31 julio, 2021

¿SERÁ CIERTO QUE EL TOREO MODERNO YA NO CUENTA CON POESÍA, NI GITANOS, NI ROMÁNTICOS?.

ARRASTRE LENTO… Mi compadre, el que en una de sus tantas reencarnaciones que dice tener, sin lugar a dudas debió haber gozado de cierta vena poética deslumbrante, insiste en afirmar que la moderna Fiesta de toros mexicana está en el umbral de la desposeía. Y a veces hasta se lo creo.

ARRASTRE LENTO… Mi compadre, el que en una de sus tantas reencarnaciones que dice tener, sin lugar a dudas debió haber gozado de cierta vena poética deslumbrante, insiste en afirmar que la moderna Fiesta de toros mexicana está en el umbral de la desposeía. Y a veces hasta se lo creo.
No por eso dejo de considerar que en cuestión de criterios mi ilustre compadre, con el que se platica en amena sabrosura cuando refresca su memoria –como ayer- en el merendero de costumbre, el que por cierto tiene nombre de santo, algo tiene de anacrónico. Y lo digo toda vez que no concibe el toreo sin aires gitanos, mucho menos sin ventiscas románticas, esas que conmueven el alma, y estremecen el corazón. Para él la Fiesta, cuando carece de la pasión del poeta y del enamorado, es una pintura sin matices de inspiración.
Lo de anacrónico, entendido como una figura que expresa el inadecuado uso o interpretación de las costumbres de la época, tiene su explicación: por necesidad cultural vive mi compadre en el pasado.
Y cómo no habría de creer que vive en aquellas épocas si uno de los grandes deleites de mi compadre es refugiarse en libros y revistas editadas, y mejor cuidadas, en décadas bien refundidas en la añeja historia. En resumidas cuentas, mi compadre algo tiene fuera de la época que nos ha tocado vivir.
Lo mejor que pude haber hecho fue dejar hablar a mi compadre. Y entre sorbo y sorbo se dio a la dilatada tarea de exponer en voz alta su teoría no carente de sentido: “es en la lectura de esas ediciones antiguas en las que me doy cuenta, afirma mi compadre, que el toreo viejo contenía sesgos mucho más enfáticos y exagerados en cuanto a los tintes poéticos, y que era un drama tan popular que verdaderamente conmocionaba las conciencias colectivas”.
Cuando habló del toro quienes lo escuchamos en complaciente silencio lo respaldamos: “los aficionados modernos no quieren entender que es el toro el que ha impuesto el etilo del toreo. Lo que sucede hoy es una consecuencia nada más, ya que antes el torero se preparaba para cuidarse del toro, y ahora los toreros y ganaderos tienen que cuidar al toro”.
Otro sorbo, y otra desbordada explicación de mi sacrosanto compadre: “el toreo actual, a veces acartonado, a veces rutinario y a veces monótono, exige un toro especializado en la suavidad, en la claridad, en la continuidad, y en la emotividad”.
Ya para rematar su docta oratoria mi compadre también se refirió a las diferencias temporales en el toreo: “si los aficionados modernos se dieran tiempo para infiltrarse en la literatura antigua, por necesidad hiperbólica, -la alusión de mi compadre era en relación a la parábola didáctica- en la que se destacaba el perfil que hoy es novedad, comprenderían la multiplicación y rivalidad de los aficionados “istas” con carácter de romance.
Con la última, la de la casa, mi compadre concluyó: “Para qué hablar de poesía si ya no hay poetas en el toreo, para qué hablar de romance si ya no hay románticos en el toreo, para qué hablar de Gitanerías, si ya no hay gitanos”.

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