5 agosto, 2021

LA PLAZA MÉXICO CELEBRA SU ANIVERSARIO BUSCANDO EL AMPARO DE LA DIGNIDAD Y LA CATEGORÍA

ARRASTRE LENTO… El argumento ha llegado para quedarse. Nada hay que les quite la idea a los aficionados mexicanos de que la plaza México, ciertamente la más grandota del universo del toreo, por su importancia y jerarquía es la primera de América.

ARRASTRE LENTO… El argumento ha llegado para quedarse. Nada hay que les quite la idea a los aficionados mexicanos de que la plaza México, ciertamente la más grandota del universo del toreo, por su importancia y jerarquía es la primera de América. Y aceptan, aunque con un poco de aturdida resignación, que las plazas de Sevilla y Madrid, subordinadas de inferior a superior, sean las de mayor categoría en el mundillo del toro. Lo cierto es que en el listado de los principales cosos de la vasta geografía taurina aparece el nombre de la México. Algo es algo, lo dijo un calvo cuando un pelo se vio.
Pero de que en el suelo azteca el coloso de concreto es tenido como la gran Catedral mexicana –en los corrillos se afirma que es la plaza que da y quita- no hay duda. ¿Qué avala el dicho? La convicción del medio: es innegable que los triunfos en el coso máximo conceden grandes beneficios a los toreros, en tanto que al prestigio de los afectados por los tropiezos y descalabros les daña en la proporción que deje su honda huella.
¿Pero en realidad la plaza México es la más seria del país? Cuando se aborda el tópico se tiene la sensación de andar sobre senderos retorcidos y resbaladizos, sobre todo cuando se sustenta la idea con vaguedades e imprecisiones. En el turbio caminar dialogando se construye una imagen que, cual aurora polar pasajera, parece mentira. El prestigio de la México no da la impresión de ser una verdad centellante, como un incendio auroral, ni de ser un sol regenerado y rehecho de sus propios fuegos. Lo cierto es que en muy diversas circunstancias y ocasiones parece no ser el modelo perfecto de seriedad y dignidad. A veces la seriedad de la plaza se antoja de papel pues su estructura normativa es frágil e inconsistente. A la distancia da la impresión de ser un coso indigno de su propia dimensión.
Finalmente me abrazo a la convicción de que la plaza México no pude dejar de ser un monumento donde se concrete la categoría y la dignidad. La México no puede ser una plaza de mentira. La mentira si bien es cierto que niega la verdad, también es verdad que es mentira.
Ahora que, si hablamos de verdades, verdad irrefutable resulta el hecho de que la rumbosa –y hasta fastuosa- celebración de hoy se perfila para ser un acontecimiento social al que no puede faltar la crema y nata de la sociedad: intelectuales, artistas, ricos industriales, y lo mejor de los pobres soñadores. Pero como la plaza es tan grande, no dudo que en la majestuosa escenografía alcanzará a lucirse la gran multitud de afortunados oportunistas que explotan los intereses de la política, la cultura y la economía. ¡Todo mundo quiere estar en la fiesta de aniversario. Pareciera irónico pero la plaza, pese a sus 65 años, da la impresión de no haber alcanzado la madurez que brinda la edad.
Y como en el listado de los actores aparecen nombres de gala, el cartel resulta ser todo un lujo. La fama y el prestigio de Ponce y Castella, sumada a la popularidad de El Zotoluco y El Zapata, hacen lógico el vaticinio de que la plaza, por primera vez en la actual temporada, registrará un lleno hasta las banderas.

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