CASTELLA INDULTA AL DE REGALO, SALDÍVAR CORTA UNA OREJA Y ANGELINO SE JUEGA LA VIDA.

Domingo 12 de diciembre del 2010. Sexta corrida de la temporada de la Plaza de toros México.
Toros: Cuatro de Teófilo Gómez, primero, segundo, tercero y séptimo. Relativamente bien presentados, sosos, débiles y con un punto de nobleza. Al de regalo le indultaron porque se dejó pegar cientos de pases.
Tres de Los Encinos, cuarto, quinto y sexto. Bien presentados, sin bravura de la buena, ni raza, ni nada. El quinto aprendió rápido.
Toreros: Arturo Saldívar, estoconazo al de la confirmación: una oreja. Al cuarto, que se partió el pitón derecho al inicio del tercio de muerte, lo mató de dos pinchazos y casi entera: silencio.
Sebastián Castella, estocada entera a medio lomo en el segundo de la tarde: salida al tercio. Al cuarto lo despachó de una casi media estocadilla efectiva: silencio. Regaló un séptimo al que indultó: triunfal vuelta al ruedo a hombros.
José Luis Angelino, mató al tercero de la tarde de una media estocada: silencio. Al quinto lo liquidó de buena estocada clásica para salir al tercio con petición de oreja.
¡Ay, los matices de una corrida tan extraña!.
Nuevamente, no volvió a salir un toro bravo por la puerta de toriles de la Monumental de Insurgentes, pero en el papel habrá quien catalogue esta sexta corrida como un éxito del arte excelso de Castella. En fin, pan y circo.
Arturo Saldívar confirmó la alternativa dando una buena cátedra de toreo serio y de verdad. El primer toro de Teófilo fue complicado por débil, pero a veces se dejó torear por el pitón izquierdo. El confirmante de Aguascalientes hizo todo lo toreramente posible para gustar y gustarse. La valentía, el oficio y el temple precedieron a una estocada contundente que hizo que hasta el maestro Pana, quien estaba en el tendido, sacara el pañuelo para exigir una oreja ganada a pulso.
Al sexto, un bicho que no había dado color en los primeros dos tercios, lo despitorraron en matadores y ahí acabó la esperanza. No se nos olvidará la planta torera de Arturo, ni su alegría por estar frente al toro. Ojalá le veamos pronto y con ganado bravo. Soñar no cuesta nada ¿o sí?.
Castella se enfrentó en primer lugar a un bicho potable, pero cayó en los desarmes y en el abuso de sus enormes manteles, que son ahora sus trastos de torear. Luego, en el cuarto, se empeñó en hacer desplantitos y en enfurruñarse como un niño malcriado. Bueno, el torillo no ameritaba más, aunque quizá el público sí merecía más respeto.
Todo cambió en el de regalo. Sebastián volvió a la quietud y a la torería encantadora de la que hacía alarde hace unos años. Toreó al de Teófilo Gómez de manera fabulosa. Hubo cambiados por la espalda, forzados de pecho, cambios de mano, vitolinas y toreo largo, larguísimo por ambos perfiles. La gente le dio el consagratorio grito de : ¡Torero, torero!, porque la entrega y el arte conmueven hasta a las piedras. Castella buscó la complicidad del respetable e indultó al cornúpeto. En los niveles de interpretación de todas las tauromaquias, hay quien corona las faenas con una estocada para cortar orejas y rabos a ley, y hay quien teme pinchar. El diestro de Béziers nos dijo claramente que prefiere el triunfo efímero a la gloria seria. No obstante, debo decirle a usted que me emocionó ver al francés como hace cuatro años, en torero y con hambre. Esperemos que la vena del toreo serio y estético no vuelva a escapársele.
José Luis Angelino pechó con lo más complicado del encierro. El tercero fue un animalito de don Teófilo que se cayó en el capote y se murió, prácticamente. El de Tlaxcala estuvo firme y bien, intentando todo, pero sin toro.
Cosa distinta sería su labor en el quinto del festejo. Lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas en las que le toro se venció de manera preocupante. Ya de pie, al intentar un lance, el morlaco se le echó encima y le cogió de forma espeluznante. Groggy, pero torero macho, José Luis puso los palos. El segundo par fue de escándalo, en los medios y de poder a poder. Y el tercero fue en todo lo alto y por dentro. Ya con eso, otro cónclave más taurino y menos malinchista se le hubiera rendido, pero está visto que en La México el corazón de los “aficionados” se endurece cuando el torero logra imponerse al toro y demuestra garra.
La faena muleteril fue de riñones, de torero grande, aguantando miradas y dudas del toro. Hubo momentos de grandes muletazos en un palmo y de verdadera torería sin almíbares ni fruslerías. Angelino mató a ley, pero como ya señalé, la gente no quiso sabe nada del toreo verdad, de exposición y poder. Los entendidos sacaron el pañuelo blanco, pero no contagiaron al resto de los ocho mil paganos.
Después de que las mulillas se llevaron al avisado toro, Domingo López “Zotoluco”, picador de toros, se despidió de la profesión dando una vuelta al ruedo. Quizá José Luis salió al tercio, pero todo fue confuso y un poco decepcionante.
El balance no es malo, pero en la mente de los cabales el indulto fue desproporcionado, y la torería de cercanías y riesgo quedó en manos de Angelino y de Saldívar. Lo de Castella fue precioso, pero sin la hondura que ameritaba el de regalo, sin la suerte suprema. Y hasta donde sabemos, los héroes de los cosos taurinos se anuncian como matadores de toros, no como indultadores de Hermanas de la Caridad.

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