29 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

¡Cuán difícil es ver ahora en México, sea cual fuere el coso, un encierro cuajado, con barba salida, trapío y buenos piensos y que tales virtudes en conjunto le otorguen la natural grandeza a las ancestrales y mágicas tardes de toros.

¡Cuán difícil es ver ahora en México, sea cual fuere el coso, un encierro cuajado, con barba salida, trapío y buenos piensos y que tales virtudes en conjunto le otorguen la natural grandeza a las ancestrales y mágicas tardes de toros.
El atomizado campo de nuestra patria guarda, de cualquier manera, espacio suficiente para la crianza del toro de lidia; mejor pensar que para que un bovino aborde a su plenitud y madurez, léase etapa adulta, no es cosa de espacioso terreno, más bien de tiempo. De eso es de lo que se está abusando, es decir, de acelerar, que no evolucionar, la entrega de animales para su sacrificio en los ruedos. Todo está en la vergüenza y el honor. Virtudes estas que parece que los dueños de los hierros más solicitados –acaso diez- no tienen.
Atrás de cada dehesa, buena o mala, con honor o servilista, existen los recios puntales de un empresario de tasa alta. Bien revelado, no operan en la crianza del toro de lidia pirámides económicas que pudiesen trastornar y determinar el bienestar de los criadores, opera mejor la escala de la moralidad, que es justo la que descuidan y como consecuencia se cuartea, cuando no se desmorona.
Llega la doble mentira, el engaño al cuadrado, la burla duplicada. Treinta mil pesos es lo que las empresas pagan en las plazas de primera por un toro –el que sea, ya el genuino, ya el apócrifo-, varios miles más, varios miles menos. Si partimos del punto real en el que el kilo de carne para el consumo –sitio a donde va a acabar la canal de la res lidiada- es pagado en el mercado a veinte pesos, y si en promedio lo que venden los ganaderos apócrifos pesa en pie 480 kilos, se habrá sumado la cantidad de nueve mil seiscientos pesos. Luego, según la ciencia exacta de las matemáticas, el resto del precio por ejemplar será de veinte mil cuatrocientos; ese resto se supone que es la bravura, pero cuando esa bravura, aunque se la mínima, no aparece en los bovinos… ¿Qué es lo que entonces están vendiendo?
Y que digo. Ese fraude lo paga el público. Es decir, paga, por su ignorancia, un producto a precio de oro cuando en la realidad es bisutería…
En México, y es claro, nunca ha sido negocio la crianza del ganado de lidia. Hoy se pasaría de ingenuo aquel que proyecte la actividad como tal. Piénsese que por mucho que se adelante un cornúpeta para una corrida, con los vicios y malsanos recursos por los taurinos conocidos, se habrán pasado tres años y algunos meses, pocos. En tales calendarios pudieron haberse sacado, en promedio, tres destetes y medio de bovinos de carne, raza que exige cuidados y manejo mil veces más sencillos que la brava… o bien, pudieron haber sido rematadas aproximadamente doce engordas, igual, de ganado manso, por su puesto. En suma, este par de actividades agropecuarias sugeridas siempre serán más provechosas y satisfactorias económicamente hablando que la actividad legendaria de la crianza de ganado bravo. Primero que todo ríndasele vasallaje al principio económico de que para convertir en redituable el negocio de la carne, opera el desequilibrio de mayor cantidad de kilos en el menor tiempo posible. Esto va en contra radical de lo que necesita el bovino de lidia para llegar a su etapa adulta, que es, justamente, a través del tiempo, en el caso específico, cuatro años lo menos.
Empero soy testigo de que en el mutilado campo bravo mexicano sí que hay toros cada temporada; camadas rematadas lucen soberbias entre los mogotes y peñas. Su drama llega cuando se redescubre que esas camadas son repelidas como al peor de los pecados por los matadores que, usando la actitud empinada y voluntarista de las empresas, las rechazan y cambian por el toro apócrifo, ese que además ya fue víctima de la manipulación genética, ese que vejado en su esencia se queda parado y cuando ya fue insistido de forma obstinada va en perfil de borreguito topetón atrás de los engaños dando la impresión de que es más fácil que a su supuesto lidiador le dé un beso a que le hiera si llega a tropezar con él. En este contexto mojigato resulta absurdo que los “empresarios” quieran resumir el campo bravo de México con la figura de 12 o 14 hierros quemadores, cuando en la asociación existen registrados más de trescientos.
Véanse los carteles de León y… lo que nos espera en la feria de Aguascalientes…
Y decir, fingiendo seguridad, que el toro de España también está en decadencia, es pensamiento pasado de moda. Acaso lo estuvo luego de la guerra civil. Pero, aunque parezca que no hay relación con el tema, está ligado como el agua a la hiedra. Ya lo revelaremos en columnas venideras.
Veo en Guadalajara un mejor aprecio hacia el toro. Esto también parece desligado. También lo comentaremos con tinteros especiales.

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