LO QUE BIEN EMPIEZA… TENÍA QUE TERMINAR BIEN.

No cabe duda que cuando acude tanta gente a la plaza, las emociones se multiplican por miles. Como tradicionalmente ocurre cuando hay éste tipo de presentaciones que causan tanta expectación, las cosas nunca suelen quedar en tonalidades grises. No existen los puntos medios, ni el ‘más o menos’ y tampoco el ‘ni muy-muy ni tan-tan’. Quien lo hace bien parece que lo hizo extraordinario, y al que lo hace mal le va peor.
En la decimoprimera corrida de la temporada hubieron emociones para dar y regalar, tanto de éxtasis como de rabia. Terminó por ser una corrida exitosa, después de todo. Seis ranchosequeños justitos de presencia, saltarines, cómodos como sólo ellos mismos y con poquitas complicaciones, sin ser hermanitos de la caridad.
Bienaventurado Diego Ventura, porque de él será el reino del rejoneo.
Para los que dudaban si había algún gallito que se le discutiera la titularidad del rejoneo a Pablo Hermoso de Mendoza, la tarde del domingo 16 de enero Diego Ventura demostró que Pablo no es el único jinete capaz de crear un arte extraordinario a través de sus monturas. Él y sus jamelgos presumen de un valor implacable, un valor que no le pide nada a ninguno de los toreros a pie.
Diego Ventura hizo tres faenas ambiciosas, entregadas y lujosas. Hizo gala de sus cabalgaduras, tiene una cuadra de caballos hermosa y valiosísima. Y demostró, por si quedaba alguna pequeña duda, que los toreros a caballo también son toreros.
El abuso y no el uso de El Zapata.
Mareado debió de haber terminado la corrida Uriel Moreno ‘El Zapata’, y no por la zarandeada que cada uno de sus toros le propinó, si no por la cantidad exagerada de piruetas que dio sobre la arena. Y es que al parecer, no se quiso dejar ganar la carrera por los caballos de Ventura.
Uriel hizo un enorme esfuerzo por justificar su inclusión en ésta temporada y terminó por convencer al cotarro, aunque todo fue a costa de perderle la cara a los toros y arriesgando en extremo su condición.
A pesar de todo, se le agradece el uso de toda su improvisación, aunque debería hacer una reflexión sobre el uso y no el abuso de sus recursos. Y es que bien lo dice el dicho: todo exceso es malo. Es simpático, pero procura más a los tendidos que a sus toros y eso en algún momento terminará por pasarle factura.
Resaltó un extraordinario galleo que le hizo a su segundo después del tercer par de banderillas, el único bueno de los seis que puso.
Contadas son las oportunidades como ésta.
José Mauricio desaprovechó en todos sentidos una oportunidad que valía su peso en oro. No supo aprovechar al público que estaba con las emociones a flor de piel y canalizarlo para su beneficencia
Si bien sorteó lo menos potable del encierro, es una realidad que a José Mauricio no le sientan bien los carteles con tanto peso y tampoco las plazas con tanta capacidad.
Sin duda éste fue un duro golpe para su carrera, que deberá enderezar lo antes posible si es que quiere reconciliarse con la afición de ésta plaza, la que da y quita. El mejor que nadie lo sabe.

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