LUMINOSAS NOVEDADES DE EL ZAPATA Y DIEGO VENTURA.

LUMINOSAS NOVEDADES DE EL ZAPATA Y DIEGO VENTURA. ARRASTRE LENTO… Convocó como cuando se cita a un gran acontecimiento. Y aquello lo fue. Diego Ventura, el que además de lucir como gran jinete hizo comprender que el rejoneo es fundamentalmente toreo, y no simple equitación, llevó a tanta gente a la plaza que tan sólo nos deja exclamar: ¡qué maravilloso fenómeno es el torea a caballo y a pie! Y qué impresionante luce el lienzo multicolor de los tendidos cuando están ocupados por tan animada y expectante, pero sobre todo nutrida, concurrencia!. Y toda tras de un solo nombre: Diego Ventura. Al final también salió en persecución de El Zapata.
En el escenario había un gran actor del que siempre estuvo atento el espectador sin nunca perder detalle. Y como gran maestro pronto Diego estableció íntima comunicación con los tendidos: de eso se trataba, de ver, admirar y participar en un espectáculo que causó la impresión de ser todo novedad. Diego demostró que lo más viejo del toreo, como es el rejoneo, visto con los ojos sorprendidos, pese a su antigüedad, toma perfiles de una nueva dimensión. Dimensión que parte de una nueva visión del rejoneo. Doy por cierto que el maestro en el arte de Marialba ve el mundo del rejoneo de espaldas a todas las formas precedentes y arraigadas, mundo que nos hace contemplara a través de sus sentimientos y emociones personales. Hay, no es necesario insistir, amplias diferencias entre Diego Ventura y los demás rejoneadores en activo: el él predomina por su virtuosismo y galanura amén de una brillantísima individualidad.
Y es obvio que nos deleitamos con el gran oficio de Ventura. Y claro que nos emocionamos desde luego con su toreo imaginativo y libre de cartabones repetidos. ¡Cuánta vivacidad, cuánta alegría y cuánto placer! Aquello fue una verdadera irrupción emocional –purificadora cuanto violenta emergencia emocional- capaz de generar la iniciación de una agresiva adicción, quedando claro que el toreo es un fenómeno de complicada interpretación, pero que con cátedras como la que dictó ayer Diego, se entiende con facilidad.
El Zapata también logró entendimiento con la clientela, sobre todo con el novedosísimo tercio de banderillas de su segundo astado. Qué luminoso momento de la tarde, como para nunca jamás olvidarlo. Finalmente la voz entusiasmada de la concurrencia, en clamoroso vitoreo al diestro, se unió al revoloteo de los pañuelos blancos que, agitados con emocionada y visible alegría, pidieron las dos orejas para el diestro que, satisfecho más no poder, ve coronada una de sus tantas aspiraciones: triunfar fuerte en el gran escenario de la plaza México.
A quien no entendió el público fue a José Mauricio, tal vez porque el diestro salió al escenario sin ningún argumento al cual prestarle atención, Vaya manera de reprobar el público el desconcierto del torero.
En el de regalo, obsequio del entusiasta y entusiasmado Diego Ventura, simplemente más de lo mismo. Alardes vistos con asombro y admiración.

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