29 julio, 2021

ROSAS DE AGUASCALIENTES PARA EL SELECTO Y PERFUMADO JARDÍN DE GUADALAJARA.

ARRASTRE LENTO… Junto al ramo de rosas –seis bellos ejemplares criados con el esmero del enamorado- , una algarabía de ilusiones y de esperanzas.
Que simbólica ofrenda la que, a nombre de la afición y la ganadería de Aguascalientes, Fernando Topete, entusiasta propietario de Rosas Viejas, hace a los intransigentes y conocedores taurinos de Guadalajara para que, con el aroma de los pétalos –nobleza y bravura de sus astados-, se cierre la temporada de novilladas que, sin negar lo que de positivo aportó, al prestigio de la plaza le quedó a deber.

ARRASTRE LENTO… Junto al ramo de rosas –seis bellos ejemplares criados con el esmero del enamorado- , una algarabía de ilusiones y de esperanzas.
Que simbólica ofrenda la que, a nombre de la afición y la ganadería de Aguascalientes, Fernando Topete, entusiasta propietario de Rosas Viejas, hace a los intransigentes y conocedores taurinos de Guadalajara para que, con el aroma de los pétalos –nobleza y bravura de sus astados-, se cierre la temporada de novilladas que, sin negar lo que de positivo aportó, al prestigio de la plaza le quedó a deber.
Porque lo viví, sé lo que significa para el taurino actuar en Guadalajara. Ante ella, por su majeza y señorío, hay que presentarse con las mejores galas. Hoy quiero entender a don Fernando: lo imagino, de cara a tan singular compromiso, hablando con balbuceos de labios por la emoción, y su figura, con ensanchamiento del pecho, deshojando con sus manos en verano la primavera de sus rosas.
Y porque conozco al ganadero, sé que las ilusiones que tiene se han acercado a él sorprendiendo sus ansias sin sueño. No podría ser de otra manera: sus rosas -astados— se van a lidiar no en cualquier plaza, sino en la mismísima Guadalajara, esa plaza que, en sana competencia, se afana por conseguir la preponderancia disputada con las de mis amores, las de Aguascalientes.
Y créame el caro lector que comparto las ilusiones y las esperanzas del ganadero toda vez que en la marcha natural de la dehesa hemos visto que sus rosas al caer –sus astados al doblar-, igual que su sangre, se abrieron para dejar brotar los espíritus de la felicidad. Claro que para don Fernando será todo un feliz acontecimiento –por el que ha luchado a brazo partido con las adversidades consabidas del oficio ganadero- si la novillada responde a las expectativas que él tiene depositadas en ella.
Lo cierto es que Topete, embebido en sus sentimientos, ve a los novilleros con las orejas en las manos dando la marcha triunfal devolviendo prendas; y ve caer las rosas lanzadas por la bellas mujeres que, en lo alto del balcón de los tendidos, se disputan las flores más bellas y rojas para el más fiero de los vencedores: los astados de Rosas Viejas.
Cierto, la ganadería aún no es de las preferidas y seleccionadas por las grandes figuras de México para lidiarla: Rosas Viejas está en proceso de depuración, razón por la cual –vamos que hasta en las mejores familias ganaderas sucede- si sale la novillada con cierto grado de dificultad o indefinición, habrá que entenderlo pues, la mujer aficionada lo comprende mejor que nadie, toda rosa tiene espinas, y no por ello deja de ser bella, ni deja de ser roja, ni deja de parecerse a la sangre que, en hervor de sacrificio, magnifica la ofrenda generosa.
En resumidas cuentas, ahí tienen los novilleros triunfadores materia prima para lucir sus virtudes y alcanzar su consagración. Y ahí tiene Guadalajara la ofrenda de un paisano que, como un servidor, le guardamos un cariño singular a la bellísima Perla de Occidente.
¡Rosas de Aguascalientes para el selecto y perfumado jardín de Guadalajara!.

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