4 febrero, 2011

A VENTURA LE GANO LA AMBICIÓN Y ENSEÑO EL COBRE.

No cabe duda que la mayoría de los toreros españoles continúan viniendo a México no solo para hacer las Américas, sino también para hacer de las suyas con apoderados que intentan hacer fiesta con importancia, a cambio de poder sufrir con las aviesas acciones que produce la ambición, a cambio de el profesionalismo, de la ética, y el respeto a los acuerdos previos y convenidos de común acuerdo.

No cabe duda que la mayoría de los toreros españoles continúan viniendo a México no solo para hacer las Américas, sino también para hacer de las suyas con apoderados que intentan hacer fiesta con importancia, a cambio de poder sufrir con las aviesas acciones que produce la ambición, a cambio de el profesionalismo, de la ética, y el respeto a los acuerdos previos y convenidos de común acuerdo.
Por eso es grande, respetado y todo un profesional el rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza, que haciendo a un lado la voracidad, la ambición y el deseo de hacer fiesta, se contrata con empresarios modestos pero honrados, y alterna al igual que con las figuras del toreo como con matadores de nuevo cuño.
Pues bien, en lo que vino a ser la segunda corrida que organizó José Luis Ramírez “El Padrino”, con motivo de la feria de La Candelaria en La Chona, la plaza de toros La Macarena lucio poco más de dos tercios de su aforo, lidiándose una corrida de Medina Ibarra, de diferente presentación y disparejo tipo, imperando la ausencia de clase y escasa bravura, habiendo algunos toros que desarrollaron temperamento, mientras otros fueron deslucidos, sin humillar, punteando y orientándose peligrosamente como el primero de lo ordinario de la lidia, a cambio del buen estilo del último de la corrida, que fue totalmente desaprovechado.
El público se congrego ante la presencia del rejoneador luso hispano Diego Ventura, y su magnífica cuadra de bellos y toreros caballos, sobresaliendo Morante, y a pie el arrollador Téllez, completando la tercia Antonio García “El Chihuahua”.
El gran entusiasmo que levantó la presencia del rejoneador Diego Ventura, se vino abajo con la actuación fría, intrascendente, desentendida, en la que sin desplegar sus grandes conocimientos y facultades, al salir simplemente a torear, si a lo que realizó se le puede nombrar torear, con maravillosa rapidez y desinterés, teniendo la cabeza en otro lugar, siendo notorio su contrariedad, como lo demostró en cuanto se apeo de uno de los tres caballos utilizados, cuando muy cabreado le manoteo a sus administradores.
Con su segundo, un poco más animado, quizá económicamente, salvo un quiebro, y dos mordiscos de su caballo Morante, lo demás solo fueron pellizcos de sus grandes facultades, en un mini mini mini trasteo, con poco respeto hacia el publico que pago un boleto por verle, concretándose a salir del paso. Al final el publico más que generoso le pidió dar la vuelta al ruedo, resumiéndose a saludar con parquedad inusual, como inusual fueron las intervenciones de su peón de confianza, en un contraste abismal a Pablo Hermoso de Mendoza, un caballero en plaza y fuera de ella.
Pasando a temas más trascendentales de mayor torería, que no tropelías, Téllez gano su enésima salida en hombros, primero, por un trasteo de mucho merito, donde el valor y el profesionalismo quedaron más que patentes, cuando su primero, un toro que embistió a base de violentos arreones, punteando y con genio, termino poniendo en ciertos apuros al guanajuatense, cuando muy orientado lo único que deseaba era quitárselo de enfrente. Pero un Téllez con carácter y en un plan de triunfar a toda costa, le planto cara y logro arrancarle propiamente una oreja, luego de haberle banderilleado en unión de El Chihuahua, y haberle toreado de muleta con entrega y decisión. Con su segundo, el menos de la corrida, le dieron fuerte castigo, terminando por puntear, sin meter el morro y sin clase, pisando el acelerador a fondo Téllez, manteniéndose siempre en la cara de su enemigo, con valentía y muchos deseos, consiguiendo buenos momentos que le redituaron la segunda oreja en su cosecha, saliendo a hombros de los entusiastas choneros.
Por su parte Antonio García “El Chihuahua”, se vio entusiasta con el primero al que toreo de capa con valentía. Devolvió la invitación a Téllez de cubrir el segundo tercio, siendo muy aplaudidos los dos, merced a sus buenos pares. Brindo al recién fallecido José María Luevano, en cuyo honor fueron bautizados los toros, cuya labor muleteril careció de un planteamiento alguno, concretándose a pegar pases aprovechando simplemente el viaje de la res. En otras ocasiones, dando muletazos y haciendo adornos fura de toda lógica. Lo mejor fue la estocada entera en todo lo alto con que termino con la vida de su enemigo, concediendo el juez una oreja. Su segundo y último de la corrida, un astado totalmente diferente en tipo y condiciones a sus hermanos, resultó ser el mejor del encierro, al desplazarse con clase y sacando el buen fondo de bravura que tenia. El torero norteño, aparte de destroncarle al torearle a base de chicotazos y violencia, impidió que luciera en todo su esplendor las buenas cualidades del morito, que al final se fue inédito y entero al destazadero, cuando de haber caído en otras manos, ahorita estaríamos escribiendo un gran triunfo. Al final, intentó salir en hombros de la plaza, mas la seriedad de Téllez se lo impidió con toda razón.

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