28 julio, 2021

EN AGUASCALIENTES NO HAY TIEMPO PARA ABURRIRSE PUES EL AMBIENTE DEL TORO LO IMPIDE.

ARRASTRE LENTO… Hacía tiempo que no estaba en su tierra: al verla tan limpia y crecida, tan llena de luz, sorprendido por el brillo de los aparadores de los grandes almacenes que sobresalen en las calles que dejaron en su alma el romántico recuerdo del sabor provinciano, creyó que no estaba en Aguascalientes.

ARRASTRE LENTO… Hacía tiempo que no estaba en su tierra: al verla tan limpia y crecida, tan llena de luz, sorprendido por el brillo de los aparadores de los grandes almacenes que sobresalen en las calles que dejaron en su alma el romántico recuerdo del sabor provinciano, creyó que no estaba en Aguascalientes.
Hacía tiempo que no estaba en su tierra: haberse ido de mojado al otro lado del río, si bien le hizo merecer la comodidad que obsequian los bienes materiales ganados con largas horas de trabajo, a cambio le arrebató el placer de escuchar el tañer de las campanas de su barrio. Alucinado con lo que sus ojos miraban creyó que no estaba en Aguascalientes.
Mi amigo Froilán, que vive en Chicago, conoció la plaza Monumental apenas concluida su primera construcción en el año de 1974, y aunque a través de la muy diversa gama de medios ha visto panorámicas de la plaza tal y como luce ahora, no por ello dejó de maravillarse de la colosal obra. Y aunque no conoce a los toreros de hoy, sabe de ellos.
¿Qué hizo en primera instancia luego que su tiempo se lo permitió estando en su tierra apenas la semana pasada? Acariciar los adobes de la renovada plaza San Marcos, abrir los grifos del sentimiento y recordar aquella época en la que tantos sueños acarició luego de torear dos o tres festivales en la época en la que La Chicha, La Gripa, Bernabé Esparza, El Chivo, El Coquis, Rubén Salazar y tantos otros, profesionales unos, y soñadores otros, se divertían auxiliando a los animosos ferrocarrileros que, osados, y con una gran afición, se vestían de corto para conquistar a su reina.
Obvio: pronto estábamos con la copa en la mano, lo cual sería lo de menos toda vez que lo interesantes fue que ya estábamos hablando de su pasión, los toros.
Y me contaba…
Y me contaba que al estar de nuevo en su tierra, de la que extraña de igual manera el tumulto y la animación en el andén de la estación y el silbato “del riel” a las diez de la noche, le invade la nostalgia pues evoca el calor del sentimiento del golfo que se embriagaba con el deleitoso elixir de la locura torera. Extasiado en sus recuerdos, recreándose en el pulcro aroma del misterio inexplicable de las correrías mundanas que vivió en su juventud, celebró que en su tierra, su aclamada – que más allá de las fronteras saben de la Feria de San Marcos- y adorada tierra de Aguascalientes no hay tiempo para aburrirse pues el ambiente del toro lo impide.
Con la vehemencia de un sorprendido enamorado Froilán recuerda las noches de aquel Aguascalientes, tan silenciosas, tan serenas, noches de estrellas en las cuales se deslizaban los sueños de la locura torera hasta el balcón de la amada.
Y no olvida el bullicio que se armaba las tardes de feria por las calles: Allende, Emiliano Zapata, Nieto, pero sobre todo la Venustiano Carranza, eran espacios insuficientes para contener el desbordado ajetreo de los caminantes que, ya en las puertas del coso, por la Democracia, se arremolinaban con inusitado entusiasmo para estar dentro del recoleto circo que, en la memoria de Froilán, tiene las dimensiones de altar.

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