23 julio, 2021

EL MAL DE MONTERA, COMO SINONIMO DE LOCURA, APADRINA A ARTURO SALDIVAR.

ARRASTRE LENTO… El toreo es una actividad tan alucinante que pareciera estar muy por encima de la prudencia del hombre. Las cualidades que requiere el anhelante de conquistar la cima de la tauromaquia también pudieran parecer de carácter sobrehumano.

ARRASTRE LENTO… El toreo es una actividad tan alucinante que pareciera estar muy por encima de la prudencia del hombre. Las cualidades que requiere el anhelante de conquistar la cima de la tauromaquia también pudieran parecer de carácter sobrehumano.
Lo cierto es que el toreo como profesión es algo difícil de comprender, y más difícil aún de abrazar. Finalmente no se podrá negar que es una actividad –el toreo- tan humana que para realizarla con entendimiento y virtuosismo se requiere del sustento de virtudes que dan categoría superior a cualquier proyecto que se perfile hacia los confines del arte.
Ser torero: ¡vaya locura!.
Para ser torero además del privilegio de ser un heredado de la dádiva misteriosa de los duendes que predestinan al ser humano se necesita de aptitud física, inteligencia, valor, sensibilidad y sentimientos, pero sobre todo, como anexo obligado, un elevado concepto del compromiso y la honradez.
Ser torero: ¡vaya locura!.
La premisa indispensable es la vocación. Quienes gozan de ella, privilegiados por la naturaleza, son seres aparte, motivo que pudiera explicar el sentimiento de superioridad, puesto que el traje y la profesión elevan de categoría, que conllevan con su ser. Por eso sueñan con vivir en castillos de oro y mármol.
Ser torero: ¡vaya locura!.
Por su locura los toreros son otra cosa. Y si padecen de tan acusado mal, al grado de tildarlo como una enfermedad, o algo parecido, quiera el cielo que nunca sanen, por el contrario, ojalá y fuese posible que se agudizara su patología. ¡Qué maravilla ser loco por vocación!.
Ser torero: ¡vaya locura!.
Vistas así las cosas, el aficionado de Aguascalientes desea que el domingo próximo Arturo Saldívar, que confirma su alternativa, confirme que es un paciente gozoso del enajenante mal de montera y que su proceder obedece al rigor de los mandatos de su verdadera vocación. En él parecer que su vocación es la luz que lo ilumina, es el alimento de su ideal, es la fuente de la energía que lo impulsa. Saldívar, según el consenso sensible de los taurinos, al dejarse vencer por la fuerza de atracción de su vocación, podrá demostrarnos que ama su enfermedad, que ama su locura.
La locura de ser torero.
Ser torero: ¡vaya locura!.
Queda claro que Arturo por vocación parece estar destinado a ser un torero que, pese al largo camino que le queda por recorrer para que a través de la superación alcance la perfección en el terreno del arte, a partir del domingo puede trascender.
Por lo pronto, como buen enfermo, en su tez se refleja la inquietud que experimenta por lograr una adaptación triunfal en su proceso de formación y crecimiento, mostrándose convencido que su anhelo espiritual es apegarse a su vocación. A su enfermedad.
Ser torero: ¡vaya locura!.

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