1 agosto, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Revuelo, mitote, relajo y mil notas de primera plana en los medios locales provocó la oficial toma de posesión del nuevo gobernador del estado de Aguascalientes; también mereció notas de interior en los diarios nacionales el hecho. Todo cuando la entidad llega a este calendario sangrante, balaceada y “azorrillada” por la delincuencia “bien organizada”. A dos meses de la protocolaria ceremonia, que se derramó con pipa y guante, platillo y bombo, tal como nunca había sucedido, tomó la batuta de la alcaldía de la ciudad capital la licenciada Lorena Martínez

Revuelo, mitote, relajo y mil notas de primera plana en los medios locales provocó la oficial toma de posesión del nuevo gobernador del estado de Aguascalientes; también mereció notas de interior en los diarios nacionales el hecho. Todo cuando la entidad llega a este calendario sangrante, balaceada y “azorrillada” por la delincuencia “bien organizada”. A dos meses de la protocolaria ceremonia, que se derramó con pipa y guante, platillo y bombo, tal como nunca había sucedido, tomó la batuta de la alcaldía de la ciudad capital la licenciada Lorena Martínez, segunda mujer que será, en toda la historia local, la mandamás de los asuntos municipales en la urbe que comprende la capital dicha de las aguas cálidas. Llena este acto, como siempre, al pueblo de ilusiones y esperanzas renovadas de que surgirá un cambio, cundo no solo abrillante más el espejismo. José Fuentes Mares, en honda filosofía, refiriéndose a cada fin de sexenio condensó y reveló el sentir del mexicano cuando se da este suceso escribiendo así: “En ciclo recurrente, cada seis años mure un Dios y nace un Dios en milagrosa metamorfosis”. Por su puesto que se refiere a los adioses y por consecuencia arribos de los presidentes de la república, sin embargo bien que se puede aplicar a los gobernadores.
Se dijo, aunque no con modos oficiales, que Manolo Ramírez ya no estará más en los balcones taurinos de la San Marcos y Monumental desde donde, teóricamente, se hacen valer los códigos que garantizan la calidad del espectáculo a los aficionados y el exitoso desarrollo de toda función taurómaca.
En suerte de ello, los rumores en los sitios de reunión de los comentaristas taurinos se inflaman peligrosa y tremendamente de quienes podrían ocupar el complejo y mal oliente puesto; los nombres … varios, entre ellos los de Eduardo Martín Jáuregui y Xavier González Fisher
Cualesquiera de estas personas, ambas abogadas de profesión, que ocuparan la palomera de jueces, de alguna manera harían que naciera la ilusión, bien fundada, en los aficionados de que la fiesta aumentaría sus elementos de autenticidad. O simplemente los harían valer.
Los dos se tienen por taurinos, es decir, son hombres aficionados a la fiesta brava y con una respetable experiencia sobre los hierros estructurales de ella. Sustentan un criterio sólido para justipreciar los bemoles del espectáculo de seda y oro. Incluso Jáuregui ya marcó en su currículum que ha sido juez de plaza… aunque en una sola tarde; Fisher por su lado tiene mucho escrito sobre toros, incluido un libro. Más, ambos se tasan en la sociedad como profesionistas decentes, honrados y rectos. Se conoce el amor que le tienen a la más bella de todas las fiestas. Añadidura positiva.
Sí que se planta al frente una serie de peligros.
Hay en el sector “profesional” taurino de la localidad, pero que digo, de México entero, un humo de vicios que sobrepasan tal vez a cualquier nombre que se designe oficialmente para que represente la mano del municipio en el desahogo del espectáculo. Se dice incluso que atrás, allá en el peldaño de más arriba, el del estado, es de donde se producen los vicios y salen ilegítimamente los mandatos, así sean estos honestos o no. ¿Mediará en ello el signo de los billetes o cortesías exuberantes?
Lo que se deduce, según los hechos, es que el juez más bien funge, la mayoría de las ocasiones, como alcahuete, servilista, tapadera, cómplice, y, de algún modo, socio del quien organiza el espectáculo.
Si no es así ¿Cómo entonces comprender que un hombre supuesto taurino y conocedor, de criterio y experiencia, con años de ver y disfrutar la fiesta se incline, sobre todo, al momento de recibir encierros que evidentemente no cumplen en presencia con el rango de reclamos de una feria que se auto presume como la más importante de América o, como escribió alguien fingiendo imbecilismo, la segunda del mundo?…
Dañoso es que entre la autoridad y la empresa haya homogeneidad de ventajosas ideas.
El formulario para que la fiesta se engrandezca es muy “sencillo”: aplicar a rajatabla los incisos del reglamento, a razón de que éste es muy claro, demasiado claro, mejor.
Ahí está el remedio para que la Feria Nacional de San Marcos, en su parte taurina, pase de ser un divertimento popular y satírico, a un espectáculo que igual, divierta pero que también sea tasado como de calidad. Que no solo provoque la alegría y la carcajada, si no que exalte emociones hondas, salidas de las cuerdas sonoras y escondidas en la parte más noble del alma. De eso se trata el oficio de torear reses de lidia.
Totalmente dependerá eso de que, primero, quien se ponga en el balcón de la autoridad sea incorruptible, de probada honestidad y que, lo difícil, la autoridad municipal realmente apoye, según es su obligación, las decisiones de ese virtual juez.

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