28 julio, 2021

¡LA NAVIDAD ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!.

ARRASTRE LENTO… No deja de parecerme única la noche de Navidad. Noche luminosa, festejada con estridente sonoridad y estremecedora alegría. Lástima que la escandalosa publicidad le conduzca, malformada, y en medio de un carnaval hipócrita y enmascarado, a una comercialización irritante.
¡Que es una noche que no sabe dormir!.

ARRASTRE LENTO… No deja de parecerme única la noche de Navidad. Noche luminosa, festejada con estridente sonoridad y estremecedora alegría. Lástima que la escandalosa publicidad le conduzca, malformada, y en medio de un carnaval hipócrita y enmascarado, a una comercialización irritante.
¡Que es una noche que no sabe dormir!.
Noche, de la Navidad, que a pesar de sus dos mil años de existencia llega a los corazones todavía con aires de primicia. Noche que, por los cánticos y arrullos que la acompañan, parece que fuera la primera. Noche ciertamente paradójica.
Y cómo no habría de serlo –paradójica- si el Niño Dios habiendo nacido débil, tiritando de frío, urgido de abrigo, de caricias, de alimento, de atenciones, de mimos y ternuras, se convirtió en una criatura tan fuerte y vigorosa que llegó a ser considerado como el señor de los ejércitos. ¡Que es una noche que no sabe dormir!.
Como rayo, y con estruendo, viene a mi mente el toreo. Hasta me pregunto si la Fiesta no vive una noche tan larga que pareciera impedida a despertar. Por la opacidad de sus sombras, el toreo mexicano ciertamente vive dentro de la congeladora y en medio de una relativa oscuridad.
Y también me parece paradójico que el toreo, habiendo venido al mundo entre palacios, reyes, príncipes, cortes y ejércitos, y su ejercicio haya provocado aullidos estridentes de alegría de los pueblos apasionados que celebraron y festejaron su nacimiento, haya llegado a eclipsarse tan dramáticamente. Es paradójico que el brillo de las candilejas del toreo esté a punto de extinguirse. Hoy me resulta paradójico que los grandes capitanes y generales del toreo, como soldados rasos, vivan confundidos con la milicia.
¡Que es una noche que no sabe dormir!.
¿Ya no hay caricia que mime al toreo?. Sobre todo al mexicano que, picoteado con la ponzoña de los insensibles se bate entre la vida y la muerte toda vez que quieren a como dé lugar exterminarla.
¿Ya no hay caricia que mime y dé calor al toreo mexicano?. Aunque en lo personal celebre la manifestación artística y emocional del toreo no puedo negar que la Fiesta de toros mexicana vive en una noche silenciosa, como esas en las que se adivina la fatalidad.
¡Que es una noche que no sabe dormir!.
Paradojas de la vida, que no es lo mismo que la vida en paradojas. Pues paradójico me parece que la noche de Navidad, pese a su larga existencia, sea escandalosamente promovida con grandes espectaculares, y monumentales espacios luminosos, y que el toreo, también con cientos de años de vida, ya no lo promuevan ni publiciten.
¡Por qué la sociedad mexicana se ha desinteresado del toreo?.
Tal vez porque la dejaron dormir en una noche tan larga que, cuando bosteza con amenazas de despertar, vuelve a caer en el sopor que perdió le candor de la primera vez.

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