24 julio, 2021

CUANDO EN EL TOREO HAY RESPETO TAMBIÉN HAY SERIEDAD Y CATEGORÍA.

ARRASTRE LENTO… El pretexto era lo de menos, pero como recurso despedir el año fue válido para reunirme con mi sagrado compadre en el tianguis de las ideas y sentimientos, que a sí le llama mi compadre a los sitios de recreo donde se abre el corazón en oferta.

ARRASTRE LENTO… El pretexto era lo de menos, pero como recurso despedir el año fue válido para reunirme con mi sagrado compadre en el tianguis de las ideas y sentimientos, que a sí le llama mi compadre a los sitios de recreo donde se abre el corazón en oferta.
A mi compadre le chocan las fórmulas de cortesía, aún así acepta aquello de que año nuevo es vida nueva siempre y cuando, como él lo dice, la idea sea concebida como la expresión de un anhelo legítimo: el de la renovación. Lo que con apacible clemencia renovó mi compadre fue el contenido de la copa.
“Compadre, me dice, creo que los taurinos debieran estrenar un nuevo estilo de concebir el elevado rango del toreo. No es posible que los diestros modernos hayan cambiado la majestad y la categoría por un papel de actores”.
O sea compadre que, quise intervenir sin lograrlo.
“O sea que, me cortó tajante pare seguir con su ameno discurso, que los toreros tiene un concepto muy vulgar de la categoría torera. No se respetan ni ellos mismo asumiendo roles con poca dignidad, por eso insisto en que la renovación de ideas y actitudes en el medio es necesaria.
Hay que estrenar. Afortunadamente todavía hay quienes románticamente quieren renovar el concepto del respeto mirándolo con una visión sagrada. El respeto, dijo alzando la copa con tosca imitación al cuadro en el que se imagina se llevó a cabo El Brindis del Bohemio, es una condición indispensable para valorar la natural nobleza de la Fiesta. Sin eso no hay nada”. Cuando hay respeto hay seriedad.
Sabiendo que no me iba a dejar hablar, inspirado por naturaleza, y emocionado al calor de los chorritos de licor que tan sabrosos saben en el tianguis de las ideas, mi compadre continuó con su fluida perorata argumentando que es un grave sacrilegio faltarle al respeto al mundo de los toros pues, como catastrófica consecuencia, se banaliza lo maravilloso.
Sabe que la Fiesta como rito no es la misma sin esa sensación de solemnidad y grandeza.
Comunicándose por el celular, mi compadre conversó con mi comadre, indicándole que por ningún motivo, y llegara como llegara, erguido o tambaleante, fuera a desprender la última hoja que exhibe el calendario pues es una ancestral ceremonia que, oficiada con religiosa puntualidad, él no se la puede perder. “Yo también quiero estrenar, dijo el compadre, por lo menos el calendario”. No sé qué le diría mi comadre, pero apagó el aparatito refunfuñado “a los listos nadie los enseña, y a los tontos nadie los entiende”.
Cuando hay respeto hay seriedad.
Para no variar, y conforme el espíritu bohemio de la noche, mi compadre renovó el contenido de su copa, copa que se hicieron dos pues llegaron juntas las de la casa –costumbre de René siempre agradecida-. Antes del último trago me pregunta: compadre ¿quién es ese mentado Francisco Marco que se presenta el domingo en la México? El silencio fue mi respuesta: eso sí, muy respetuosa.

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