3 agosto, 2021

REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE SEVILLA… DAVID MORA TOREÓ, LOS OTROS LO INTENTARON.

Viernes 23 de septiembre del 2011. Toros: Seis de José Luís Pereda/La Dehesilla, desiguales de presentación y juego. El cuarto y el sexto fueron aplaudidos en el arrastre.

Viernes 23 de septiembre del 2011. Toros: Seis de José Luís Pereda/La Dehesilla, desiguales de presentación y juego. El cuarto y el sexto fueron aplaudidos en el arrastre.
Toreros: Iván Fandiño, en el primero de la tarde, pinchazos variados y dos golpes de verduguillo: silencio. En el segundo de su lote, pinchazo y entera trasera y caída: al tercio tras aviso.
David Mora, Al segundo de la tarde lo despachó de colosal volapié que hizo doblar al astado sin puntilla, salió a agradecer la ovación en el tercio. Al quinto de la tarde lo mató de casi entera en buen sitio. Tuvo el controvertido detalle de ponerle la muleta encima al toro muerto y esto no le agradó a la gente: leves palmas.
Esaú Fernández, en el tercero mató de entera baja y salió al tercio. Al que cerró plaza lo pasaportó de pinchazo, casi entera (baja y perpendicular) y dos golpes de descabello: volvió a salir al tercio con el apoyo de sus partidarios.
En este primer festejo de la feria de San Miguel el aficionado tuvo la suerte de ver el debú de David Mora, un torero que, en mi opinión, dará mucho de qué hablar dentro de muy poco tiempo. Pero como estas pequeñas felicidades suelen tener su contraparte, su precio, al torero madrileño no le correspondieron en el sorteo ni el cuarto ni el sexto toros, los animales verdaderamente interesantes del encierro, mismos que tuvieron la pésima fortuna de ir a caer en manos de Fandiño y de Esaú Fernández.
Iván Fandiño es un diestro valiente que en el toro que abrió plaza porfió con muchas ganas de agradar al respetable, pero ese bicho no tenía ni media embestida debido a su patética debilidad. El torero de Ortuña estuvo mal con el estoque, muy mal, y todo quedó en un respetuoso e indiferente silencio.
Otra cosa sería su segundo enemigo, un toro castaño que podía haber salido en Madrid sin problemas. El morlaco llegó a la muleta casi sin picar y se fue para arriba, embistiendo con alegría, repitiendo y transmitiendo emoción. Fandiño sólo logró sacar en claro una buena tanda de derechazos y algunos pases sueltos -pero templados- por ambos perfiles. Abrochó el trasteo con unas joselilinas de mucha exposición y volvió a estar regular con el acero. Triste es decirlo: el cornúpeta merecía a un torero más conocedor de las distancias y menos atropellado. Al toro lo aplaudieron fuerte en el arrastre y al coleta lo sacaron al tercio.
A David Mora le correspondió primero un animal bastante deslucido que no tuvo muchas embestidas aprovechables. Lo memorable fue cómo inició la faena de muleta con temple y clasicismo, destacando su pase de la firma y un trincherazo. Y lo mejor fue la estocada, ejecutada con lentitud, manejando la zurda con temple y que hizo rodar al toro sin puntilla. Salió a agradecer la nutrida ovación en el tercio.
El penúltimo de la tarde se encargó de desmentir aquello de que no hay quinto malo, pues se dedicó a no pasar completo, revolverse, frenarse y buscar al torero. Mora lo intentó todo con buen oficio y sin perder jamás el estilo y la serenidad. Se lo quitó de enfrente con facilidad pero cosechó muy pocas palmas, no sé si por haber amortajado al toro con la muleta o porque aquí –y en todo el orbe taurino- el público cada vez valora menos las condiciones del toro y desprecia las faenas que no constan de por lo menos cien derechazos despegadillos.
Pasemos al capítulo de Esaú, el muchacho de Camas que en la pasada Feria de Abril cortó dos orejas el día de su alternativa. Pues mire, la verdad, poco ha mejorado, y si me apura, le diré que hasta parece haber perdido algunas cualidades. ¿Por qué? Pues porque se le fue completamente un toro (el que cerró plaza) que podría haberle resuelto buena parte de la temporada del año entrante.
Pero vamos por partes. En el tercero, Esaú se fue a porta gayola, salió airoso del trance y luego pegó un buen número de trapazos que vendió bien a la gente generosa. Fandiño hizo un quite por gaoneras que nos hizo preguntarnos: ¿y si esto lo viera don Lorenzo Garza, la emprendería a bofetadas contra el torero de Vizcaya o únicamente le reprendería?
El rumiante dio la impresión de ser claro durante un par de segundos, luego se rajó y pare usted de contar.
En el sexto, Fernández volvió a hincarse frente a toriles, volvió a librar la embestida con cierta solvencia, y volvió a estará zaragaterillo con el percal.
Pero el toro quería que le hicieran fiestas y tenía fuerza y calidad. Por lo tanto, en la faena de muleta, el astado se pegó solo grandes y templados pases por el pitón derecho, pasándole bastante lejitos Esaú, mas eso ya no fue culpa del bovino. Hay que recordar siempre que uno de los axiomas del toreo es que el toro bueno pone en evidencia a más de un aspirante a figura.
El triunfo –altamente posible y muy probable- fue desvaneciéndose, y el pinchazo previo a un espadazo defectuoso evitó que los incondicionales del espigado matador de toros sacaran los pañuelos para premiar una labor más bien gris.
En suma, los aficionados sevillanos esperaban muy poco del encierro de José Luís Pereda y se equivocaron: salieron dos toros muy potables y con su puntito de bravura. Lo malo es que la diosa Fortuna se equivocó también a la hora del sorteo.

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