2 agosto, 2021

VENTUROSO VENTURA.

11ª de la Temporada. Monumental México. Lleno en numerados. Estupendo ambiente con terroso ruedo.
Estoques desafilados del rejoneador Diego Ventura quien pudo haber cortado orejas en cada uno de los tres que enfrentó. A pie, el Zapata cortó dos, las más baratas de esta temporada, gracias al villamelonaje que asistió. José Mauricio se cayó al vacío.

11ª de la Temporada. Monumental México. Lleno en numerados. Estupendo ambiente con terroso ruedo.
Estoques desafilados del rejoneador Diego Ventura quien pudo haber cortado orejas en cada uno de los tres que enfrentó. A pie, el Zapata cortó dos, las más baratas de esta temporada, gracias al villamelonaje que asistió. José Mauricio se cayó al vacío.
Ventura tuvo una tarde extraordinaria por la gala de doma monta y dominio que a caballo desarrolla. Colocó rejones, banderillas en todo lo alto; y toreó de costado innumerables veces. Destacó en la suerte del teléfono girando en la cara del toro. Pinchó en demasía a los tres para solamente salir al tercio en su primero.
Los dos de El Zapata brincaron al callejón para el deleite del villamelonaje. En su primero inició muy alborotado y pagó las consecuencias al ser prendido y salvarse de milagro de un percance. Banderilleó con poca fortuna cojeando al salir de los pares en los que falló. Con la muleta estuvo más pendiente del público que del toro. Mató de un espadazo reclamando al juez al un regalo justamente negado. En si segundo aprovecho el júbilo de la gente para torear de capa atropellado y sin fijeza de pies. Pegó tres pares “monumentales” solo destacando el tercero. De muleta volvió a torear al público para matar de una burda estocada y así cortar dos orejas protestadas que no quiso tirar, pese las protestas. Fue lamentable ver a su padre en el callejón insultar a los que no coincidieron.
José Mauricio tuvo una desafortunada tarde con el estoque. Padeció una pésima suerte de varas, misma que le fue reclamada por el respetable. Al querer brindar al público, se arrepintió y de déspota manera aventó al estribo la montera echándoselo encima. Lidió al toro y al público, quien no paró en reclamarle sus dudas ante el difícil en turno. En su segundo, el más malo de la tarde, se disculpó al ofrecérselo a todos, matar al encuentro y salvarse, gracias al juez, de no regresárselo vivo al corral.

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