24 julio, 2021

LA HISTORIA, MAESTRA ANTIGUA DE PEDAGOGIA, REVELA LA IMPORTANCIA DE LA INTELIGENCIA.

ARRASTRE LENTO… En ciertas mentes, no pocas por cierto, se alberga la idea de que el toreo es una actividad que está muy por encima de la prudencia del hombre. Inclusive hay quienes afirman categóricos que las condiciones que requiere un anhelante de conquistar la cima de la tauromaquia son de carácter sobrehumano.

ARRASTRE LENTO… En ciertas mentes, no pocas por cierto, se alberga la idea de que el toreo es una actividad que está muy por encima de la prudencia del hombre. Inclusive hay quienes afirman categóricos que las condiciones que requiere un anhelante de conquistar la cima de la tauromaquia son de carácter sobrehumano.
Es cierto que el toreo como profesión es difícil de comprender, y más difícil aún de abrazar, empero queda claro que es una de tantas manifestaciones humanas que por sus características parece rara. Y es tan humana que para realizarla con precisión y entendimiento se requiere del sustento de las virtudes que dan categoría superior a cualquier proyecto que se perfile hacia los confines del arte.
Se dice que los toreros necesitan tener como dádivas gratuitas de la naturaleza, empaquetadas en el concepto de la vocación, aptitudes físicas, valor, inteligencia, sentimiento, corazón, y sobre todo un elevado concepto del compromiso, la responsabilidad, la honradez, y de la dignidad. Por lo que verán los taurinos el domingo próximo en la México me parece oportuno considerar en renglón aparte la inteligencia. Cierto, los toreros triunfadores han sido inteligentes, y las figuras mucho más.
¿A qué viene tal consideración? Muy sencillo: Francisco Marco, un diestro español desconocido para la afición capitalina, Omar Villaseñor, y José López deben tener la mente clara, y la sangre fría, para entender que, sobre todo los dos diestros mexicanos, están ante lo que pudiera ser la última oportunidad que la vida les concede para triunfar en la capital. Están en el andén esperando subirse al tren de los triunfadores, y si lo dejan ir… ¡la arrepentida que se van a dar!
Ya hablamos de otra cualidad de los toreros: el corazón, la entrega, la actitud y la disposición. Claro, estas virtudes se levantan solamente sobre el valor.
Así las cosas, es de esperarse que la tercia, anhelantes de grandes conquistas, salgan al ruedo metropolitano con valor, ganas, actitud, sentimiento e inteligencia. Inteligencia para valorar el sentido de la oportunidad; inteligencia para entender las condiciones de los toros; inteligencia para saber responder a las necesidades técnicas que exige una lidia exitosa.
¿Qué quieren los aficionados? Pues por lo menos que, habiendo tomado conciencia los toreros de la oportunidad que reciben, y considerando que por su poca actividad muestren estar carentes de sitio, que por lo menos sean espléndidos y generosos con los frutos del corazón.
Sería buen regalo de Año Nuevo. Regalo que se percibiría como la estela olorosa -perfume de gala- del aroma que sólo se encuentra en las profundidades misteriosas del corazón humano.

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