29 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

En el entronque del avance numérico que lleva una campaña menor cada vez menos atractiva y más desairada en el coso de mayores dimensiones físicas del Atlas taurico, se comenzaron a ver algunos adelantos administrativos que tiene la empresa para la próxima temporada grande. Esta serie, que debería ser la más importante de América, despegará el 6 de noviembre.
Con cierta discreción, medios chiqueados, lacayunos y de oquedad probada lanzaron los nombres de varios coletudos, así nacionales como europeos, que pisarán la arena de una plaza que antaño fuera orgullo invaluable de la afición mexicana.

En el entronque del avance numérico que lleva una campaña menor cada vez menos atractiva y más desairada en el coso de mayores dimensiones físicas del Atlas taurico, se comenzaron a ver algunos adelantos administrativos que tiene la empresa para la próxima temporada grande. Esta serie, que debería ser la más importante de América, despegará el 6 de noviembre.
Con cierta discreción, medios chiqueados, lacayunos y de oquedad probada lanzaron los nombres de varios coletudos, así nacionales como europeos, que pisarán la arena de una plaza que antaño fuera orgullo invaluable de la afición mexicana.
La breve lista propuesta en boceto, tiene nombres como los del valenciano Enrique Ponce, el del galo Sebastián Castella, el del madrileño Juli y el de Alejandro Talavante.
Por los aztecas darán la cara, entre otros, Arturo Saldívar, Juan Pablo Sánchez, Diego Silveti y, seguramente, diestros que por su buena memoria el amable lector agregará.
El cartel inaugural se colgará con los nombres de Enrique Ponce y Arturo Saldívar quienes, respectivamente, fungirán como padrino y testigo de la revalidación del doctorado del menor de la dinastía comenzada con el valiente y exótico “Tigre de Guanajuato”.
Lo predecible es enemigo de la emoción que es desembocadura de la certeza de saber que no se puede vaticinar con total seguridad lo que pueda suceder; y sin ser astrólogo, chamán, brujo, vidente, profeta ni nada que se le semeje, solamente usando la técnica de la deducción, es de esperarse que el ganado para la fecha anunciada llegará desde potreros de Teófilo Gómez, Fernando de la Mora, Bernaldo de Quiroz o, en el menos tedioso y escaldado de los casos, de San José.
La tercia es atractiva, solo un necio lo podría negar, empero se interpondrá en el papel el registro de divisas que tienen solidez de mansedumbre calificada en sus productos.
Costumbre arraigada de abusar e indolencia hacia una categoría que por más de un siglo adquirió la fiesta mexicana es la que los ases europeos, en contubernio con las empresas, practican cada que tienen fértil ocasión. Bastante desaireros con la variedad que puede tener un espectáculo ancestral e incomparablemente rico en tradiciones, con el basamento de la casta, y que por fortuna guardan varios criadores en sus sesteaderos, mejor reiteran en renovada sumisión el vasallaje que ya derrotados rindieron los mexicas a los ibéricos comandados por el extremeño Hernán. Hoy sigue tomando vida el dominio y la resignación. La superioridad de un ibérico para condicionar estructuras y el vasallaje de un nacional.
Venga luego la res inflada, retacada de forrajes y biológicos, que ya de si escasa de bravura por su falta de madures y la sobra de kilos, minimizada, agotada y condicionada a un gusto personal, cuando en el ruedo es el animal que se supone debe ser el irracionalmente fuerte, varada en la corteza de arena olerá los pies a su matador mientras este “enloquece” a miles de engañados al momento de acortar las distancias para ver si en con ese recurso puede lograr que pase apurada y pastueñamente.
De ahí se comienza a estandarizar y formatear la labor de los diestros. Las acciones presentadas en un escenario hecho para una obra que a pesar de seguir siempre el mismo guión –tres tercios- es terriblemente impredecible por la diversidad de comportamientos y las voluntades entre un ser irracional y otro con inteligencia. Sin embargo cuando entromete la mano el hombre y practica reiteradamente algo –en este caso un ensañamiento genético- en busca de la homogenización cuando ésta es sustancia contraria a su propia naturaleza, se cae en la rutina que asesina las emociones hijas de lo inesperado.
Queda la esperanza como agua fresca en un desierto de vicios, de que los nuevos naipes de una desgastada baraja atruenen y finalmente tomen con lozanía el relevo para bien de una fiesta que en nuestra patria cada año va escaseando en interés.
Arturo Saldívar, el joven espigado de Teocaltiche, ya tuvo ocasión de confirmar la alternativa en el coso de las viejas ladrilleras, incluso en la misma campaña, por méritos en su labor, retornó a firmar la declaración de que es un torero en quien se puede confiar. España le viene bien y en la temporada extranjera que empieza a fenecer, ha dado su mejor cara con un toreo de egregio significado, no dejando quedar mal la pesada y compacta imagen que nuestros diestros de antaño dejaron en la memoria de los paisanos de Cortés.
Juan Pablo Sánchez, el firme joven de Aguascalientes, se une a lo que en la temporada podrá ser rescatable. Con el valor sereno más que suficiente para aquietarse en el terreno que se necesite y un sentido del temple formidable, hasta hoy su mayor triunfo lo tiene registrado en la pasada feria de abril en la capital de las aguas tibias, y si ahí dejó nota de que su proyecto es extensivo e intensivo, es bien visto que vaya al foro redondo de la Nochebuena a ratificar su investidura profesional.

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