CUANDO PAGUEN PAGO… LOS BUENOS PINCHAZOS.

LAS VIEJAS reseñas nos dicen que Rafael Ortega, alternativa en Las Ventas de Madrid el 1 de octubre de 1949, de manos de Manolo González y actuando de testigo Manolo dos Santos, fue un maestro en estas bellas cuestiones de lidiar toros bravos. El 25 de mayo de 1967, en Las Ventas, cuajó la faena que en el decir de muchos aficionados ha sido una de las más puras y magistrales realizadas en ese coso. Es tarde, la decisión de “Curro” Romero, compañero de cartel, al decidir no matar un “Cortijoliva”, que decía había ya sido toreado, ocupó todos los titulares de la prensa del día siguiente que no hicieron mención a su hazaña del maestro Ortega. Fue de los poquísimos toreros que en la historia han cortado en dos ocasiones, en el transcurso en tan sólo cuatro años, dos orejas y rabo en la Maestranza de Sevilla.
FECHAS ANTES, siendo aun novillero, vino el suceso que les queremos referir hoy, fue esto en la ciudad de Cieza, en Murcia. Lo cuenta el mismo espada… “Nos anunciaban a Antonio Ordoñez, a Cagancho hijo y a mí. Le empresa había huido con la taquilla y los toreros, que desconocíamos el robo, esperamos por horas nuestro dinero que desde luego nunca vimos. Antes de vestirnos sabíamos del riesgo que corríamos con lo de la paga, ni Cagancho ni Antonio ni yo salimos del hotel hasta que el gobernador envió a un consejero prometiéndose a liquidarnos, solo así abandonamos nuestras habitaciones y matamos la novillada”. Prosigue el maestro Rafael.
“GRACIAS A Dios todo salió bien en lo taurino, pero todavía pasamos largas horas en espera a que el gobernador nos hiciera llegar el dinero, nos desesperamos y optamos por tomar cada quien su camino, de pagar el hotel nada, los gastos no eran cosa nuestra”.
PASARON LOS años, los tres se hicieron matadores de toros y los logros de ellos los conocemos de sobra, desgraciadamente a Rafael Ortega lo lastimaron fuertemente los toros y no alcanzo el lugar que debía, de Ordoñez poco podemos decir que no se conozca ya, el hijo de Cagancho se fue perdiendo tan despacio que su nombre se fue desvaneciendo tan en silencio que nadie lo notó.
LOS AÑOS caminaban rápidamente y ya del empresario ratero ni quien se acordara, mas sin embargo cierta tarde llegó a casa de Rafael Ortega una misiva firmada por el propietario del lugar a donde en Cieza se habían vestido de toreros, le reclamaba el pago de la habitación y esta tuvo pronta contestación, en ella decía el torero… “Usted esté tranquilo con el pago, de acuerdo con lo convenido a pagar la factura por el señor empresario, en cuanto este aparezca su dinero se le hará llegar”.
Y TENIA razón don Rafael en la respuesta, lo único malo de esto es que creo todavía estarán esperando se liquide la cuenta. Suele suceder. Y de él mismo, del que decían hacia la suerte suprema como a nadie se le visto ejercerla. Esta fue contada por dos de sus seguidores.
ENTRÓ A matar Rafael Ortega y pinchó en hueso. “Qué lástima”, dijo un vecino de localidad. “Qué suerte”, repliqué otro. ¿Suerte por qué?. “Porque le vamos a ver entrar otra vez”. Cuando un matador de toros como Rafael Ortega pinchaba en hueso se saboreaba más la suerte de matar… Nos Vemos.

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