23 julio, 2021

HOY, DÍA DE LA CANDELARIA, PODREMOS HARTARNOS DE TOROS Y TAMALES.

ARRASTRE LENTO… En un universo en el que toda cambia, todo huye, acabo por confesar que me gustan los acontecimientos que, engarzados a la tradición y al folclore, permanecen en el tiempo. Desde luego que me identifico con ellos; finalmente, son parte viva de nuestra cultura. También confieso que ¡me gustan los tamales! Casi tanto como los toros.

ARRASTRE LENTO… En un universo en el que toda cambia, todo huye, acabo por confesar que me gustan los acontecimientos que, engarzados a la tradición y al folclore, permanecen en el tiempo. Desde luego que me identifico con ellos; finalmente, son parte viva de nuestra cultura. También confieso que ¡me gustan los tamales! Casi tanto como los toros.
En suma, soy adicto a las sanas costumbres antiguas. Hoy celebro que un día, sin tener un propósito específico, al estarle dando vuelta hacia atrás a la rueda vertiginosa de los años, haya tomado conciencia de ello.
Así me expliqué lo que en un momento era incierto: jugando, y tras el fantasma de la cultura, existe un lúdico ensamble de ideas que, como costumbres en práctica, se han vuelto tradiciones mexicanas. A partir de entonces tuve que reconocer que existen ciertos devaneos de la historia que solo pertenecen a nuestras costumbres. Como la de los toros a la mexicana, como La –Virgen- Candelaria venerada en México, como la Rosca de Reyes, como ¡los tamales!
La virgen -Candelaria-, traída a México por los españoles, hace su aparición el día en el que el Niño Jesús fue presentado por sus padres en el templo. Los indígenas, atentos al sentido simbólico del acontecimiento, y ya al tanto de la trascendencia del suceso, con sus guaraches que al andar sacuden los polvos de la tierra negra de los valles, oliendo al maíz cultivado con gentil esmero, y cosechado con sencillos afanes, prestos a obedecer el llamado de su bondadosa nobleza, en mítica oración, sencilla y generosa, obsequiosos les llevaban tamales para que los jerarcas consumieran con deleita tan rústica ambrosía. Los tamales pues son el principio material del sumo deleite de la sabrosura de una devoción en ofrenda. ¡Que vivan los tamales!
De ahí que, costumbre arraigada, luego de escudriñar con juguetona curiosidad el día 6 de enero en la rosca ofrendada simbólicamente al Niño Dios, tal y como la ofrenda de los Reyes Magos, y encontrarse con el niño de plástico, el suertudote del hallazgo adquiera el simbólico compromiso de obsequiar el banquete de tamales la noche de hoy 2 de febrero. Sí, por costumbre y tradición, hoy cenan los mexicanos abundantes dotaciones de tamales.
Y en la Chona, a unos pasos de aquí, es día de toros. Y en su iglesia celebran el día de la Candelaria. Hoy las campanas repicaron de madrugada en su honor convocando a las romerías y peregrinaciones que no podrán ocultar la alegría de los sentimientos profundamente mexicanos. Y en la tarde, ¡a los toros!
Ah, lo que daría por ver al Niño Jesús en un día como hoy en México: lo vería comiendo tamales con tal fruición que, pese al ascetismo de su divina investidura, que al fin humano, no dejaría de sentir pecadora gula, convertida en inocua travesura pues el deseo ni a pecado venial llegaría.
Y lo quiero imaginar viviendo entre el batallar del prurito de la curiosidad pues, estoy seguro, por la tarde no dejaría de aventurarse rumbo a la plaza La Macarena, también aliada al fraternal simbolismo con la maternidad celestial, para ver a Ortega, Ochoa y Perera. ¡Cuánto daría por verlo, por lo menos verlo hartarse de tamales!

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