24 julio, 2021

¿QUÉ ES ESTO? ¿QUÉ HA PASADO AHÍ?.

ARRASTRE LENTO… No fue por la temperatura ambiente pese a que estamos padeciendo la violencia de un crudo invierno; no fue porque me faltara abrigo pues estaba a buen resguardo; ni fue porque estuviera próximo a un resfriado que gracias al cielo mi salud es como para echarme todas las frías que mi cuerpo aguante. Lo cierto es que, al ver las primeras imágenes –en ese brusco instante empezaron mis tribulaciones no reflexivas pues éstas vendrían después- de lo que ocurría el domingo en la plaza México –por la televisión- quedé virtualmente helado.

ARRASTRE LENTO… No fue por la temperatura ambiente pese a que estamos padeciendo la violencia de un crudo invierno; no fue porque me faltara abrigo pues estaba a buen resguardo; ni fue porque estuviera próximo a un resfriado que gracias al cielo mi salud es como para echarme todas las frías que mi cuerpo aguante. Lo cierto es que, al ver las primeras imágenes –en ese brusco instante empezaron mis tribulaciones no reflexivas pues éstas vendrían después- de lo que ocurría el domingo en la plaza México –por la televisión- quedé virtualmente helado.
Si lo dijera con timbre poético utilizaría la palabra pasmado para referirme a la extraña sensación que experimenté cuando vi el graderío del monumental coso capitalino.
¡Qué contradicción tan notable: la plaza más grandota del mundo, con capacidad para cuarenta y tantos mil espectadores, vacía!
Asombrado, perplejo, o como usted lo quiera destacar, vi la lidia de los seis bichos de Carranco en la peor compostura emocional. ¡No puede ser que esté sucediendo lo que está sucediendo!
¿Qué palabras pueden explicar lo que ocurre con la afición del Distrito federal? ¿Qué estructura sonora, entendida como lenguaje común, puede detallar las causas que han dado origen al brutal desaire de la sociedad metropolitana al fenómeno del toreo?
Y no crea que mi asombro es exclusivo: un fiel lector de ésta columna radicado en la capital del país, la que llega a sus ojos por la magia de los medios electrónicos tan en boga, haciendo verdadero prodigio en la síntesis de sus comentarios tan sólo escribe. ¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado ahí?
Cuando quise responderle no supe por dónde empezar. Conmovido, y aunque no le respondí, pero sí lo pensé, quise decirle que desde hace un buen tiempo algunos aficionados ya estamos acostumbrados a la idea de ver la plaza México en el vacío. ¿Por qué vacía?. No lo sé, pero así es.
Para algunos de nosotros el hecho es consabido, y lo tomamos como cosa natural. Y la verdad sea dicha, me conmueve el pesar, y me desalienta el aire caliente del bochorno de aficionado avergonzado. ¿Con qué cara podemos ufanarnos de la más hermosa de las Fiestas si los aficionados son ahora los primeros en darle la espalda?
¿Y los toreros que lo vieron?, ¿Y los empresarios que lo vieron?, ¿Y los ganaderos que lo vieron?, ¿Y los aficionados que lo vieron?, ¿Y la prensa que lo vieron?. Pues parece que ni se enteraron. O de plano se hacen de la vista gorda para no intentar resolver, o por lo menos plantear el grave problema en el que está metida la Fiesta en el Distrito Federal.
Ese, a mi leal entender, sería el punto de partida para el año 2011: plantear el problema, analizarlo, y de tener solución… ¿cuál será?.

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