5 agosto, 2021

ORTEGA UNA OREJA, PERERA LO MÁS TORERO AYER EN LA CHONA.

Por la tarde fue la primera corrida de la feria regional; para el motivo la añosa dehesa de Cerro Viejo desembarcó un encierro dispar en tipo pero equilibrado en trapío con el rango del coso “La Macarena”; fueron seis ejemplares que en los petos más que cumplieron, unos más pelearon fuertemente hasta provocar tumbos, y que en vista global dejaron meterse las telas para hacer cosas de interés.

Por la tarde fue la primera corrida de la feria regional; para el motivo la añosa dehesa de Cerro Viejo desembarcó un encierro dispar en tipo pero equilibrado en trapío con el rango del coso “La Macarena”; fueron seis ejemplares que en los petos más que cumplieron, unos más pelearon fuertemente hasta provocar tumbos, y que en vista global dejaron meterse las telas para hacer cosas de interés. Destacó el jugado en segundo, un castaño que descubrió ampliamente nobleza y clase.
Ortega, en la parte de los matadores, fue el único que pudo cortar una oreja; Ochoa apenas asomó detalles de arte y toreo clásico pero Miguel Ángel Perera fue el que fraguó lo más cabal, pleno y torero de la tarde, perdiendo por lo menos dos orejas por estar a la mar de mal con el estoque. Sitio, clase, valor y oficio le sobran hoy al de España, el cual, sea dicho de paso, dijo en exclusiva para este medio, que tiene firmadas dos tardes para la Feria de San Marcos de Aguascalientes, la del 24 y 29 de abril.
Rafael Ortega pasó al tercio mortal sin antes haber embonamiento con el capote. Ahí se encontró con un toro de mucha clase; muy a cuenta gotas las dio sin embargo dadas las excesivas heridas propinadas en el tercio primero. No gustó aquello al público y apenas medio le aplaudieron al diestro luego que mató con efectividad.
Con el script que se le sobre conoce hizo una faena completa que gustó a los de la galera. Entusiasta siempre y amenizado por el conjunto musical, externó un tesón y hasta cierta torería, sacando por ello buen partido a un toro ciertamente exigente y lejos de lo manso. Sabedor Ortega de lo que le gusta al pueblo, acabó con mantazos y desplantes cavazistas. Eso sí, su estocada fue de verdad, bien ejecutada y bien colocada pero solo se le premió, en justicia, con una oreja.
Fernando Ochoa, aunque agobiado por el viento, dejó algún detalle con el capote, como su fina revolera. En el episodio muletero el astado descubrió una notada nobleza por ambos flancos, y el michoacano-hidrocálido le correspondió solo por el diestro para entregar una labor con varios pases templados. Mató defectuosamente pero efectivo y fue silenciado.
Encastado le resultó su segundo; no fácil por lo mismo, y luchó toda la faena para agradar, asunto que aquilató la mayoría. Larga fue la labor, con actitud revolucionada más que de plena torería. Mató rápido al adversario aunque de una estocada tendida y pasada para que su premio se resumiera en la comparecencia en el tercio.
Pronto se paró el tercero y la serie lucida de mandiles por parte de Perera se transformó en brega ejemplar, por delante, con suavidad y poder para llevarse cocido al enemigo en el encaje de la tela rosa. Opacada, no obstante, fue esta labor por un quite por tafalleras que cuajó. Luego la bravura seca fue campo fértil para que desarrollara un trasteo firme, de aguante, mando y temple, después ahogado de escasa distancia en algún momento y con evocaciones ojedistas a modo de tramo final. Dos pinchazos antes de tres cuartos de estocada le privaron de un auricular, en cambio salió al tercio para ser aclamado.
Cerró la tarde el albaceteño, primero mostrando lo que es la verónica cabal; luego seis estatuarios por alto inauguraron el trasteo, mismo en el que dio una nueva versión de su sitio, técnica y dominio del oficio, pasando todo ello por encima de la sosa res, la cual iba con la testa en alto que acabó rajándose. Mató de pinchazo hondo y fue aplaudido.

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