5 agosto, 2021

LA PREPONDERANCIA DE LA FIESTA EN MÉXICO NO FUE MITO NI UTOPÍA.

ARRASTRE LENTO… Lo que piensan los aficionados no lo expresan con el acento lastimero que atrae la compasión, ni lo dicen tampoco con el pesar que causa el dulce calvario de lo perdido. Pero es incuestionable que en la mente de los taurinos con cierta edad quedan imágenes en las que se magnificaba la preponderancia del toreo como diversión.

ARRASTRE LENTO… Lo que piensan los aficionados no lo expresan con el acento lastimero que atrae la compasión, ni lo dicen tampoco con el pesar que causa el dulce calvario de lo perdido. Pero es incuestionable que en la mente de los taurinos con cierta edad quedan imágenes en las que se magnificaba la preponderancia del toreo como diversión.
En ese contexto es fácil comprobar que en México la Fiesta moderna vive en un ambiente en el que se exaltan valores cultivados en las fértiles llanuras de un pasado heroico. Lo actual, para valer, tiene que salvar la aduana en la que se comparan el pasado y el presente.
Irremediablemente, en ciertos aspectos, el ayer es mejor que el hoy, por lo menos la asistencia a las plazas confirman el supuesto: ayer eran comunes las grandes entradas, en tanto que hoy dan pena. ¿Se sentirán extraños los toreros actuando en tan preocupante soledad?.
¿Preponderancia perdida?.
Ciertamente resulta significativo el hecho de que el toreo ya no tenga la demanda tumultuaria de los años setenta. En el ámbito local, Aguascalientes, quienes lo vivieron, no cejan de alabar el ambiente, el bullicio y la animación exaltada de los llenos que se hacían en el coso San Marcos en los días principales de la feria.
¿Preponderancia perdida?.
Hay recuerdos que hablan al oído, y gritan al corazón. Como esos que con frecuencia encuentro luego de hurgar con esmerada laboriosidad, para no destruirlos con un brusco y desaseado manejo, en las páginas de las revistas antiguas. Recuerdos en forma de fotografía que son como pinceladas breves, pero sorpresivamente brillantes y reveladoras: ¡vaya entradones en la plaza México!.
Un aficionado joven, al ver las fotografías que le mostré de los años pretéritos, las llamó “novedades” viejas, reliquias gráficas que, aunque se van emborronando, no dejan de ser el antecedente inmediato de la época actual.
En el toreo la antigüedad adquiere valor solamente cuando tiene interés novedoso. A los aficionados modernos les debería interesar el pasado de nuestra Fiesta pues, siendo parte estructural de la historia, sorprende que hoy las cosas sean de diferente manera. Y no se trata de ver el ayer como simple recuerdo toda vez que los recuerdos muertos no significan nada: el recuerdo de esos entradones colosales, verdaderos ríos de agitada y animada muchedumbre, debiera alentar el análisis concienzudo del proceso cambiante y evolutivo del toreo en México para determinar las causas que dieron origen a la pérdida de la preponderancia como espectáculo.
¿Preponderancia perdida?.
Lo cierto es que quienes viven de la Fiesta, y los ligados con ella y sus valores de alta jerarquía, están comprometidos a construir el edificio de la nueva Fiesta en México con las piedras vivas de las renovadas actitudes, de las ideas revitalizadas, de las rejuvenecidas disposiciones. Ya es tiempo que la creatividad y mercadotecnia, tecnología moderna, hagan su aporte para que el toreo se reactive como rito, espectáculo, diversión y arte.

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