ENRIQUE BERENGUER, “BLANQUET” Y SUS TRÁGICOS OLORES A CERA.

ANTES DE pasar al escrito del encabezado… Mañana en la Monumental Zacatecas de esa ciudad les recuerdo que hay corrida de toros, un mano a mano de espadas de esa tierra, Jorge Delijorge y el ganador del trofeo al novillero triunfador en su última etapa en ese rango, Antonio Romero, toros de “Rosas Viejas”. Y ahora a lo tétrico.
NINGÚN SUBALTERNO ha alcanzado la negra condición mítica del valenciano Enrique Berenguer, “Blanquet”. Él fue peón de confianza de Joselito, “El Gallo”, el rey del medio taurino de esos años, el hombre a quien nunca pudo un toro, pero a quien un astado terminó matando en una de las más célebres tardes de tragedia en la historia de la tauromaquia. Tan grande peón fue “Blanquet”, y en tanta consideración lo tenía Joselito, que en más de un festejo se puso a sus órdenes en el tercio de banderillas, como homenaje, y ofició de peón de su peón. El matador sirviendo a su subalterno. Bien nacido Joselito.
CUENTA LA leyenda que Enrique Berenguer fue un individuo lunático, de violentas y repentinas supersticiones, de oscuras ideas con fuerzas inexplicables. La tarde en que mataron a Joselito, “El Gallo”, el 16 de mayo de 1920, “Blanquet” olió fuertemente a cera en el aire de la plaza, y advirtió al maestro de que no debía estar en el ruedo. El quinto de la tarde, “Bailaor”, mató a José Gómez Ortega. Existe por ahí una fotografía de “Blanquet” velando el cadáver del maestro en que se le observa envuelto en una misteriosa aura sombría.
DOS AÑOS más tarde, en mayo de 1922, don Enrique figuraba en la cuadrilla de Manuel Granero. Camino de la plaza, en Madrid, el diestro detuvo el coche de caballos para hacerse una fotografía vestido de luces. “Blanquet” notó de repente un fuerte olor a cera, y visiblemente atemorizado trató de que Granero no torease ese festejo. Ante los reproches del maestro, la tradición oral asegura que “Blanquet” dijo: “Esta es la última foto que te haces, Manuel”. “Pocapena”, un toro del Duque de Veragua, mató aquella tarde a Granero.
ATERRORIZADO POR sus dotes de profecía, “Blanquet” se retiró de los ruedos hasta que Sánchez Mejías lo convenció para que regresase como su peón de confianza. “Blanquet” terminó por aceptar, bajo el juramento de que si volvía a oler a cera el maestro no torearía. El aguerrido subalterno le dio su palabra de honor de avisar a tiempo si volvía a él ese particular aroma.
EL 15 de agosto de 1926, Sánchez Mejías toreaba en la Maestranza. Estando en el callejón, Berenguer adivinó de nuevo en el aire un espantoso y penetrante olor a cera. Al parecer se produjo un altercado entre él, Sánchez Mejías y el resto de la cuadrilla, cuando el peón valenciano trató de que su matador no torease. El caso fue que Sánchez Mejías incumplió su palabra, hizo su faena con extrema precaución y la tarde acabó sin percances, entre burlas de los compañeros el supersticioso banderillero. Saliendo de la corrida, cuando se dirigían en tren hacia la del día siguiente, “Blanquet” cayó fulminado en su asiento de un súbito ataque al corazón. A otro tema.
LA CASA que compró Manuel Rodríguez Sánchez, “Manolete”, a su señora madre, doña Angustias, en la cordobesa avenida de Cervantes, fue construida en el año de 1890 por el ingeniero Tejón y Marín para el escritor y periodista José Ortega y Munilla, padre del filósofo, José Ortega y Gasset. La familia Ortega la ofertó posteriormente a un noble español y este al torero caído en Linares. Hoy todo un monumento de obligada visita del turismo que gusta de las estadísticas y de los temas taurinos. Por cierto que hace días comentaban ciertos amigos que el torero cordobés se había vestido de torero, el 5 de febrero de 1947, única tarde que la afición de Aguascalientes lo vio actuar, en el posterior tradicional hotel de los toreros, el desaparecido “Francia” y eso no es cierto. “Manolete” se hospedó en esa fecha en el hotel Imperial, cuarto numero 16, frente a Catedral, la habitación esta exactamente en la esquina de la calle 5 de Mayo y el jardín principal… Nos Vemos.

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