ver a través del excelente instrumento comunicante llamado televisión. Ojalá y se convierta en realidad aquello de que “no hay quinto malo”.

ARRASTRE LENTO… Claro que interesa la corrida de hoy, quinta de la temporada, en la México. Por fortuna la podremos ver a través del excelente instrumento comunicante llamado televisión. Ojalá y se convierta en realidad aquello de que “no hay quinto malo”. (Entre paréntesis quede claro que la expresión tiene sentido a partir de que ciertos ganaderos de prosapia a principios del siglo pasado lidiaban en quinto lugar el toro que, según las notas de tienta, y la adivinación de su intuición, les permitía vaticinar que sería el de mejor comportamiento).
¡Cuánta falta hace un torero y una faena a la mexicana!.
El deseo que tengo el éxito ¡a la mexicana! del festejo en el que participarán El Zotoluco, Perera y el Payo, con Campo Real- compartido con el grueso de los aficionados, en mucho se parece a los triviales juegos de mi infancia: con la esperanza de alcanzarla jugaba a tirarle piedras a la luna, pero como no lograba estallar en su masa una sola, le tiraba piedras al charco en cuyo fondo la luna se asomaba.
¡Cuánta falta hace un torero y una faena a la mexicana!.
Y digo que se parece porque en el virtual fondo del charco de la esperanza se asoma la ansiedad que sienten los aficionados por encontrarse con una tarde de locura a la mexicana. Creo que en consecuencia de la devota fidelidad que tienen a la Fiesta los pocos aficionados activos que hay en México se la merecen.
¡Cuánta falta hace un torero y una faena a la mexicana!.
En lo personal tengo un interés paralelo a la esperanza: los toreros mexicanos tienen la necesidad de hablar por su tierra. Explícome: me gustaría ver que un torero mexicano realice una faena que de una forma u otra capture primero, y exprese después, el espíritu mexicano que, inhibido, parece acomplejarse ante la versatilidad y contundencia de los toreros españoles.
¡Cuánta falta hace un torero y una faena a la mexicana!.
Y me gustaría que un torero mexicano, que pudiera ser en la tarde de hoy Eulalio López u Octavio García, se inspirara en los paisajes de México, en su gente, en sus sueños y anhelos, en sus desvelos y frustraciones, en sus amores y desamores, en sus tradiciones y sentimientos, en sus afanes y esperanzas, en su noble religiosidad, en su espíritu y en su identidad para dar satisfacción al legítimo deseo y de sus paisanos. Ya no basta con tirarle ilusiones a la esperanza. Tampoco es suficiente con alcanzarla en el charco de la fantasía.
¡Cuánta falta hace un torero y una faena a la mexicana!.
Pienso, cuando mal pergueño línea tras línea, lo que me leía en los enriquecedores textos, contenedores de las magníficas crónicas y reseñas, del insigne don Carlos García Septién, “Tío Quinto”: insistían en que en una plaza de toros, atiborrada de gente, y colmada de animación y bullicio, se encuentra viva el alma del mexicano; alma transparente que es luz y sentimiento. Alma recia y vigorosa que no se desvanecía como un suspiro.
¡Cuánta falta hace un torero y una faena a la mexicana!.

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