1 agosto, 2021

INCUMPLIMIENTO DE CONTRATO SIN CASTIGO.

Todo lo que viene a continuación debe ser entendido en su justa medida. Diego Ventura es un rejoneador que ha llegado a figura del toreo a caballo gracias a su esfuerzo; Joaquín Moeckel es un abogado brillante que defiende a sus clientes hasta el límite de lo imposible, y la justicia… es la justicia, no vaya nadie a sentirse molesto si decimos lo que dijo en su día un alcalde de Jerez.

INCUMPLIMIENTO DE CONTRATO SIN CASTIGO. Por Carlos Crivell. Director de sevillatoro.com Todo lo que viene a continuación debe ser entendido en su justa medida. Diego Ventura es un rejoneador que ha llegado a figura del toreo a caballo gracias a su esfuerzo; Joaquín Moeckel es un abogado brillante que defiende a sus clientes hasta el límite de lo imposible, y la justicia… es la justicia, no vaya nadie a sentirse molesto si decimos lo que dijo en su día un alcalde de Jerez.
La justicia ha dado la razón a Diego Ventura, defendido por Moeckel, en su contencioso con la Junta de Andalucía. Resulta que Ventura estaba contratado en 2007 para torear en Conil en una plaza portátil. En el contrato, como hacen todos los empresarios con plazas de corto aforo, se ponía que los honorarios serían “a convenir”. Ventura ha toreado infinidad de festejo con esa cláusula tan inexpresiva, pero tan usada en el mundo de los toros. La prueba es que se comprometió con la empresa de Conil con ese detalle de “a convenir”, como lo hacía entonces en muchos de los espectáculos en los que participaba.
Pero a Ventura lo llamaron para torear en Granada para cubrir una sustitución con unos dineros que ya no eran “a convenir”, y tampoco la Maestranza granadina es la portátil de Conil, de forma que se fue a Granada, que es muy bella, y dejó a Conil, que también tiene sus cosas buenas. Es decir, que incumplió el contrato de Conil por su cuenta y riesgo. El empresario del pueblo costero gaditano se encontró con que Ventura se largaba a torear en otro sitio y se sintió engañado. La Junta multó a Ventura, Moeckel recurrió y fue ese detalle de “a convenir” lo que le ha servido para librarse de la sanción. Es decir, que si pone “a convenir”, viene a decir la justicia, es como si no existiera el contrato. Es decir, que multitud de contratos del pasado y del presente no sirven, porque si hay algo muy taurino en los contratos es la citada coletilla de “a convenir”. El pobre empresario de Conil hizo lo que hacen todas, incluso las más empingorotadas, pero lo ha pagado porque ese mismo día llamaron a Ventura para torearen otro sitio.
Una cosa es la justicia y otra la moralidad. Desde el punto de vista moral, esta sentencia que exculpa a Ventura es un atropello. Fue un incumplimiento de contrato en toda regla. Está claro que un buen abogado vale un imperio. Si esto sirve para eliminar para siempre ese detalle de “a convenir”, vale, pero me temo que no será así. A empresario de Conil que lo parta un rayo. La Junta ha hecho lo que debe, es decir tratar de sancionar a quien se marchó a otro sitio cuando había firmado torear en Conil. Ahora, lo que tiene que hacer la Junta es no permitir que se tramite ningún otro contrato donde diga que los honorarios serán “a convenir”.

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