1 agosto, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Dado que se ha lamentado y manifestado en todos los medios el trágico accidente de Luévano, se ha reído con las declaraciones de Herrerías en referencia a Ventura, se ha repelido que “El Juli” comienza sus vacaciones sobre pagadas en México, no hay más importante asunto taurino que tratar si no algo, en caso de permitírseme, acerca de Rodolfo Rodríguez “El Pana”

Dado que se ha lamentado y manifestado en todos los medios el trágico accidente de Luévano, se ha reído con las declaraciones de Herrerías en referencia a Ventura, se ha repelido que “El Juli” comienza sus vacaciones sobre pagadas en México, no hay más importante asunto taurino que tratar si no algo, en caso de permitírseme, acerca de Rodolfo Rodríguez “El Pana” quien para cuando estas letrillas salgan ya habrá pasado, en compás de triunfo o ridículo, por la Monumental de Jalisco. Este párrafo lo ratifico al margen: “Me gusta su perfil, su modo, su heterodoxia –dentro de la que desapruebo la chabacanada de terciarse un sarape de souvenir, cuando el sarape, el auténtico, es prenda sagrada del charro, y por ello pregúntesele a Don Paco Martínez-, su concepto y hasta su ineptitud técnica la cual de por sí propone el vértice al instante terriblemente inolvidable”. Disfruto cuando recuerdo sus trincherazos sueltos, sus naturales ocasionales y hasta sus destanteos fuera de los nimbos. El aroma de su autenticidad, la bárbara fidelidad hacia su personaje y por eso le seguí en varias plazas y aún le seguiría ahora mismo. Es torero para aficionados no que conocen, si no que además entienden la cara honda y abstracta de la fiesta. Aplaudo las aportaciones que hizo para el gran catalogo de suertes.
Torero de impulsos a veces geniales, adoleció del título de figura y de fenómeno social, como algún despistado y mal informado lo propuso. Un fenómeno social, según la ciencia, justo, de la sociología, es aquel que transforma, impacta, revoluciona y promueve cambios, que jala masas y las satisface de algún modo para que éstas continúen cautivadas.
Fenómenos, o por lo menos ejemplos de lo más acercado a ello han sido “Joselito” el “Gallo”, Belmonte, “Manolete”, “El Cordobés”, “El Juli”, más de novillero, Jesulín de Ubrique, en España únicamente, y en México Valente Arellano y hasta “El Gleason” si se quiere, también en sus etapas novilleriles. Agreguen el o los que me faltan.
Como torero de duende, sigo con “El Pana”, tenía que ser inepto en técnica, regla esta casi general, considerando que solo uno de este tipo de diestros ha logrado amigar la técnica con ese “extraño ser” mencionado: José Antonio Morante Camacho… “Morante de la Puebla”.
“El Pana”, lamentablemente, no llenó la México ni siquiera después de aquella tarde de milagrería del 7 de enero. Eso y más lo aleja de ser fenómeno social. Pasó incluso muy lejos de las mojoneras estrictamente taurinas, eso sí, gracias a su “gracia” genial para brindar la faena del que se suponía era el último toro que estoquearía y a lo que le hizo de bello y que fue difundido en los medios de comunicación de alcance nacional, pero, el pero de siempre, se quedó estancado en las letras y en las pantallas y en los comentarios de personas que nunca habían ido a una corrida de toros pero que no fueron aún después de la “novedad”.
“Muchas” corridas le salieron luego de aquello y en varias llenó los recintos, los más de menor aforo, y el pasado domingo en que la entrada al coso de la “Ciudad de los Deportes” resultó muy inferior a la mitad, le he notado demacrado, no por su edad si no por un claro trastorno biológico en su organismo.
El episodio en el que tuvo sus mayores éxitos fue sin duda el de novillero y prácticamente en la “Señora de Insurgentes” y por su puesto el de su vida personal, lo que ha sido circunstancia para apuntalar su mismo mito y que otros toreros no han tenido por ser eso cosa de “privilegiados”. 1978 representó para él la mejor parte de su vida de torero, tanto en cantidad como en calidad. Durante la campaña menor de tal año, en la tercera fecha fue la revelación al cortar dos orejas. Al domingo siguiente repitió, ya en tercia, de otras nueve que sumó feliz y lamentablemente pues en un festival a beneficio del desgraciado “Gamucita”, en el que se atavió al estilo de los crueles “Siete Niños de Écija”, un animal de Almeya le partió la femoral. De cualquier manera guardó en su espuerta al final del ciclo, siete orejas, una vuelta al ruedo, una salida al tercio, un indulto y el recuerdo de haber perdido un rabo por fallar con el alfanje.
La causa del porque no llegó a ser figura es múltiple. Quizás nadie tenga la respuesta absoluta, sin embargo pongo a disposición lo que al que esto firma le dijo un matador de toros, contemporáneo y rival de él cuando novilleros y que llegó a sufrir sus agresiones verbales en los patios de cuadrillas: “Pana no llegó a ser la gran figura, en parte por su lengua”… Lo anterior, después de años de que fueran mis oídos receptores de tal opinión, lo constaté personalmente cuando en reunión de taurinos con el propio “Brujo de Apizaco” le escuché su simpática e ingeniosa pero afilada lengua cuando llamó “Ganona” al Dr. Gaona, “La Gorda de Monterrey” a Manolo, “Media Cuchara” al maestro Mariano Ramos, “Changa de Azcapotzalco” a “El Zotoluco” y etcétera. Lo peor fue que en su momento lo dijo en medios de comunicación, creyendo que tenía ya el poder taurino de México. La historia dijo la verdad científica y por ello lo callo.
También es cierto que su personaje le ganó a su propia persona. “El Pana” le salió adelante muchas veces a Rodolfo Rodríguez. Su veteranía continúa siendo dispensada y perfumada por ese halo místico que bien pocos han poseído. Dispensada porque en nivel profesional no tiene la capacidad como tuvieron “Antoñete” y Romero, dos que en sus postreros años en los ruedos enfrentaron al TORO de Madrid y Sevilla, y sin embargo su remoquete y sus detalles profundos corren en muchas bocas de taurinos.
“El Pana”, si, un edificante mito y un lujoso adorno para la fiesta brava azteca.

Deja un comentario