24 julio, 2021

AUN BRILLA LA ESTRELLA DE BELEN, COMO BRILLA AHORA EL ASTRO LUMINOSO DE CASTELLA.

ARRASTRE LENTO… “En el nombre del cielo os pido posada…”.

ARRASTRE LENTO… “En el nombre del cielo os pido posada…”.
Hoy empieza la ensordecedora celebración anual de calendario que ya poco o nada conserva del espíritu que la originó. Las “posadas”, vistas desde el perfil mexicano, es una tradición que traicionó su esencia pues ya no son sino una mascarada ficticia de las huellas del peregrinar de José y María en busca de un lugar donde pudiera nacer el que vendría a incendiar la tierra… ¡de amor!.
“En el nombre del cielo os pido posada…”.
Me niego a sepultar los ricos legados de las tradiciones: creo que las “posadas” siguen siendo un elemento que inspira sentimientos facultados para optimizar la fraternal convivencia en torno a una piñata que, cuando es vapuleada, explota con el estruendo obsequioso de la alegría y la esperanza.
“En el nombre del cielo os pido posada…”.
¡Claro que le tengo afecto a la Navidad! La conozco desde niño.
Como desde niño conservo el añejo gusto de mirar al cielo de noche en busca de la estrella guía que evitó que los Reyes Magos no sólo no se extraviaran sino que, iluminados con el centellar esplendoroso de la luz que otros ojos no pudieron apreciar, sumisos dieran una gran lección de humildad.
“En el nombre del cielo os pido posadas…”.
Algo parecido, viendo la corrida de toros celebrada en la plaza México, me pasó el domingo pasado: buscando en el cielo de la televisión la estrella que pudiera guiar a las nuevas generaciones de toreros para que no pierdan el rumbo a la gloria, me encontré con la estrella del galo Sebastián Castella. ¡Claro que le tengo afecto a la Navidad!, como afecto y respeto le tengo al toreo. Por eso es que asocio una con otro: desde niño ambas expresiones fueron depositarias de mis sueños, ilusiones, esperanzas y alegrías.
“En el nombre del cielo os pido posada…”.
Sólo que,… viendo la polémica y controversial conclusión de la actuación de Castella con el de regalo, ya influenciado por los aires navideños se despertó en mí el deseo de que el toreo sea felizmente apreciado en las nuevas maneras de interpretarlo y concebirlo.
Fugazmente vino a mi mente la estrella de Belén. Cuando la tuve en la imaginación, emocionado con los alardes estéticos de Castella, convertido en un astro brillante, comprendí que los toreros no deben poner la vista en la arena de los ruedos buscando las estrellas –imágenes convencionales- sino dirigir la mirada al firmamento de la esperanza labrada para apreciar el embrujo del misterio y la magia de la sencillez del arte, la inspiración y la entrega no comerciales.
“En el nombre del cielo os pido posada…”.
No renuncio a revitalizar la ilusión depositada en la Navidad y la Fiesta de toros mexicana pues a pesar de lo viejas que son no se agota su rico manantial, ese que la ingeniería emocional, trazando canales luminosos, lucha por evitar que se le fuguen las corrientes de su propia tradición.
Pero para lograrlo las nuevas generaciones de toreros no deben poner los ojos en el suelo sobre el que van los vanidosos pies de los peregrinos de la Fiesta. Las huelas de las estrellas, como Castella, solamente son visibles en el telón de la pobreza humilde que brilla en el cielo de la esperanza, de la ilusión.

Deja un comentario