2 agosto, 2021

JOSÉ MARÍA LUÉVANO HA PARTIDO… NO VIENE, SUS CENIZAS SE QUEDARAN EN SAN JUAN DEL RIO.

QUE FEO y doloroso es escribir la partida de un ser, máxime cuando lo tratamos por muchos años, cuando él nos compartía sus sueños, sus inquietudes, sus anhelos de llegar a ser un torero importante cuando era apenas un niño que aspiraba, solamente en esos años, a que se le permitiera entrenar en el ruedo de la plaza San Marcos a aprender, a ver de cerca a aquellos que ya forjaban un nombre. Duele de verdad la inesperada muerte de José María Luévano Delgado. Duele de verdad, duele por la cercanía que tuvimos con él, duele como duele la partida de cualquier semejante.

QUE FEO y doloroso es escribir la partida de un ser, máxime cuando lo tratamos por muchos años, cuando él nos compartía sus sueños, sus inquietudes, sus anhelos de llegar a ser un torero importante cuando era apenas un niño que aspiraba, solamente en esos años, a que se le permitiera entrenar en el ruedo de la plaza San Marcos a aprender, a ver de cerca a aquellos que ya forjaban un nombre. Duele de verdad la inesperada muerte de José María Luévano Delgado. Duele de verdad, duele por la cercanía que tuvimos con él, duele como duele la partida de cualquier semejante.
JOSÉ MARÍA falleció la madrugada de ayer domingo al estrellar su vehículo contra un camión a la entrada de la población de San Juan del Rio, Querétaro, lugar de su residencia actual. Al impacto su camioneta explotó sin que el torero pudiera ser auxiliado. Apenas el pasado jueves su esposa, Laura Fernández de Cevallos, había dado a luz a su tercer hijo, el primer varoncito de la pareja y hoy lamentamos tan desgraciado como imprevisto accidente.
POR LA hora del percance, las cuatro de la mañana, imaginamos José María se quedó dormido y de ahí el impacto que le causo una muerte instantánea. Hasta donde pudimos indagar José María había pasado la tarde en casa del nieto de conocido periodista capitalino, no se preciso lugar ni domicilio o población del lugar de la reunión.
A LAS diez de la noche de hoy lunes en el recinto velatorio era esperada la familia para que el cuerpo del torero se instalara ya en la capilla ardiente.
UNA CANTIDAD muy grande de amigos de la familia Luévano Fernández de Cevallos esperaba el momento en que los restos fueran colocados en el salón y acompañar a los deudos. Hablamos con Rodrigo, su cuñado, y nos informó que a la una de la tarde en la parroquia de San Juan se oficiara una misa de cuerpo presente, de ahí será trasladado al crematorio de Mausoleos Guadalupanos y sus cenizas regresaran a la iglesia referida donde descansaran en definitiva, no se tiene pensado en hacer viaje alguno a Aguascalientes, José María Luévano se queda cerca de la familia que formó en aquellas tierras queretanas, al lado de su querida esposa e hijos, hoy tres, entre ellos el niño que plácidamente duerme sin conocer el dolor por el que pasa su señora madre, sus abuelos, sus tíos y todos quienes le querían.
TENGO LA mente embotada por la noticia, no recuerdo la fecha exacta de esa tarde, principios de los años ochenta, en que se anunciaba una vacada, en ella participarían seis jovencitos que debutaban, uno de ellos era José María, José Guadalupe, su nombre real, vestía de corto, casaca de terciopelo en color vino tinto, a mi lado, en el callejón de la centenaria plaza local, se encontraba José Luís Ramírez, “El Padrino”, comentábamos las buenas maneras mostradas por ese imberbe de tez muy morena que acabó convenciendo a los presentes y orgulloso mostrarnos las dos orejas y el rabo de su primer becerra lidiada. Desde esa fecha José Luís lo “adoptó”, lo apoderó, y todos conocemos que logró hacerlo matador de toros de mucha categoría.
TODOS CONOCEMOS un secreto, que “El Negro”, como le llamábamos amistosamente, cayó en un enorme bache al escuchar malos consejos e irse con un apoderado que lo que más hizo por él fue estancarlo, usarlo, ahora de la mano de Adolfo Guzmán luchaba para retomar su carrera y esto era con un paso muy prometedor. Pero dejemos la tragedia a un lado, recordemos lo bueno, lo taurino.
“EL NEGRO” nace un 12 de diciembre de 1973 en esta ciudad de Aguascalientes, debuta como novillero en esta su tierra 7 de octubre de 1990, alternando con Alberto Ortiz, César Alfonso Ramírez El Calesa, Ricardo Márquez, Alejandro de Anda y Juan Carlos Sánchez. Se presenta en la plaza México el 16 de agosto de 1992 alternando con Arturo Manzur y Alfredo Ríos, “El Conde”, y novillos de Manolo Martínez. Toma la borla de matador de toros un 20 de enero de 1995 apadrinándolo Miguel Espinosa y el testimonio de Manolo Mejía con toros de “Begoña”. “Don Juan” fue el de la ceremonia. Confirma en el Distrito Federal un 14 de enero de 1995 y vuelve Miguel Espinosa a apadrinarlo, Enrique Ponce completaba el cartel donde se lidiaron toros de Carranco y “Payazo” fue el primero de la tarde.
EN EL 2004 se concreta confirmar en Las Ventas de la capital española y lo hace con toros de El Pizarral ante Fernando Cepeda y Sergio Martínez la tarde del 15 de agosto pasaportando a “Ribereño”. Fue “El Negro” triunfador de una temporada en la plaza México y en varias ocasiones en la feria de San Marcos, un torero que encajaba en las mejores ferias y que ahora la carretera nos lo ha quitado.
HABLAR DE sus logros es para otro día, hoy la pena nos embarga, le recuerdo con afecto desde esa referida tarde en el vetusto coso vecino al jardín de San Marcos. Problemas personales los enfrentamos, los solucionamos, ahora no se quejara de que ronco mucho, de que siempre le gane jugando baraja. A continuación una bonita anécdota…
A PETICIÓN de su apoderado, descubridor y mayor impulsor, José Luís Ramírez, que me solicitó le alcanzara a la ciudad de Uruapan, Michoacán, a donde participaría en una novillada y él no estaría presente, asistí con gusto por si algo se ofreciera. Llegue el domingo temprano puesto me encontraba en la relativa cercana ciudad de La Piedad, después del sorteo en la compañía de Juan Carlos Ornelas, su mozo de espadas, nos fuimos directamente al hotel, ahí nos esperaba el entonces todavía novillero que tenía la costumbre de nunca asistir a los mencionados sorteos, en su oportunidad Juan le indicó que ya tenía que meterse al baño, la hora de vestirse de torero había llegado. Mientras de que José María disfrutaba la refrescante agua, Juan le avisaba que el añadido, o coleta, la había olvidado en esta ciudad de Aguascalientes y el enojo de “El Negro” no se hizo esperar. Por increíble que pueda parecer la suerte intervino y todo se soluciono, colgaba del espejo retransmisor de mi auto uno de ellos que afortunadamente me acababan de obsequiar y de esta manera todo quedo arreglado, lo malo fue que le corto esa tarde las orejas a su novillo y achacándolo a la buena suerte del añadido de mi propiedad, jamás volvió a lucir en mí automóvil.
MUCHAS FUERON las vivencias que pasamos y lógico hoy escribimos teniendo los ojos humedecidos, el corazón apachurrado, pero pidiendo a Dios por su eterno descanso, porque la difícil resignación de su familiares sea pronta y sabiendo que José María fue un honesto torero… Nos Vemos.

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